Mujeres empoderadas

Las mujeres cuyas vidas vislumbro desde mi Facebook ya no son las mujeres que solían leer la Vanidades; jamás usarían esas botas color rosa chicle tacón de aguja con esa blusa de satén amarilla con lunares negros y el pelo platinado con cuatro kilos de tinte de 2,600 pesos.

Los grises del cielo se amontonan a borbotones, mientras el sol espera para calentar un pedacito del lugar que habito. Me sorprende cómo hemos declarado ser felices entre las paredes de cemento de Ciudad de México; otra vez el tonito del whatsapp interrumpiendo los cantos del silencio. Las máquinas que el hombre construye para sentirse a salvo. Y yo frente a la minúscula pantallita del celular, regodeándome en mis minúsculos fracasos por conquistar la atención de un grupo de mujeres, con mi ejército de cabos sueltos, con los números desvalijando mi creatividad, con una inexistente capacidad de empatía por los temas triviales, con la fábula de mis delirios quijotescos. Yo con los fastidios, los deseos en combustión, el esqueleto dando saltos, las rebeldías enquistadas, todo mi conjunto de fundamentos, un caudal de teorías acurrucado por ocho horas, con las muecas esperando en los bolsillos, con todo mi yo esperando siempre por atropellar el mundo.

Navego en mi barquito digital en la página de mujeres de Facebook. Me venden una pulserita de la suerte, un cupcake, la organización de mi boda -inexistente por cierto-, un suéter tejido, comida casera a domicilio, un filtro para agua.

Ante tal cantidad numérica de oportunidades se vislumbran fragmentos de vidas de mujeres que se mueven, todo el tiempo y a toda hora se mueven.

Ya no son las mujeres que solían leer la Vanidades, jamás usarían esas botas color rosa chicle tacón de aguja que son última moda en Taiwán, con esa blusa de satén amarilla con lunares negros y el pelo platinado con cuatro kilos de tinte de 2,600 pesos. Nunca tendría en cuenta los diez trucos infalibles para volver loco a un hombre en la cama ni se pondrían esas mezclas aceitosas con olor a espárrago en el cutis aunque les juraran que les quedara como el de Juliette Binoche.

Se niegan rotundamente a pronunciar esas frases enlatadas para asegurarse una segunda cita con el hombre de sus sueños, que se nota a millas de distancia son una mierda más grande que la de un elefante africano, y menos aún a adoptar esas ridículas poses en una entrevista de trabajo para cautivar al jefe de recursos humanos y asegurarse cualquier puesto de CEO en una multinacional.

Estas mujeres emprendedoras ya no creen en las recetas mágicas anti-stress para eliminar toxinas y ni hablar de las recomendaciones de psicología barata para saber qué está pensando él durante el sexo o cuando está idiotizado mirando la delantera de una amiga.

A todas estas mujeres les llevó muchos años para asumir que no son mujeres de catálogo, que tienen sus neurosis bien identificadas, que tienen sus excesos, debilidades, sensaciones, latidos, desazones, goces, quejidos, nostalgias y placeres propios y únicos.

Hoy las mujeres hablan de hombres. Se ríen de sus desengaños amorosos. Creen la teoría de que la mayoría de los hombres son emocionalmente inmaduros y es que, reconozcámoslo, a veces para las mujeres basta con intuir algo intensamente para que suceda.

Son extrañas las maneras en que lo remoto se vuelve próximo, palpable. Las mujeres somos especialistas en subirnos al tren del tiempo. Las imágenes del futuro se proyectan ante nuestros ojos completamente abiertos.

Las mujeres empoderadas saben cuándo decir sí y cuando decir no, viajan ligeras a pesar de la pesada vida.

Nuestro espíritu está soñando, soñando con un mejor mundo. Tal vez con esto vaya a caer en un lugar común. Tal vez el debate archiconocido acerca de los derechos y las libertades de las mujeres te haya saturado.

Pero estamos en una ciudad cosmopolita, donde millones de pies circulan de la manera más veloz y remiten a voluntades desgastadas, disconformes, bastardeadas, quebradas. Hay mínimas risas y cantos por las calles de nuestra ciudad. Tan solo un tercio de energía positiva. Estamos en la ciudad de las bajas pasiones. Y sí, de las mujeres empoderadas.

 

@maricelarosales

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