Cuentas separadas

Hay ocasiones en que la ley, al favorecer la propiedad común, perjudica a los consumidores.

Por: Bárbara Carrillo (@BarbCF)

Hay quienes se oponen de manera tajante a la privatización bajo el argumento de que la propiedad común beneficia a los que menos tienen. Pero hay ocasiones en que la ley, al favorecer la propiedad común, perjudica a los consumidores.

Pongamos un sencillo ejemplo. Juan y sus amigos organizan su comida anual. Juan está decidiendo qué refresco pedir cuando escucha que alguno de sus amigos pide un whisky y otro pide un tequila doble. Juan sabe que si él consume refresco mientras sus amigos piden bebidas caras terminará subsidiando a sus amigos, y sabe que todos en la mesa están pensando exactamente lo mismo. Eso mismo ocurrirá cuando elija lo que va a comer. Tal vez Juan quería ordenar únicamente unas enchiladas, pero escucha que algunos de sus compañeros ya pidieron dos platos, que pidieron algunas botanas al centro, o que alguno de ellos optó por pedir el platillo más caro del menú. Juan pregunta al mesero si puede hacer el cobro por separado a cada comensal, a lo que el mesero responde: “lo lamento señor, tiene que ser una única cuenta”. ¿Cambia la decisión de consumo de Juan? Lo más seguro es que sí.

Si el restaurante cobrara en cuentas separadas Juan pediría unas enchiladas y un refresco. Al ser una cuenta común, probablemente Juan pida sopa, pescado, postre y café. Y por supuesto no será un refresco sino varias bebidas.

En el sondeo “Quién paga la cuenta en comidas con familiares y amigos” (Brújula de compra de PROFECO 2009) encontramos que la mayoría de las veces la cuenta de comidas de grupos grandes se divide en partes iguales entre los comensales. El resultado del sondeo muestra que el 74 % de las veces una persona consume más que el resto y que el 81% de las veces alguna persona se desentiende y no realiza el pago acordado. En la mayoría de los casos quien tome la responsabilidad de recibir los pagos terminará pagando lo que falta para cubrir el total de la cuenta. Estos resultados muestran que frecuentemente estas reuniones que deberían ser un rato agradable con amigos, en realidad terminan dejando un mal sabor de boca.

Existen varias páginas que ofrecen consejos para evitar pagar grandes cuentas en estas comidas, incluso han surgido apps que ayudan a hacer los cálculos para dividir la cuenta. La PROFECO ha establecido ciertas normas que otorgan derechos al consumidor, por ejemplo, el hecho de que la propina es voluntaria y no debe incluirse en la cuenta; o que no se puede condicionar el acceso a un restaurante exigiendo consumo mínimo. Pero el consumidor no tiene derecho a pedir que se cobre en cuentas separadas; el permitir esa opción es decisión únicamente del restaurante. Son muy pocos los establecimientos que brindan la opción de cuentas separadas y es lógico. Por un lado, las ventas se reducirían de manera significativa (Juan pediría únicamente sus enchiladas y su refresco). Por otro lado, llevar varias cuentas elevaría los costos de operación del restaurante ya que cada mesero tendría que llevar varias papeletas al mismo tiempo y recordar qué cuenta corresponde a cada comensal. El trabajo en caja también se multiplicaría, probablemente el restaurante tendría que contratar más meseros y más cajeros para realizar de manera correcta y eficiente todos los cobros. Por ello, los restaurantes no tienen incentivos a ofrecer cuentas privadas.

He aquí un sencillo ejemplo en el que la propiedad común no es lo mejor para el consumidor, de hecho, la privatización beneficiaría a consumidores como Juan.

 

* Bárbara Carrillo es profesora de economía en el ITAM y forma parte del grupo de expertos de @MexicoComoVamos.

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