10 años del reconocimiento a pueblos indígenas

La Declaración es un instrumento importante para la lucha de los pueblos indígenas, pero hasta ahora no ha sido suficiente para mejorar su situación, simplemente porque los Estados no cumplen con lo que establece.

Fue después de 25 años de discusiones en la ONU y de una larga lucha de los pueblos indígenas, que el 13 de septiembre de 2007, hace diez años, finalmente la Asamblea General aprobó la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Como afirma en un artículo recientemente publicado la Relatora Especial sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, la Declaración fue una victoria para estos pueblos, “fue una declaración global que reconoció las circunstancias históricas únicas que enfrentamos en términos de colonización, despojo y discriminación”.

Tauli escribe también que la Declaración fortaleció a los movimientos indígenas, “dándoles un estándar internacional ampliamente reconocido y respetado para usar en su defensa, y una nueva esperanza de que las cosas podrían cambiar. Los Pueblos Indígenas están luchando cada vez más por sus derechos y, en algunos casos, ganando”.

Efectivamente, la Declaración es un instrumento importante para la lucha de los pueblos indígenas, pero hasta ahora no ha sido suficiente para mejorar su situación, simplemente porque los Estados no cumplen con lo que establece.

En todo el mundo los pueblos continúan siendo despojados de sus territorios, particularmente por las empresas extractivas (con apoyo de los gobiernos) y por diversos megaproyectos de supuesto desarrollo. Algunos luchan y se defienden basados en la Declaración, otros ni siquiera la conocen. Y de los que luchan, son pocos los que consiguen ganar, porque se enfrentan a enemigos muy poderosos.

La misma ONU afirmó en un comunicado que “Los pueblos indígenas se enfrentan a desafíos especialmente graves debido a la pérdida de sus tierras y de los derechos sobre los recursos, que constituyen los pilares centrales de sus medios de vida e identidades culturales” y hace un llamado a los Estados para que “salven el abismo existente entre la teoría y la práctica y para que actúen ahora para ofrecer igualdad y plenitud de derechos a todas las personas de origen indígena”.

En México estamos muy lejos de que se cumplan los derechos establecidos en la Declaración. Todavía no está presente en las leyes, no ha habido avances en la armonización legislativa que nos ofrecieron a principios del sexenio y en la cotidianidad los derechos indígenas continúan siendo violados.

Solamente en pocos casos, en que los pueblos han luchado por distintas vías apelando a la Declaración, han logrado ganar algunas batallas. Pero han tenido que pelear contra el Estado, ése que suscribió la Declaración pero no la cumple.

Como afirma Tauli-Corpuz en el artículo mencionado: “Los pueblos Indígenas nunca dejarán de defender sus derechos y sus tierras. La Declaración fue un paso adelante para los pueblos indígenas, sin duda, pero nuestros derechos aún no están plenamente respetados y protegidos. Seguiremos luchando por nuestras tierras, que siempre serán más preciosas para nosotros que el oro”.

La lucha no es sólo por el territorio, es por la defensa de la identidad, de la cultura y hasta por la supervivencia, los indígenas siguen siendo los más marginados. Ahora, además, muchos pueblos de Oaxaca quedaron destruidos con el terremoto del pasado 7 de septiembre. A muchos no ha llegado ayuda, parece que hasta ahora ésta se está concentrando en los poblados más grandes. Y quién sabe cuánto tiempo tarde en llegar, recordemos que todavía hay en Guerrero damnificados por el huracán Ingrid y la tormenta Manuel, que azotaron la región de La Montaña en 2013, que no han recibido el apoyo necesario para recuperarse.

 

@yotlacuila

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