Jóvenes mexicanos sin escuela y sin trabajo

Jóvenes Construyendo el Futuro atiende directamente la barrera de la experiencia al abrir espacios para los jóvenes en los centros de trabajo, pero no cuenta con una línea de acción complementaria que ataque los aspectos motivacionales y de información que interfieren con la capacidad de estos jóvenes para trazar un proyecto de vida.

Por: David S. Kaplan (@David_S_Kaplan), Elisa Lavore (@elisalafan) y Rafael Novella (@rnovella13)

El próximo gobierno de México ha asumido el reto de atacar el problema de los jóvenes que ni estudian ni trabajan, también conocidos como “ninis”. La forma en que lo va a hacer es a través del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” (JCF), cuya meta es apoyar a 2.6 millones de jóvenes entre 18 y 29 años para que retomen sus estudios o para que se capaciten en empresas u otros centros de trabajo.

Como primer paso en el análisis del programa, revisaremos los datos del tercer trimestre de 2018 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Hay 6.1 millones de jóvenes entre 18 y 29 años que ni estudian ni trabajan, de los cuales 1.68 millones están buscando trabajo o están disponibles para trabajar. En total hay 2.54 millones (cifra similar a la meta del programa) de jóvenes desempleados o disponibles para trabajar, incluyendo a los 861 mil jóvenes que están estudiando además de estar buscando trabajo o estar disponibles para trabajar.

La estrategia del programa propone dos rutas. La primera es para 300,000 jóvenes que deseen seguir estudiando a nivel superior y consiste en una transferencia monetaria mensual de $2,400. La segunda ruta es para 2.3 millones de jóvenes que busquen insertarse al mercado laboral. Bajo esta modalidad, los beneficiarios recibirán $3,600 pesos mensuales, se incorporarán a un centro de trabajo durante un año donde se les asignará un mentor y cumplirán con un plan de capacitación previamente aprobado por la STPS.

Antes de iniciar sus actividades en el centro de trabajo, los jóvenes recibirán un curso en línea para el desarrollo de habilidades socioemocionales. Después, es razonable pensar que el simple hecho de estar un año en una empresa, cumpliendo con el horario y el código de trabajo del empleador, podría hacer que el joven sea más empleable después. Se espera que algunos de los jóvenes sean contratados directamente por las empresas donde hacen la capacitación. Los demás recibirán servicios de orientación e intermediación laboral del Servicio Nacional de Empleo para que encuentren empleos en otras empresas.

Esta estrategia se basa en los supuestos de que el abandono escolar es consecuencia de la falta de recursos económicos y que el desempleo es producto de la falta de experiencia, de habilidades que se puedan adquirir en el lugar del trabajo y de orientación e información sobre las oportunidades laborales. De esta manera, una beca para que algunos jóvenes retomen sus estudios, un incentivo económico para que otros trabajen como aprendices, además de un apoyo posterior de orientación e intermediación laboral para que encuentren empleos con base en sus nuevas habilidades adquiridas, podrían ser determinantes.

Sin duda estos supuestos son recurrentemente asociados al abandono escolar y al desempleo. Sin embargo, estos no son los únicos factores importantes y no afectan a todos los jóvenes por igual. En este escenario, cabe revisar si el diagnóstico para el nuevo programa es correcto y completo y si la estrategia planteada efectivamente responderá a la falta de oportunidades que viven los jóvenes vulnerables en el país. Para este propósito, intentaremos responder a dos preguntas. ¿Cuáles son las características de los jóvenes que busca atender el programa? ¿Qué medidas serían más eficaces para lograr que retomen su educación y/o consigan un trabajo?

El reto de los ninis y la estrategia de JCF

Existe información escasa sobre muchos de los factores que limitan las oportunidades educativas o laborales de los jóvenes a nivel nacional. Sin embargo, análisis recientes sobre los jóvenes nini en México pueden darnos una idea sobre algunas de las barreras que pudiera estar enfrentando esta población. Este es el caso de un estudio reciente (Vélez y otros, 2018)[1] que utiliza la encuesta Millenials en México, también conocida como Encuesta de Movilidad Social de los jóvenes en la zona metropolitana de la Ciudad de México 2017 (EMOVI Jóvenes 2017), la cual recabó información sobre sus habilidades cognitivas y socioemocionales, preferencias, información sobre el mercado laboral, sus aspiraciones, expectativas educativas y laborales, y las expectativas de sus padres.

El estudio muestra que en la zona metropolitana de la Ciudad de México la mayoría de los ninis son mujeres, una tendencia que también se observa a nivel nacional como hemos señalado anteriormente en este blog. Ello está relacionado en parte con la idiosincrasia de los ninis, entre quienes hay menos aceptación de la igualdad de género y son más marcados los roles tradicionales de hombres y mujeres en comparación con los demás jóvenes. Respecto a la inasistencia escolar, el estudio identificó cuatro motivos de que hayan abandonado sus estudios: personales, económicos, de desempeño y de acceso. De todos, los más frecuentes fueron los personales, entre los que destacan la maternidad, el matrimonio y el cuidado de integrantes de sus hogares. Estos motivos son especialmente relevantes entre las mujeres.

Ante esto, la estrategia de JCF podría buscar adaptaciones para incluir a las jóvenes madres, como la flexibilidad de horarios en los lugares de trabajo, la educación a distancia a través de plataformas digitales o subsidios para cuidado infantil. Más allá del programa JCF, se podría buscar un mayor cumplimiento del marco legal para asegurar la corresponsabilidad del hombre en el cuidado de los hijos. Asimismo, como parte de la capacitación en habilidades socioemocionales de JCF, cabría trabajar sobre los estereotipos de género, tanto de las mujeres como de los hombres, que obstaculizan la incorporación laboral de las mujeres. También ayudaría un elemento de orientación laboral con perspectiva de género para atender el problema de expectativas educativas y laborales. Experiencias recientes en CONALEP como esta intervención, pueden servir como referencia para un diseño de un componente de este tipo. Ignorar las problemáticas que afectan exclusivamente a las mujeres, podría ocasionar que el grueso de la población objetivo del programa quedara excluido.

La necesidad de trabajar y la falta de recursos para financiar los estudios son otros de los principales motivos detrás del abandono escolar según la EMOVI, especialmente en el caso de los hombres. El programa JCF busca resolver este problema otorgando una beca para estudios a nivel superior. No obstante, se entrevé un riesgo de que la otra modalidad del programa incentive el abandono escolar. A nivel nacional, 861 mil jóvenes de los 4 millones que están estudiando también están buscando trabajo o están dispuestos a trabajar. Este subgrupo, que supera largamente a los 300,000 a quienes el programa JCF busca apoyar para seguir estudiando, requiere de un tratamiento diferenciado. Para prevenir que el apoyo de $3,600 pesos destinado a promover el empleo se convierta en un incentivo al abandono escolar, se podría establecer un tiempo mínimo de estar fuera del sistema educativo para ser elegible para la ruta laboral del programa.

Otro rasgo importante de los nini es que tienen menores aspiraciones educativas y salariales en comparación con sus pares. En la zona metropolitana de la CDMX, mientras que 89% de los que estudian, aspiran a lograr estudios universitarios, solamente 66 % de los ninis tienen estas aspiraciones. La mayor parte de ellos además considera que continuará sin estudiar ni trabajar, lo que es aún más acentuado entre las mujeres. Sus expectativas salariales están por debajo de lo que ofrece el mercado laboral, lo que podría explicar también su baja motivación para continuar con su educación. Además, los jóvenes manifiestan a la falta de experiencia como una limitación para insertarse en el mercado laboral. Esto es confirmado por los empleadores: 18% de ellos identifica a la falta de experiencia como un motivo importante para no llenar sus vacantes.

JCF atiende directamente la barrera de la experiencia al abrir espacios para los jóvenes en los centros de trabajo, pero no cuenta con una línea de acción complementaria que ataque los aspectos motivacionales y de información que interfieren con la capacidad de estos jóvenes para trazar un proyecto de vida. De hecho, el diseño mismo de la ruta laboral del programa corre el riesgo de desmotivar a los jóvenes al concluir la capacitación, pues los espacios para que los 2.3 millones jóvenes que se capaciten en centros de trabajo no necesariamente corresponden a vacantes de trabajo. Difícilmente los 2.3 millones de beneficiarios del programa van a tener una oportunidad laboral real en el lugar donde se capaciten.

Ante este escenario, resulta de gran importancia la eficacia de los mecanismos de intermediación laboral para aquellos que no vayan a ser retenidos. Esto idealmente se complementaría con un programa de orientación vocacional, con información sobre los salarios, para ayudar a los jóvenes a definir los siguientes pasos después de concluida su participación en el programa. Aun con los mejores esfuerzos de orientación e intermediación, dada la escasez de empleos asalariados en el país por razones ajenas a las habilidades de los trabajadores, es probable que muchos no encuentren trabajo después del programa.

Por último, la EMOVI evaluó las habilidades de los nini. En este rubro, hay que destacar que tuvieron un peor desempeño en habilidades cognitivas que sus pares. Algo similar ocurrió en relación con habilidades no cognitivas como la persistencia y la autoestima. Estos hallazgos son relevantes al estar directamente asociados a las posibilidades de una persona para poder desenvolverse en un puesto de trabajo. Aunque JCF actualmente considera un curso para el desarrollo de habilidades socioemocionales y de ciertas habilidades técnicas mediante la capacitación en los centros de trabajo, es recomendable incluir también intervenciones para solucionar el rezago de los ninis en habilidades cognitivas. La información disponible en la EMOVI confirma los rezagos encontrados en PISA y llaman a la necesidad de generar programas de remediación más intensivos que un curso de corta duración. En ese sentido, el trabajo coordinado de la STPS con la SEP parece fundamental. Por el lado de las habilidades socioemocionales es también necesario mejorar aquellas requeridas por los empleadores, tales como liderazgo, trabajo en equipo y comunicación.

¿Qué más puede hacer Jóvenes Construyendo el Futuro?

JCF responde parcialmente a las barreras que enfrentan millones de jóvenes mexicanos para estudiar o trabajar. El diseño atiende la falta de experiencia de los jóvenes en el mercado laboral y la falta de recursos para financiar su formación académica. No obstante, el programa no atiende directamente a otras de las problemáticas de estos jóvenes como aquellas que afectan principalmente a las mujeres y los rezagos en habilidades cognitivas. Esto podría limitar el impacto de JCF en reducir el desempleo juvenil o en lograr que miles de jóvenes retomen su educación. Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar? y Novella y Repetto (2018) discuten intervenciones de política en tres áreas que podrían considerarse en JCF: acceso para el desarrollo de habilidades, calidad y pertinencia en el desarrollo de habilidades, y orientación e información. Agregar algunos de estos elementos al programa ayudaría a dar una respuesta integral al problema que JCF pretende atacar.

 

* David S. Kaplan es Especialista Sénior en la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Forma parte del grupo de expertos de @MexicoComoVamosElisa Lavore es consultora de la División de Mercados Laborales del BID en México, donde trabaja en el diseño, implementación y evaluación de proyectos de empleabilidad, desarrollo de habilidades y certificación de competencias. Rafael Novella es consultor en la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde coordina las evaluaciones de impacto de la División y colabora en el diálogo con diversos países de la región en temas de capacitación e inserción laboral.

 

 

[1] Los resultados a continuación retoman los análisis de la EMOVI 2017 realizados por Roberto Vélez Grajales, Eva O. Gómez, Raymundo M. Campos Vázquez, Rocío Espinosa y Claudia E. Fonseca para el capítulo sobre México del libro “Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?”. Para acceder al libro y otros materiales del proyecto visite aquí.

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