¡Y los negros qué!

Hay quienes dicen que ante la ley todos somos iguales, todos somos mexicanos y que pensar diferente es ser racista. Sin embargo, cuando no eres libre de andar en tu propio país, cuando por tu apariencia física te piden identificación o que cantes el himno nacional, te das cuenta de que no todos somos iguales ante la ley y que es necesario exigir nuestros derechos.

Hace dos semanas escribí en este espacio sobre la necesidad de que se reconozca a los pueblos afromexicanos. Recibí muchos comentarios en twitter con diversas opiniones y dudas, por lo que consideré pertinente solicitar a un experto en el tema que nos ampliara la información y aclarara algunos puntos. Comparto entonces aquí el texto que nos envió Israel Reyes Larrea, coordinador de la Alianza para el Fortalecimiento de las Regiones Indígenas y Comunidades Afromexicanas, A.C. (AFRICA).

 

¡Y los negros qué!

Cuando el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán publicó el libro “La población negra de México” en 1946, seguramente no imaginó la pertinencia y vigencia de su texto hasta el día de hoy. Los tiempos van cambiando y con ello también van apareciendo nuevos conceptos, nuevas corrientes y nuevos grupos, y cada uno quiere o intenta dejar su impronta.

Con Aguirre Beltrán se sabe de los herederos de aquellos africanos que de manera forzada llegaron a nuestras tierras y aparece el término afromestizo, con la idea de que el negro se asimiló a la cultura nacional y rastros de esa africanía quedaron enterrados o perdidos. Sin embargo, esto no es así, pues aunque los antropólogos “estudien” más a los negros muertos, a los negros de archivos, hoy en diversas partes de la República Mexicana podemos reconocer culturalmente la presencia africana, la presencia del pueblo negro, que pudo guardar celosamente en su memoria los elementos que hoy le dan sentido de pertenencia.

En México, si bien es poco el camino que se ha andado en la búsqueda de una valoración de la cultura negra y si bien es también igualmente lento el proceso de una autodignificación de dicha identidad, considero que poco a poco se van sentando las bases para fortalecer una unidad y trabajar en la consolidación del reconocimiento jurídico de los pueblos negros en México.

Claro está que esta lucha tiene que fundamentarse en una buena organización y sobre todo, en la necesidad propia de nuestros pueblos para replantear dicha búsqueda de identidad. Sólo entonces podremos conseguir o lograr ese reconocimiento oficial.

Considero que cuando el gobierno pueda mirar hacia nuestros pueblos negros, cuando pueda incluirlos en sus planes y programas, será un gran aliciente para que estos pueblos puedan contribuir con su fuerza, con su creatividad, al desarrollo de este gran país que es México.

Como es de muchos sabido, uno de los mayores asentamientos de pueblos negros hoy en día se ubica en la región denominada Costa Chica, que abarca desde Acapulco en el estado de Guerrero, hasta Pochutla, Huatulco, en el estado de Oaxaca. Establecemos este corredor entre estas poblaciones sin el afán de decir que necesariamente esto obedece a una demarcación estricta de los límites de dicha región, sólo estamos tomando en cuenta un orden geográfico, a manera de ilustrar o dar una idea de este territorio costeño.

Los pueblos negros de Oaxaca, a diferencia de otros lugares con presencia afromexicana han estado pugnando por un reconocimiento oficial. Pero volvemos a caer en la parte medular de la cuestión y ésta es: la organización y las formas que se deben de establecer para aterrizar en un buen proyecto que nos lleve a dicho reconocimiento.

Hemos tenido la experiencia de participar en diversos foros sobre la temática y es siempre nuestra intención explicitar ante las autoridades de todos los niveles de gobierno y  representantes de los diversos grupos étnicos del país, la necesidad que dentro de este esquema gubernamental también tengan cabida los pueblos negros. Pues hasta el momento, no existe en la Constitución o para el gobierno mexicano, así de facto, el pueblo negro, esto porque no existe en nuestra carta magna una ley que especifique o estipule salvaguardar la cultura de este pueblo, y las consecuencias están más que a la vista.

Hay quienes dicen que ante la ley todos somos iguales, todos somos mexicanos y que pensar diferente es ser discriminatorio o racista. Quienes esto aseveran es porque seguramente no les han sido violentados sus derechos, efectivamente ante la ley todos somos iguales, sin embargo, si esta letra fuera efectiva, no habría necesidad alguna de estar pugnando por nuestros derechos, pero cuando no eres libre de andar en tu propio país, cuando hay necesidad de que por tu apariencia física tengas que cantar el himno nacional o presentar la credencial, cuando por tu apariencia tienes que saber quién es el gobernador de tu estado y en qué estación del año se dan determinados productos, ahí es en donde te das cuenta de que no todos somos iguales ante la ley y que es necesaria la exigencia de nuestros derechos.

Desde que apareció el libro de “La Población Negra de México”, hace más de 60 años, el trabajo académico no ha podido modificar en la Constitución una sola línea para hacer visible al pueblo negro de México. 60 años “estudiando” a los negros y estos negros aún siguen negados, olvidados, discriminados. Más de 60 años y no han podido o no han querido desblanquear la historia oficial y permitir que desde el norte hasta el sur se conozcan los aportes de los negros en la construcción de esta nación. Al contrario, pensamos que varios académicos se empeñan en seguir nombrando o etiquetando a quienes tienen el derecho, por respeto a su autonomía y por autoafirmación, a nombrarse y es así como nuestra gente se llama: negros. Y es así, como negros, como quieren aparecer en el censo. ¿Por qué pues el temor de la academia de usar el término negro? Hoy ellos usan el término afrodescendiente, derivado de la Primera Conferencia Mundial Contra el Racismo (celebrada en Durban, Sudáfrica en 2001), antes se usó afromexicano y mucho antes afromestizo. Mucha razón tienen los negros cuando por esta situación los confunden y muchos no saben ya quiénes son. Pero como se leía en un blog, no importa cómo nos nombren, si seguimos igual de jodidos.

Todos quieren hablar por los negros, ¡y los negros qué! Por eso, como una forma de decir quiénes somos los negros de México, hemos construido el siguiente decálogo:

1. Es necesario que la nación conozca que la identidad mexicana está cimentada y construida principalmente por tres culturas: la indígena, la negra y la española.

2. Si hoy muy poco se sabe de los negros es porque el Estado mexicano ha “blanqueado” la historia, borrando y negando las aportaciones de los africanos traídos a México de manera forzada.

3. Los negros nos ubicamos en los estados de Coahuila, Chiapas, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí, Morelos, Tabasco, entre otros, pero principalmente en Veracruz, Guerrero y Oaxaca.

4. Más de 500 años de invisibilidad han imposibilitado que podamos acceder a un desarrollo integral y al goce pleno de nuestros derechos como pueblo.

5. Somos parte de una cultura viva, y continuamos recreando todos aquellos elementos que nos dan sentido de pertenencia como las danzas, ritos, gastronomía, curandería, narrativa, música, y ello nos hace una cultura diferenciada del resto del país.

6. Al no estar contemplados en las estadísticas oficiales, ni tener el reconocimiento constitucional, nos encontramos en una situación de vulnerabilidad y desventaja respecto a otros sectores de la población, al no poder participar en los programas que el Estado implementa.

7. Al estar invisibilizados, no somos sujetos de políticas públicas que garanticen e impulsen nuestras capacidades de desarrollo.

8. Mas de 50 años de estudios académicos sobre poblaciones negras en México no se reflejan en cambios legislativos ni en nuestra situación de vida, mucho menos han propiciado conocer esa historia que da cuenta de la grandeza de nuestros ancestros.

9. Manifestamos que nos resistimos a que nos vean como objeto de estudio y a folclorizar nuestra cultura. Deseamos que se nos brinden las oportunidades para revertir las estadísticas de analfabetismo y que seamos quienes podamos reescribir nuestra historia.

10. Manifestamos nuestros deseos y esperanzas en que los legisladores federales y estatales se muestren con oídos receptivos, brindando un acompañamiento efectivo y responsable para que juntos podamos lograr nuestro sueño: el reconocimiento constitucional del Pueblo Negro de México.

Close
Comentarios