Encuestas sobre discriminación: percepciones y testimonios

Aunque parezca obvio, ninguna encuesta pregunta a la persona entrevistada directamente si discrimina porque muchas personas no están dispuestas a reconocer abiertamente que sí lo hacen, puesto que es una práctica reprobable, y porque respondiendo que no discriminan, pudieran ser que no se dan cuenta que sí lo hacen porque su relación con los demás está “normalizada”, es decir, está culturalmente arraigada. Es por ello que las encuestas sobre discriminación consideraron el análisis de las percepciones para poder identificar y cuantificarla.

Por: Pablo Álvarez Icaza Longoria

Las encuestas buscan representar a un universo que puede ser las personas que residen en un país, una entidad federativa o una demarcación dentro de ella. El estado del arte está lo suficientemente consolidado, por lo que ha sido un instrumento de medición ampliamente usado por la academia, los medios de comunicación y las oficinas nacionales de estadística. En el caso de discriminación, los esfuerzos más conocidos se remontan a 2005, cuando el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) realizó la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS).

Sin embargo, fue hasta la ENADIS 2010, realizada por el CONAPRED y el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, que tuvimos una mirada mucho más clara y completa de la discriminación a nivel nacional y en 11 regiones. Los resultados de esta encuesta se dieron a conocer al año siguiente y fueron sin duda un aporte fundamental para acercamos a este problema público. La encuesta estaba diseñada también con diversos módulos, por lo que se pudo profundizar en aspectos específicos de grupos en situación de discriminación.

Por lo que respecta a los resultados generales, se abordaron las “Percepciones y actitudes sobre la igualdad y la tolerancia” y las “Percepciones sobre discriminación a mujeres y a grupos en situación de vulnerabilidad”.

Aunque parezca obvio, es importante destacar que ninguna encuesta pregunta a la persona entrevistada directamente si discrimina. Esto al menos por dos razones: porque muchas personas no están dispuestas a reconocer abiertamente que sí lo hacen, puesto que es una práctica reprobable, y porque respondiendo que no discriminan, pudieran ser que no se dan cuenta que sí lo hacen porque su relación con los demás está “normalizada”, es decir, está culturalmente arraigada. Es por ello que las encuestas sobre discriminación consideraron el análisis de las percepciones para poder identificar y cuantificarla.

La ENADIS 2010 eligió una estrategia de acercamiento al fenómeno discriminatorio a partir de evidencias indirectas para evitar que las personas encuestadas falsearan la respuesta involuntaria o voluntariamente. Por ejemplo, al preguntar qué es lo que más divide a una sociedad o cuestionar si en su casa usted estaría dispuesto a que viviera una persona perteneciente a un grupo en situación de vulnerabilidad.

Para comprender la situación de la discriminación en Ciudad de México, en sus demarcaciones, por género y edad[1], COPRED levantó en 2013 la Encuesta sobre la Discriminación de la Ciudad de México (EDIS-CDMX 2013), que fue la primera en su tipo a nivel local. Se escogió la ruta directa de acercarse al tema considerando la percepción sobre la discriminación, así como por los testimonios sobre si el/la entrevistada o una tercera persona conocida habían sido discriminadas en el pasado.

A semejanza de la ENADIS, no faltaron quienes por desconocimiento u otra razón comenzaron a descalificar los hallazgos de la EDIS-CDMX 2013, señalando que la percepción puede ser diferente a la realidad, y sin duda lo puede ser. Por ejemplo, uno puede tener la percepción de que un político es honesto y tener una buena imagen del personaje, y en realidad estar completamente equivocado, cuando en realidad ha sido muy hábil para evitar que le descubran casos de corrupción y fraudes en los que está envuelto.

Sin embargo, la percepción es muy relevante, porque capta lo que se siente, la creencia, estado de ánimo u opinión que se tiene de alguien o sobre algo, al punto que algunos expertos en opinión pública han llegado a pregonar que “percepción es realidad”. Además, la comprensión de la realidad, se hace a partir de la subjetividad del sujeto ¿alguien puede presumir que tiene la única visión objetiva de la realidad?, suponiendo que así fuera, ¿ésta es completamente aceptada por los demás?

Pongamos otro ejemplo, que nos puede ayudar a comprender esta distinción. Las encuestas de confianza del consumidor han sido instrumentos muy útiles para tomar el pulso de la situación de la economía en Estados Unidos desde hace muchos años, al punto que una fuerte caída en este indicador pudo ser ocasionado por una evento relevante, un crack en la bolsa, una devaluación, un atentado terrorista (11-09), etc., pero también puede anticipar que los consumidores serán más cautelosos y conservadores con sus gastos por lo que se podría anticipar una desaceleración o recesión económica con este indicador; sin embargo, esto no siempre ha sido así, cuando vemos los datos duros de gasto del consumidor.

Sin embargo, la percepción de discriminación puede verse afectada por el enojo social, el desgaste de un gobierno, la situación económica del momento, una recesión o una fuerte devaluación, los escándalos de corrupción, la inseguridad, los feminicidios, por ejemplo. Así, las calificaciones de los gobernantes son más elevadas al principio de su gestión, cuando todavía están en plena luna de miel con los votantes, incluso con quienes no votaron por éste, pero que le ofrecen el beneficio de la duda; sin embargo, en la etapa final de su gobierno los niveles de aprobación o la calificación de su gestión suele ser mucho más baja, al no cumplirse lo que se había propuesto, así como por no llenar las expectativas de la ciudadanía.

Para evitar que la percepción de discriminación pueda estar influida por factores exógenos y endógenos, las encuestas han incorporado los testimonios sobre la misma, es decir, el estudio de la prevalencia. En este sentido, la ENADIS 2017, si bien incorpora aspectos de percepción, busca identificar más bien la prevalencia de la discriminación a nivel nacional y a nivel de las 32 entidades federativas para poder medirla más certeramente.

Al comparar la EDIS-CDMX del 2013 con la del 2017 se observan algunos avances relevantes tanto en la menor percepción de la discriminación como de prevalencia, es decir, de reconocimiento de haber sido objeto de la misma por parte de la ciudadanía.

  • Mientras que el 92.7 por ciento de la ciudadanía percibía que había discriminación hacia las personas indígenas en 2013; el 87.4 por ciento lo reconocía en 2017.
  • En una lista de 40 grupos en situación de discriminación, las personas indígenas fue el que tuvo el mayor porcentaje (24 %) en 2013; pero bajó al 17.9 por ciento en 2017.

Es en los resultados de los testimonios donde se muestran avances más claros:

  • En 2013, el 32.1 por ciento de la ciudanía reconocía que algunas veces había sido discriminada; en 2017, ese porcentaje era 27.6.
  • Similarmente, mientras que 24.9 por ciento conocía a alguien cercano que había sido discriminado en 2013; en 2017 se había reducido al 19.7 por ciento.

Por otra parte, la ENADIS 2017, señala que el porcentaje de personas de 18 años y más que declaró haber sido discriminado por algún motivo o, condición o persona en el último año, fue del 20.2 % a nivel nacional, mientras que en la CDMX fue del 23.7 %. Cabe comentar que este dato es consistente con el reportado por la EDIS-CDMX (27.6 %), porque no se acota la pregunta al último año.

Sin embargo, en los indicadores referentes a valores y actitudes la CDMX estuvo entre las 32 entidades federativas mejor calificadas en 2017.

  • El 40.5 por ciento justifica poco o nada que dos personas del mismo sexo vivan juntas como pareja, siendo el porcentaje más bajo, mientras que el más alto fue Chiapas con 79.4 por ciento (64.4 por ciento Nacional).
  • El 34.9 por ciento justifica poco o nada que las personas practiquen tradiciones o costumbres distintas a las mexicanas, registrando el porcentaje más bajo, mientras que el más alto fue Chiapas con 76.0 por ciento (56.6 por ciento Nacional).
  • El 30.8 por ciento justifica mucho o algo llamar a la policía cuando hay jóvenes reunidos en una esquina, que contrasta con el promedio nacional (39.8 por ciento).

Lo mismo sucede con los indicadores relacionados con prejuicios, al de nueva cuenta estar la CDMX entre las 32 entidades federativas mejor evaluadas.

  • El 44.3 por ciento en la CDMX está de acuerdo con la frase, la mayoría de las y los jóvenes son irresponsables, el más bajo a nivel nacional que contrasta con el 69.5 por ciento de Michoacán (60.3 por ciento Nacional).
  • El 11.6 por ciento en la CDMX está de acuerdo con la frase, las mujeres deben de ayudar en los quehaceres de hogar más que los hombres, mientras que en Chiapas el 42.8 por ciento así lo considera (21.8 por ciento Nacional).

La prevalencia tampoco está completamente libre de fallos y sesgos, porque al estar normalizada la discriminación una persona pudo ser objeto de ésta y no cayó en la cuenta de ello; también pudo suceder que a lo mejor en el último año no experimentó un agravio que pudiera considerarse como tal, o que no lo quiera reconocer, aunque si es consciente del hecho. Sin embargo, a pesar de estas posibles omisiones, su valor testimonial es mayor al de la percepción, ya que las personas pueden constatar que efectivamente padecieron un hecho de discriminación.

Cabe comentar que los testimonios de discriminación en terceros son de gran utilidad. Por ejemplo, la EDIS logra identificar más fácilmente la discriminación por orientación sexual en un familiar o en un amigo, que en uno mismo.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar una de las falacias de composición más comunes. Es la que se refiere a quienes creen que los registros administrativos de quejas y reclamaciones son indicadores más fiables de la medición de la discriminación. Se olvidan del gran universo de personas que no interpusieron una demanda al respecto, y por otra parte, de que las encuestas con todas sus limitaciones, cuando están diseñadas y son levantadas con un procedimiento científico reflejan lo que sucede en la población en general.

 

* Pablo Álvarez Icaza Longoria es Coordinador Académico de Políticas Púbicas y Legislativas del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED).

 

 

[1] La Ley del Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal (2011) en su artículo 15 señala que las entidades dedicadas a la generación de estadística e información al definir indicadores, deberán desagregar los datos por sexo, edad, grupo étnico y delegación.

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