Las juventudes, el gran elector ausente en México

A pesar de constituir el grupo etario más numeroso del padrón electoral y que podrían, por ellos mismos, determinar al próximo presidente, las y los jóvenes entre 20 y 24 años tradicionalmente han optado por abstraerse de la posibilidad de influir en esta decisión.

México es un país de jóvenes. De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 −elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía−, una de cada cuatro personas que vive en el territorio nacional tiene entre 15 y 29 años.

Hablando en términos electorales, las y los jóvenes que tienen entre 20 y 24 años constituyen el grupo etario más numeroso del padrón electoral (11,070,002), seguido por el bloque de 25 a 29 años (11,025,383). Si a estos grupos sumamos a quienes tienen 18 y 19 años, estamos hablando de la mayor fuerza electoral del país, casi 26 millones de posibles votantes (prácticamente el 30 % del electorado). Para poner en perspectiva lo que esto representa, basta recordar que el actual presidente de la República obtuvo 19.2 millones de votos en 2012. Es decir, las y los jóvenes de nuestro país podrían, por ellos mismos, determinar quien sería el próximo presidente mexicano.

De forma paradójica, a pesar de tener este enorme poder de decisión, las juventudes mexicanas tradicionalmente han optado por abstraerse de la posibilidad de influir en esta decisión. De esto dan cuenta los estudios que ha hecho desde 2003 el entonces Instituto Federal Electoral y ahora el Instituto Nacional Electoral, sobre participación ciudadana en las elecciones federales.[1]

Estos estudios resultan reveladores en dos sentidos principalmente. El primero es que los electores menores de 30 años no presentan tasas de participación homogéneas, pues mientras que las y los jóvenes que tienen 18 y 19 años, también llamados primovotantes, presentan tasas de participación electoral prácticamente iguales al promedio nacional, quienes tienen entre 20 y 29 años son quienes menos acuden a votar. Así, el segundo hallazgo que se desprende estos estudios es que el grupo más numeroso del padrón electoral es el que presenta las tasas más bajas de participación electoral.

Lo anterior provoca un conjunto de distorsiones indeseables en un sistema democrático, siendo una de las más preocupantes el que terminan por minar la confianza en la democracia como forma de gobierno.

Desde una perspectiva instrumental, la importancia de la participación electoral en la democracia es que esta es el medio por el cual los ciudadanos pueden ejercer cierto control o influencia sobre las decisiones políticas que se toman. Siguiendo con esta idea, la no participación puede introducir un sesgo a favor de algunos grupos [los que sí participan en las elecciones] y disminuir la influencia en las decisiones políticas de aquellos grupos que sistemáticamente no participan en las elecciones. Si algunos grupos perciben que sus intereses no son tomados en cuenta, ni se siente adecuadamente representados por sus líderes y autoridades, pueden sentirse decepcionados con el sistema democrático por el cual se establecieron esas autoridades, dejándolos sin incentivos para participar en futuros procesos democráticos de decisión creando un ciclo de desencanto con la democracia.

Una forma de romper con este ciclo indeseable de no participación y subrepresentación de intereses sería que las juventudes se presentaran a las urnas, pues lo que se decida en las urnas el domingo invariablemente tendrá repercusiones en el futro próximo de las juventudes mexicanas.

Dos ejemplos que ilustran con claridad las consecuencias que puede tener la baja participación son las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos y el refrendo sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), ambos ocurridos en 2016. Las consecuencias que se derivan de los resultados de cada uno de estos eventos impactan directa y significativamente en las juventudes de esos países y aun así fueron quienes más se abstuvieron de votar.

Una elevada participación de las jueventudes, especialmente si es factor determinante de los resultados electorales, obligaría a que los diversos actores políticos tuvieran que tener presentes las necesidades de las juventudes de México al momento de desarrollar políticas públicas, pues sabrían que este grupo representa no solo el futuro del país, sino también una importante fuente de votos.

Es claro que en los procesos electorales venideros se deberán desarrollar, por parte de las autoridades electorales, partidos políticos, candidatos y candidatas estrategias más atractivas y eficaces de promoción del voto entre los jóvenes, pues lo realizado hasta ahorita es claramente insuficiente, aun así, todo está dispuesto para que el próximo domingo 1 de julio más de 89 millones de personas inscritas en la Lista Nominal nos demos cita en las urnas y sin duda son los jóvenes quienes tienen la posibilidad de dar una lección de civismo y, al mismo tiempo, decidir el resultado de la elección, o de lo contario continuar con la desafortunada tendencia de poca participación.

 

@Eleccionesymas 

 

 

Estudios de participación electoral consultados:

  • Informe de resultados del estudio de la participación ciudadana en las elecciones federales de 2003. Disponible aquí.
  • Estudio censal sobre la participación ciudadana en la elección federal de 2009. Disponible aquí.
  • Estudio censal sobre la participación ciudadana en la elección federal de 2012. Disponible aquí.
  • Estudio censal sobre la participación ciudadana en la elección federal de 2015. Disponible aquí.

 

[1] Debido al litigio postelectoral de las elecciones 2006 no fue posible conducir un estudio de este tipo para dicho proceso electoral.

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