Reforma energética: del reventón a la cruda

Ninguna reforma de la envergadura de la energética ni triunfa ni falla tan rápidamente como la pretenden juzgar nuestros gobernantes, los que se van y los que vienen.

Por: Miriam Grunstein

Estos seis últimos años fueron volando. No falta nada para que despertemos, ya no a un cambio de gobierno, sino a uno de régimen. Unos abrirán los ojos, desorientados, como quienes aterrizan en un país desconocido. Otros llegan eufóricos a la tierra prometida. Sea como fuere, 120 millones de mexicanos hemos abordado el mismo vuelo y no cabe más que desear que esta travesía no sea insufriblemente turbulenta, que la nave se mantenga en alto y que llegue a puerto seguro sin mayores incidentes. Claro que, como en todos los viajes largos, habrá quienes se divierten, beben, cantan y gritan. Otros ya se pusieron el antifaz, se tragaron un somnífero y con la cara contra la ventana cerrada, piden ser despertados en 2024. Otros estamos incómodamente sentados entre el idiota que canta rancheras y otra que, al dormir, da la espalda. ¿Cómo cantar o dormir cuando sabemos que la nave se queda sin combustible? ¿Que de aquí a nuestro destino no nos basta con las reservas en el tanque? Ni el sueño ni la fiesta podrán evitar el desplome de la nave y entonces despertaremos, a gritos y aterrados al caer en el vacío, de picada.

No hace tanto la fiesta era en la casa de Peña para celebrar que, entre otras, se aprobaba la reforma energética, de entre todas la imposible. De la noche a la mañana, se reformaron la Constitución, las leyes, reglamentos. Como champán, se sirvieron contratos petroleros en un aquelarre continuo en el que unos felices chocaban copas y otros la hacían de aguafiestas, adormilados en un rincón. Otros éramos los invitados incómodos que sospechábamos que el reventón no era eterno y que amaneceríamos en la cruda realidad.

Qué pena me da la reforma energética, tan necesaria como impopular. Es de mexicanos incómodos haber apoyado esta reforma y ser detractores del gobierno de Peña, o mejor dicho, de algunas de sus facetas. Lamentablemente, se relaciona este salto cuántico de la industria con un grupo de políticos que echó la casa por la ventana; que con una mano se ufanaban de esta reforma mientras que con otra robaban a manos llenas. ¿Cómo olvidar las falsas promesas de gasolina y luz baratas y no relacionarlas con las casas, los vestidos y las fiestas de los que, al carcajearse, nos escupían en la cara? Es una lástima que esta gran reforma no haya sido tomada en serio por quienes se ufanaron de su paternidad. Ahora queda huérfana y con ella el futuro de México.

La energía en México se encuentra en el intersticio más ingrato. Tan injusto era decir que la reforma era un éxito como ahora decir que es un fracaso, una “farsa”. Esas frases son de animales políticos, irracionales por naturaleza. Son frases de quienes buscan poses para la foto, pero no de quienes trabajan para el bienestar del país. Ninguna reforma de la envergadura de la energética ni triunfa ni falla tan rápidamente como la pretenden juzgar nuestros gobernantes, los que se van y los que vienen. Las promesas de abundancia no se iban a cumplir con los primeros concursos de contratos, ni las empresas sacan chorros de petróleo en una noche de euforia febril. Tampoco el precio de la gasolina se ve guapo porque las estaciones de servicio tienen nuevo look, ni las tarifas eléctricas bajan con saliva. Para eso se necesitan muchos años más, en los que, con experiencias de éxito y fracaso, maduran los mercados. Sin embargo, a este gobierno solo iba tras fuegos fatuos y si la reforma energética no era para el partido entonces no lo sería para nadie. Así que antes de partir ya la han entregado a quienes podrán hacer su voluntad con ella.

Lástima por México que pierde una oportunidad muy importante de crecimiento. Si quedamos mal con las empresas que entraron aquí, será en perjuicio nuestro. En el evento de una regresión a los monopolios de estado, los principales afectados seremos nosotros. Ya con CFE y PEMEX muy debilitados, por la reiterada incompetencia en la gestión pública, ahora ni siquiera seremos buenos anfitriones. Muy difícil tomar en serio a quienes pensaron que la reforma energética era su momento, como los que piensan que ya no lo es. Se acabó el reventón y vendrá la cruda cuando, sin dinero público ni privado, vivamos una crisis energética. Tal vez entonces escuchemos la alarma del despertador.

 

* Miriam Grunstein es experta en energía de México, ¿cómo vamos? Es Licenciada en Derecho en el ITAM y en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Nuevo México, y Maestra y Doctora por la Escuela de Ciencias y Artes de la Universidad de Nueva York.

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