¿Necesita reactivación el campo?

La estrategia de sustitución de importaciones en el campo -que siempre fue cuestionable- en la actualidad sería sumamente onerosa, porque implicaría dejar de producir bienes mucho más rentables y con una mayor generación de empleo.

Por: Félix Vélez (@felixvelez)

El pasado 29 de julio, mediante un video, el presidente electo López Obrador prometió “reactivar el campo”. El tabasqueño afirmó que: “Vamos a producir en México lo que consumimos y vamos a fortalecer el mercado interno”. Habló de que antes de que termine su gobierno el campo volverá a ser productivo para evitar importaciones de productos.

Sus afirmaciones llaman la atención pues el sector agropecuario es sumamente dinámico. Ha registrado tasas de crecimiento superiores al promedio del país. Mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) de la economía en su conjunto creció a un ritmo promedio anual de 2.3 por ciento[i], en el período 1993-2017 el del sector agropecuario lo hizo a una tasa de 2.6 por ciento[ii] en el mismo lapso.

En cuanto a la balanza comercial agropecuaria, de 1993 a 2017 las exportaciones agropecuarias crecieron a una tasa real anual de 5 por ciento, siendo uno de los sectores más dinámicos de la economía. Por su parte la balanza agroalimenticia (que incluye productos agropecuarios y agroindustriales) registró el año pasado exportaciones de 32.6 miles de millones de dólares e importaciones por 27.2 miles de millones de dólares, lo que implica un saldo superavitario de 5.4 miles de millones de dólares.[iii]

Sin duda, estas cifras no son las de un sector en crisis. Reflejan los beneficios derivados del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor el primero de enero de 1994, y la reforma al Artículo 27 de la Constitución a principios de 1992. El libre comercio con Estados Unidos permitió el acceso todo el año a frutas y hortalizas producidas en México (por ejemplo, jitomate y aguacate) y el cambio a la institucionalidad agraria permitió que tierras ejidales y comunales pudieran ser objeto de contratos con terceros, un importante detonante de la inversión.

La propuesta del futuro presidente nos remite a la época de Miguel Alemán, quien buscó la autosuficiencia en maíz y trigo, aprovechando los beneficios de la llamada Revolución Verde, con la cual se adoptaron semillas de alto rendimiento en la producción de granos. Se alcanzó en la segunda mitad de la década de los cincuenta y se mantuvo hasta mediados de los sesenta. Eventualmente el crecimiento vertiginoso de la población en aquella época y la menor rentabilidad relativa de la producción de granos propició que nuevamente se importaran.

Se pretende establecer precios de garantía para la producción de trigo, maíz, arroz y frijol, es decir, precios a un nivel mayor al del mercado, tal como se hizo por décadas. El problema es que el mundo no es el de la década de los cuarenta, tampoco el país. La estrategia de sustitución de importaciones en el campo que siempre fue cuestionable (aunque entonces aplaudida por algunos) en la actualidad sería sumamente onerosa, porque implicaría dejar de producir bienes mucho más rentables y con una mayor generación de empleo.

Un ejemplo lo brinda Estuardo Díaz, productor de flores en el Estado de México. Comenta que una hectárea de flor ocupa 7 empleos directos, mientras que en 4 hectáreas de maíz sólo se genera un empleo. Otro ejemplo son las hortalizas producidas en el Noroeste: son cultivos en los que se demanda mano de obra indígena. Sus sueldos son modestos, pero se trata de personas que no tenían trabajo y lo consiguieron gracias al TLCAN, en su momento muy criticado por la élite que ahora llegará al poder.

Producir granos en México es más costoso porque la tierra y el capital son mucho más escasos de este lado del Río Bravo. Lo que tenemos en abundancia es mano de obra y es precisamente en productos como los mencionados donde se genera mucho empleo en forma competitiva.

De llevarse a cabo el plan del nuevo gobierno, el precio de los granos para el consumidor subiría, a menos que se quiera complementar la “autosuficiencia” con subsidios masivos al consumo de productos básicos. También sería costoso pues: 1) se gastarían recursos fiscales con mejor uso alternativo, y 2) se puede incurrir en esquemas de racionamiento (precios topes) que propician pérdida de tiempo al ser más escasos.

Granos como maíz y frijol se han importado desde el Porfiriato a cambio de exportar bienes como henequén, café y tabaco. Eso no es malo en sí mismo, beneficia a los consumidores. Actualmente cualquier agricultor puede producir granos. De hecho, la producción de maíz blanco (orientada al consumo humano) alcanza para abastecer todo el mercado interno. Lo malo sería que el gobierno eleve su rentabilidad “artificialmente” (con subsidios).

Muchos pequeños productores se han beneficiado en los últimos años. En estos momentos hay pequeños productores en estados como Michoacán, Guanajuato y Jalisco, que con poca tierra han multiplicado su ingreso produciendo, por ejemplo, bayas (“berries”), que son muy apreciadas dentro y fuera de México.

 

 

* Félix Vélez ha sido Secretario General del CONAPO y Vicepresidente de la Junta de Gobierno del INEGI. Forma parte del grupo de expertos de @MexicoComoVamos.

 

 

[i] Fuente: INEGI

[ii] Fuente: Banco Mundial

[iii] Fuente: Banco de México

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