Juchitán a ocho meses del sismo

Sin escuelas, bibliotecas, casa de cultura, parques públicos ni canchas deportivas, niños y jóvenes de Juchitán se quedaron sin espacios de reunión y recreación tras los sismos, lo cual los ha dejado a merced del alcohol y del crimen organizado, de acuerdo con denuncias.

Prácticamente en cada cuadra hay por lo menos una casa desaparecida y en algunas sólo quedan una o dos habitables. Las calles están llenas de escombros o material de construcción. Los que perdieron su casa están haciendo lo poco que puede con los 120 mil pesos que obtuvieron de apoyo gubernamental, aunque hay muchos que no recibieron nada y esperan juntar algo para poder terminar de sacar el escombro y construir aunque sea un cuarto de madera. Algunos optaron por abandonar su pueblo.

Pero la vida sigue y poco a poco se van recuperando. Al que se le cayó el restaurante ya puso mientras una enramada y continúa dando servicio, otros se llevaron el negocio a casa, “aunque sea en el patio, pero no podemos parar porque entonces qué comemos”, dicen.

Así las cosas en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, a casi ocho meses del sismo que destruyera partes de la ciudad en septiembre del año pasado.

Pero lo más preocupante es que de todas las escuelas que quedaron inhabilitadas o destruidas, solamente se ha reconstruido una. El resto continúan funcionando en todo tipo de aulas improvisadas. Desde guarderías hasta preparatorias están esperando a que el gobierno federal y el estatal cumplan con su compromiso (y obligación) de reconstruir o reparar los cientos de aulas afectadas. Mientras tanto, los maestros de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), esos que muchos tachan de revoltosos e irresponsables, han realizado grandes esfuerzos para poder dar clases y salvar el año escolar.

Al respecto, Héctor Pineda, maestro de la secundaria técnica 50, una de las que quedó destruida, explica cómo han trabajado en los últimos meses: “Tenemos 24 grupos y aproximadamente 850 alumnos en dos turnos. Tuvimos que habilitar espacios en el estacionamiento, que por fortuna está techado con láminas de asbesto. No había paredes y lo que hicimos fue cubrir con lonas y pudimos rescatar sillas y mobiliario, pero sólo logramos habilitar ahí cuatro espacios, entonces de noviembre a diciembre estuvimos ahí durante todos los días de la semana programando horarios extraordinarios, módulos de 20 minutos para asignar tareas. Después logramos habilitar otros cuatro espacios en una cancha techada de básquetbol, todo improvisado, igual pusimos lonas, algunos amigos apoyaron con tiras de madera, con láminas por parte de algunos padres de familia y otros amigos con cartones y habilitamos paredes y techos y ya logramos trabajar, de enero hasta ahora, con ocho grupos al día con un horario un poco más amplio, pero pues los de primer año sólo van los lunes, los de segundo sólo van martes y jueves y los de tercero miércoles y viernes”.

No han recibido ningún apoyo gubernamental, todo ha sido trabajo y aportes voluntarios de maestros y padres de familia. Según afirma Pineda así están trabajando la mayoría de las escuelas dañadas en el istmo. En Juchitán solamente se ha reconstruido hasta la fecha el Centro Escolar Juchitán, una primaria que se localiza en el centro de la población. Las aulas provisionales donde trabajan algunas escuelas están construidas con material plástico y techos de láminas, lo cual para el clima de la región (en este mes entre 35 y 40°C) los convierte en un horno.

La falta de escuelas no es el único problema de los niños y adolescentes de Juchitán. Las bibliotecas y la casa de cultura se dañaron y los parques públicos y las canchas deportivas están siendo utilizados para otros fines. En los parques principales se instalaron los vendedores del mercado a la espera de que éste sea rehabilitado (obra que no ha iniciado) y las canchas se utilizan para otros fines, en algunas se dan clases y otras funcionan para diversos servicios públicos a falta de oficinas.

Según comenta la poeta Irma Pineda, eso deja a los niños y jóvenes sin espacios de reunión y recreación y va a pasar mucho tiempo antes de que se recuperen. Esto los afecta no sólo psicológicamente, sino en muchos sentidos, pues ahora, por ejemplo, en lugar de jugar básquetbol o andar en patineta en el parque o ir a la biblioteca, terminan bebiendo en la calle. Comenta que, a largo plazo, esto tendrá serias repercusiones sociales y las autoridades no lo han considerado en absoluto. Incluso ya es notorio el aumento de jóvenes asesinados en el municipio.

Hay quienes afirman que hay tres grupos del crimen organizado “peleándose la plaza”, y que al estar los jóvenes desocupados, tanto por falta de horas de clase como por carencia de espacios de distracción, se vuelven presa fácil del crimen organizado para convertirlos en sus empleados. “Si ya ahorita está aumentando la delincuencia, imagínese en unos meses o en uno o unos años”, dicen.

Así la situación de los jóvenes en Juchitán, mientras que los candidatos continúan haciendo promesas en sus campañas políticas.

 

@yotlacuila

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