¿Quiénes son los representantes indígenas?

Las comunidades indígenas pueden tener sus propias autoridades a quienes eligen con base en sus propias tradiciones, costumbres y creencias. Por tanto no hay quien represente a todos los indígenas a nivel nacional pues existen múltiples diferencias que se reconocen y respetan.

Según el INEGI (2015) en México hay 25 millones 694 mil 928 personas que se auto adscriben como indígenas y 12 millones 025 mil 947 personas que viven en hogares indígenas.  Según el catálogo de 2010 de lo que era la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, hay 64 mil 162 comunidades indígenas en todo el país y 70 pueblos indígenas. Considera a los nahuas como un solo pueblo, cuando en realidad son varios, pues los nahuas de Veracruz no tienen nada que ver con los de Jalisco, por ejemplo; y lo mismo sucede con otros.  Según el INALI hay 68 agrupaciones lingüísticas y 364 variantes lingüísticas.

Las comunidades indígenas tienen sus autoridades, pueden ser comisarios municipales, encargados del orden, jefes de tenencia, etc. Éstas son generalmente elegidas por asamblea o de acuerdo a sus costumbres, aunque en muchos casos les son impuestos por los presidentes municipales. Miles de comunidades pertenecen a ejidos, entonces tienen además una autoridad ejidal (comisariado), electa en la asamblea de ejidatarios. Tienen también autoridades morales y religiosas: consejo de ancianos, sacerdotes tradicionales, mayordomos, etc. Aunque las comunidades sean muy unidas y en muchas una decisión o elección debe ser siempre por consenso, no en todas están siempre todos de acuerdo, también hay pleitos entre vecinos, como en cualquier parte.  

Hay muchas comunidades que están divididas, en donde hay dos o tres grupos peleados entre ellos, la mayoría de las veces por cuestiones que vienen del exterior: partidos políticos,  proyectos de desarrollo, religiones u organizaciones indígenas que tienen visiones diferentes. Muchas veces estas divisiones se quedan en el ámbito correspondiente y no influyen en la vida cotidiana, en casos extremos, cobran vidas.

En muchas regiones las comunidades se organizan entre sí, para fines religiosos, para solicitar obras o servicios que las beneficien a todas, para las fiestas, etc. Pero también en muchas regiones se pelean a muerte por unas cuantas hectáreas, cuando no hay claridad de a quién le pertenecen; hay partes en donde suceden las dos cosas al mismo tiempo, se reúnen en las fiestas y al otro día se están peleando por la tierra.

Cada pueblo indígena, cada región e incluso cada comunidad, tiene sus propias tradiciones, costumbres, creencias, etc. También en muchas partes las comunidades forman organizaciones, para defender sus derechos, para gestionar obras, para desarrollar proyectos productivos, etc. Y en muchos casos se forman organizaciones estatales integradas por las comunitarias, municipales o regionales; y hay también organizaciones nacionales formadas por comunidades, organizaciones regionales o estatales. Pero no siempre todos los integrantes de una comunidad pertenecen a una misma organización, puede haber varias, ya sea de distintos tipos o con objetivos diferentes.  Eso, a veces, genera problemas y hasta peleas, otras veces se respetan mutuamente. Hay incluso quienes pertenecen a varias organizaciones a la vez.

También hay organizaciones de indígenas migrantes, en las que hay personas de los diferentes pueblos, o de uno solo cuando hay muchos que migraron al mismo lugar. Éstas se encuentran más que nada en las grandes ciudades, en los campos agrícolas del norte del país y en el sur de Estados Unidos.

Independientemente de las comunidades y sus formas de organizarse, en todo el país hay indígenas priistas, perredistas, morenistas, verdes, azules y de todo. Algunos militantes y otros simplemente simpatizantes. También hay indígenas católicos, evangélicos, musulmanes, que practican su religión originaria, etc.  Y hay indígenas con oficios y profesiones diferentes, campesinos, artesanos, maestros, escritores, ingenieros, músicos, contadores, plomeros, albañiles, y de cualquier profesión u oficio (aunque evidentemente son muchos menos los profesionistas que los campesinos, por la falta de oportunidades para estudiar).

Entonces, una persona indígena puede ser tlapaneca, católica, miembro de la organización de artesanos local, perredista, mayordomo, integrante de una organización indígena regional, de una estatal y de una nacional, por ejemplo del Movimiento Indígena Nacional. Otra puede ser nahua, evangélico, comisario municipal, priísta, maestro, integrante de una organización regional y de una nacional, digamos Escritores en Lenguas Indígenas. Otro puede ser tojolabal, sacerdote tradicional, ejidatario, simpatizante del EZLN y miembro de una organización nacional como el Congreso Nacional Indígena. O mixteco radicado en California dirigente de una organización de migrantes. Hay muchas combinaciones posibles.

En síntesis, hay diversidad en todo y de todo: 64 mil 162 comunidades,  364 variantes lingüísticas, más de 68 pueblos indígenas, miles de indígenas militantes en los distintos partidos políticos, de distintas organizaciones en distintos niveles, de diversas religiones, etc.

Entre tanta variedad, ¿quiénes serían los representantes de los indígenas? ¿A quién enviarían las comunidades a representarlos en una ceremonia tradicional para el presidente?  ¿A su líder moral o al comisario municipal?, ¿al de una organización o al de la otra?

Por otro lado, ¿cómo harías llegar una convocatoria a las 64 mil 162 comunidades, con pocos recursos y en unas cuantas semanas? ¿Cómo subirías a todos en un templete? o ¿cómo decidirías entre los 64 mil 162 representantes comunitarios a quién subir?, ¿en una reunión en el Estadio Azteca?

No hay quien represente a todos los indígenas a nivel nacional, ni estatal, ni siquiera regional y en miles de casos tampoco a nivel de comunidad, cuando hay divisiones. Menos puede haber, por cierto, un “gobernador nacional indígena” como el que se presentó en televisión afirmando falsamente que entregaría el bastón.

Entonces, ¿cómo se podía organizar la ceremonia? Lanzando una convocatoria amplia y preparando el acto con quienes respondieran. Evidentemente los indígenas priistas no iban a asistir (como tampoco creo que asistiera al Zócalo nadie que votó por Anaya), tampoco los simpatizantes de los zapatistas, que siempre han estado en contra del presidente.

Lo cierto es que había indígenas de diferentes pueblos y de diversas organizaciones, tanto locales como nacionales, incluida una dirigente de los migrantes y, algo muy importante, se incluyó por primera vez a los afromexicanos. Estuvieron presentes desde un líder kiliwa y una dirigente cucapá de Baja California, hasta un sacerdote maya de Quintana Roo, pasando por huicholes, zapotecos, mixtecos, nahuas, tojolabales, mixes, tlapanecos, otomíes, etc. Además, se reunieron previamente por lo menos el doble de los que estuvieron en el escenario,  y entre todos decidieron quién subía. Y optaron por los que consideraron más representativos, tanto para la parte espiritual de la ceremonia como para la entrega del bastón, que fue dado al presidente por una mujer que lucha por el agua, el territorio y contra los megaproyectos que despojan; y por un hombre que representa la lucha por la autonomía, recientemente elegido autoridad municipal en elecciones por usos y costumbres.

No había otra forma de hacerlo. No hay quien o quienes representen a todos. Por otro lado, nunca se dijo que era un grupo de representantes, sino un grupo representativo, que no es lo mismo.

Entonces, no entiendo por qué tantos han afirmado y se han quejado de que los que asistieron no representaban a todos los indígenas. ¿Quiénes sí los hubieran representado? Cada quien cree que los representantes son con quienes simpatiza. Aunque realmente quienes han discutido y siguen discutiendo eso son los columnistas, antropólogos y similares, no los indígenas.

 

@yotlacuila

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