Mujeres indígenas, motores de cambio en México

A pesar de lo avanzado en materia legislativa en el marco del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia e igualdad sustantiva, las mujeres indígenas en muchos casos, no son reconocidas como sujetas de derechos.

Por: Aída Marín Acuapan (@lemura29)

 

En las pequeñas acciones está la esperanza.

 

México es el país de América Latina con el mayor número de pueblos indígenas, pueblos en los que las mujeres se encuentran entre la población más excluida y con un alto riesgo de vivir violencia. En este contexto, los gobiernos municipales representan el ámbito más cercano de atención para contribuir a reducir las brechas de género.

Hablar del ámbito municipal en nuestro país es complejo. México cuenta con 2,462 municipios,[1] cada uno con sus propios contextos y retos, 623 de ellos, es decir, el 25% tienen una importante presencia indígena y se concentran en los estados de Oaxaca, Yucatán, Puebla, Estado de México, Hidalgo, Chiapas, Veracruz, Guerrero y Quintana Roo.[2]

Se ha documentado que entre los grupos de población con niveles de vida en mayor desventaja se encuentran los pueblos indígenas, siete de cada diez personas hablantes de lengua indígena en nuestro país están actualmente en situación de pobreza.[3]

A pesar de lo avanzado en materia legislativa en el marco del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia e igualdad sustantiva, las mujeres indígenas en muchos casos, no son reconocidas como sujetas de derechos. En los municipios indígenas, las mujeres se encuentran entre la población en mayores condiciones de exclusión y pobreza, tienen menores oportunidades y mayor riesgo de vivir violencia.

Se estima que 59% de las mujeres indígenas ha experimentado algún tipo de violencia (emocional, física, sexual, económica, patrimonial o discriminación laboral) a lo largo de su vida.[4]

También tienen más riesgos de presentar enfermedades hipertensivas durante el embarazo, abortos (espontáneos e inducidos), hemorragias, infecciones puerperales, y otras complicaciones durante el embarazo, parto y puerperio.

En la población indígena las uniones suelen llevarse a cabo en edades más tempranas. En el grupo de edad de 15 a 19 años, el 19.3 % de las mujeres y el 7.2% por ciento de los hombres ya han dejado de ser soltera o soltero.[5] Esto significa que las mujeres indígenas inician su vida reproductiva más jóvenes (en promedio a los 18 años) y pasan mucho tiempo de su vida dedicadas a la crianza de sus hijos e hijas, lo que reduce sus posibilidades de estudiar y trabajar fuera del hogar.[6]

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, las mujeres indígenas son quienes presentan los niveles más altos de analfabetismo y baja escolaridad.

Siempre se puede hacer algo: pequeñas acciones

Los municipios son la base organizacional de nuestra federación, y si bien tienen atribuciones y facultades perfectamente delimitadas, también son la primera referencia de las personas para la resolución de necesidades cotidianas. La intervención del ámbito municipal en la satisfacción de las necesidades resulta crucial puesto que sus funcionarios y funcionarias son quienes conocen mejor la realidad de sus localidades y, por tanto, tiene una visión más aterrizada de las soluciones que podrían ser efectivas y eficaces.

Mirar a los municipios desde la óptica de la interculturalidad es adentrarse en contextos infinitos, entender que cada comunidad tiene su propia visión, sus propios recursos, sus propias aspiraciones y sus propias maneras de enfrentase a las problemáticas, es dejar de generalizar y de pensar que una misma fórmula servirá para todos ellos por igual.

Mostrarles a las autoridades municipales que dentro del ámbito de sus funciones una de las principales debe ser la de promover y garantizar los derechos de las mujeres indígenas no es una tarea sencilla.

Desde el 2015, el ILSB documentó las mejores prácticas  a nivel municipal que atendían las necesidades concretas de las mujeres. Así nació “Pequeñas Acciones, Grandes Cambios”, un proyecto que tuvo como objetivo  visibilizar las iniciativas que desde los ámbitos municipales se emprenden para transformar la vida de las mujeres indígenas.  En estas experiencias solo hizo falta la simple voluntad para materializar los cambios. Realizamos 5 cortos-documentales en Chiapas, Campeche, Guerrero, Yucatán y Oaxaca, historias que narran cómo mujeres funcionarias y activistas han impulsado proyectos que parecieran “pequeñas acciones” pero que han logrado generar “grandes cambios” en la vida de otras mujeres en sus municipios:

  • Un plan de emergencia obstétrica con parteras de Sitalá, Chiapas previene muertes maternas.
  • Las mujeres de Calakmul, Campeche aprenden, defienden sus derechos y transmiten sus conocimientos a las nuevas generaciones.
  • Mujeres de Zenzontepec, Oaxaca participan por primera vez en el cabildo e impulsan acciones para garantizar los derechos de las mujeres.
  • Una ambulancia rural adaptada para prevenir las muertes maternas en Quechultenango, Guerrero.

Los aprendizajes del camino

El ámbito municipal es uno de los más áridos para trabajar en el tema de “garantizar derechos” pues los contextos a los que se enfrentan resultan tan variados que proponer acciones requiere de un análisis minucioso y un acompañamiento constante que se complica por las distancias y la falta de involucramiento de otras autoridades.

  • Si bien los contextos municipales varían de manera desmedida entre unos y otros, para el caso de las mujeres indígenas las condiciones a las que se enfrentan suelen tener episodios comunes: la falta de acceso a los servicios de salud, bajos niveles educativos y la sobre exposición a situaciones de violencia de género en cualquiera de sus modalidades.
  • Aún queda un largo camino por recorrer para consolidar una institucionalidad que promueva la perspectiva de género y los derechos de las mujeres a este nivel. Sobre todo en lo relacionado con la figura de las instancias municipales de las mujeres.
  • Prevalece la violencia política hacia las mujeres respecto a las funciones que desempeñan en los municipios, si bien muchas de ellas se encuentran respaldadas y acompañadas por sus cabildos y el resto de las y los funcionarios municipales, generalmente tienen que librar varias batallas internas para que sus voces y propuestas sean escuchadas y aceptadas.

Aprendimos también que:

  • La alianza y cooperación entre mujeres en los municipios resulta fundamental para, a su vez, garantizar y promover los derechos de otras mujeres en sus demarcaciones.
  • La interculturalidad significa adentrarse, no sólo conocer del contexto, sino vivirlo, olerlo y sentirlo.

Creemos que visibilizar las experiencias exitosas puede animar a otras mujeres y a otros municipios a que realicen acciones parecidas con el único y exclusivo incentivo de saber que estarán salvando vidas, combatiendo la pobreza, previniendo muertes y alejando a las mujeres de situaciones de violencia que las pueden marcar de por vida.

Pequeñas acciones, grandes cambios from ILSB on Vimeo.

 

 

Más información aquí.

Fuentes:

[1] INEGI, Cuéntame. División territorial en México. 2017. , noviembre 2017.

[2] Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Sistema de información e indicadores sobre la población indígena de México, 2015. < https://www.gob.mx/cdi/documentos/indicadores-de-la-poblacion-indigena>, noviembre 2017.

[3] UNICEF México, Niñez indígena en México, 2017. <https://www.unicef.org/mexico/spanish/ninos_6904.htm>, noviembre de 2017.

[4] Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Indicadores sobre las mujeres indígenas. Resultados de la Encuesta Intercensal 2015, < https://www.gob.mx/cdi/articulos/indicadores-sobre-las-mujeres-indigenas-resultados-de-la-encuesta-intercensal-2015>, noviembre 2017.

[5] Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Indicadores sobre las mujeres indígenas. Resultados de la Encuesta Intercensal 2015, < https://www.gob.mx/cdi/articulos/indicadores-sobre-las-mujeres-indigenas-resultados-de-la-encuesta-intercensal-2015>, noviembre 2017.

[6] Navarrete Linares, Federico. Los pueblos indígenas de México, México: CDI, 2008. 141 p.

 

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