Viendo la historia escribirse en primera fila

En México parece que no se le da mucha importancia o valor a la observación electoral. A pesar de ser una figura contemplada en la ley, el resultado que de ella se obtenga no tiene mayor transcendencia, ni para las autoridades electorales ni para el legislativo.

La observación electoral es una forma de participación ciudadana en la que se busca evaluar un proceso electoral a partir de una metodología que establece ciertos estándares sobre la calidad de las elecciones. No se constriñe exclusivamente al desarrollo de la jornada electoral o a la organización del proceso electoral, sino que también abarca aspectos relevantes como el financiamiento público que reciben los partidos, el acceso a medios de comunicación, el uso de tecnología, la equidad de género, la participación de pueblos indígenas y la justicia electoral, entre otros.

El diagnóstico que emitan los observadores electorales, de ser positivo, constituye una importante fuente de legitimación al proceso electoral y de las autoridades responsables del mismo; pero también puede dejar ver irregularidades o vicios que afectan la calidad de las elecciones. Esto hace que la observación electoral sea un elemento esencial para la democratización y legitimación de las elecciones en todo el mundo.

En México, fue en la reforma electoral de 1993 cuando se incorporó la observación electoral como una prerrogativa de los ciudadanos -que pueden ser nacionales o extranjeros-, la cual fue ejercida por primera vez en las elecciones de 1994, siendo las más observadas históricamente. Desde entonces, en cada proceso electoral, se ha contado con observadores electorales de forma ininterrumpida.

*Corresponde a solicitudes aprobadas con corte al 23 de mayo de 2018.

Fuente: Instituto Nacional Electoral.

Para llevar a cabo tareas de observación electoral en México como connacional es necesario cumplir algunos requisitos básicos, a saber: ser ciudadanos mexicanos, apartidistas y que no hayan sido candidatos o candidatas al menos en los tres años anteriores.

Para la realización de observación electoral nacional el esfuerzo impulsado por el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales al conformar un fondo, cuyos recursos son administrados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, a través del cual financian proyectos de organizaciones de la sociedad civil que van a hacer observación electoral.

Salvo aquellas que obtienen apoyos de este fondo, las organizaciones que reciben apoyo financiero de fuentes distintas a esta no están obligadas a presentar un informe o reporte sobre la observación realizada, aunque vale la pena notar que la ley sí exige que rindan cuentas respecto de los recursos utilizados. Los informes que presentan quienes realizan observación electoral no son vinculantes para las autoridades electorales, el legislativo o instancia de gobierno mexicano alguna, por lo que terminan siendo documentos testimoniales de lo que la ciudadanía, organizada o no, vio durante la elección.

En otros países, las organizaciones dedicadas a la observación electoral dan seguimiento a todo el ciclo electoral y de manera permanente trabajan temas electorales, tanto legislativos como vinculados a la organización de los procesos electorales. Algunos de los ejemplos más destacados son MOE en Colombia, Transparencia en Perú o Transparencia Electoral en Argentina, todas ellas no sólo cuentan con una estructura y metodología específicamente dedicada a la observación del ciclo electoral, sino que también se han vuelto impulsoras de importantes reformas legales en temas electorales.

A diferencia de los que ocurre en esos casos, en México parece que no se le da mucha importancia o valor a la observación electoral. Aunque es una figura contemplada en la ley, el resultado que de ella se obtenga no tiene mayor transcendencia, ni para las autoridades electorales ni para el legislativo. Quizá el ejemplo más palpable es que ni las recomendaciones que proceso con proceso electoral presentan las Misiones de Observación electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA) llegan siquiera a formar parte de las discusiones legislativas posteriores. Esto es relevante pues los informes son diagnósticos elaborados a partir de lo registrado, y en los casos cuando esa recolección de información se hace siguiendo una metodología, aportan importantes conclusiones sobre el funcionamiento del sistema electoral y la actuación de los diferentes actores involucrados.

A pesar de que se han hecho esfuerzos importantes por impulsar la observación electoral, poco se ha logrado para que su impacto sea fundamental y trascendente en el desarrollo de las elecciones, y posterior a ellas; es decir, a lo largo de todo el ciclo electoral o incluso legislativo.

Desafortunamente el marco legal que regula la observación electoral aún es escaso y poco aterrizado. Tampoco se han desarrollado metologías robustas de observación y respecto de lo que se observa no existen informes o estudios destacados a partir de los cuales se pueda hacer un diagnóstico sobre las fortalezas del sistema electoral mexicano, las malas prácticas que aún son constantes, ni las áreas de oportunidad.

Para este proceso electoral los observadores electorales registrados son aún muy pocos y será hasta el 7 de junio cuando las y los ciudadanos interesados en participar bajo esta modalidad se podrán registrar, aunque no solo se trata de tener un número importante de observadores el día de la jornada electoral, sino que la observación sea de calidad, para ello vale la pena atender lo que hacen misiones de observación electoral internacionales como las de la OEA, que como lo ha venido haciendo desde 2009 estará presente para estos comicios.

 

@Eleccionesymas

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