Empleo justo en casa

No podemos esperar a que el gobierno cambie las leyes para ser coherentes en nuestros hogares. Una jornada laboral justa, aguinaldo, vacaciones pagadas, días de descanso, y salarios dignos son condiciones que debemos y podemos garantizarles ya a 2.4 millones de mexicanas si empezamos hoy, en nuestro hogar.

Por: Natalia Torres

Recuerdo que hace algunos años vi The Help (Historias Cruzadas, 2011),  película que mostraba el trato inhumano que se les daba a las trabajadoras del hogar afroamericanas en los años 60. Recuerdo que me dolió ver el racismo y el clasismo de aquella época. Ese que hacía que Minny fuera a un baño separado, o que despidieran a Constantine porque su hija, al visitarla, entró a la casa de sus patrones por la puerta principal y no por la cocina, poniendo en ridículo a su empleadora frente a sus amigas de alta sociedad.

Es fácil indignarnos ante la discriminación de generaciones pasadas, pero mucho más difícil identificarla en nuestro propio entorno. Lo que me pareció más triste de la película no es que esto hubiera pasado en Estados Unidos, sino que pasa hoy en muchos hogares de México. Casas donde hay una entrada de servicio para que las trabajadoras no entren por la puerta principal; una vajilla aparte para que no usen los mismos platos; un baño separado, porque pareciera que compartir espacios con alguien de diferente clase ‘contamina’.

Cuando identificamos la injusticia en nuestros propios hogares se vuelve muy difícil aceptarla, pues nos gusta pensar que esta ocurre en otros lados, que es culpa de alguien más, pero que lo que está en nuestras manos, lo hacemos con justicia.

Tal vez la discriminación es más sutil si entramos por la misma puerta, pero igual pagamos a nuestra empleada del hogar cuando se puede; quizás usamos la misma vajilla, pero la carne solo la comemos ‘los de la casa’; a lo mejor nos comunicamos con respeto, pero le decimos a nuestros amigos que ‘mi muchacha es como de la familia’, tanto así, que le podemos pedir unas quesadillas a las doce de la noche. Así sin salario digno, sin horas fijas, sin vacaciones pagadas…’tú sabes, como de la familia’.

Es difícil reconocer que algo está mal cuando es tan común. Pero tengo grabada una frase del escritor ruso León Tolstói: “El mal no deja de estar mal solo porque la mayoría participa en él”. Y la verdad es que esta situación, por más común que sea, es injusta.

En las trabajadoras del hogar se concentran todas las desigualdades de clase, origen étnico, y género que existen en este país. Son 2.4 millones de trabajadoras, el 90 % de ellas mujeres[1]. Son el 12 % de las mujeres económicamente activas en el país[2]; este no es un sector marginal, mas sí marginalizado. De ellas, el 75 % gana dos salarios mínimos o menos, menos del 25 % recibe aguinaldo, menos del 10 % tiene vacaciones pagadas, el 99 % labora sin contrato, y solo el 3 % está inscrita al seguro social[3].

Puede que pensemos, ‘en mi casa no es así’. Pero estadísticamente, hay una probabilidad casi exacta de que no hayamos firmado un contrato. Esto quiere decir que es así en nuestras casas. Más importante, los derechos de las trabajadoras del hogar no deben depender de la buena voluntad de nadie, de lo que se haga o no en mi casa, deben ser ley.

La informalidad laboral: mal de muchos, consuelo de tontos

El 57.2 % de los mexicanos, como casi todas las trabajadoras del hogar, labora en la informalidad[4]: sin acceso a un seguro social que les dé asistencia médica, les permita sacar un crédito hipotecario, hacer uso de guarderías o tener una pensión digna. Sin formalidad es difícil demostrar tus ingresos, lo que complica abrir una cuenta de banco; imposible pedir un crédito, ahorrar, tener un historial crediticio. Las cosas se complican cuando te corren sin razón y no tienes cómo demostrar el tiempo que trabajaste para que te paguen una indemnización conforme a la ley. O cuando te retiras después de 50 años de trabajar, sin un peso a tu nombre, porque viviste al día manteniendo a tu familia, y nunca hubo dónde ni cómo ahorrar para el futuro.

De las mujeres en esta situación, el 18 % son trabajadoras del hogar. La Ley Federal del Trabajo, en su capítulo XIII, regula al sector y por, cómo está escrito, institucionaliza que ellas no tengan los mismos derechos que los demás. Marcelina Bautista, fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para las Empleadas del Hogar (CACEH), y quienes se han organizado para reclamar sus derechos, no piden un trato especial; simplemente piden que la ley garantice para ellas lo mismo que garantiza para cualquier otro trabajador.

Pero no solo estamos hablando de un problema de informalidad. La baja paga y el desprecio al  trabajo del hogar no son casualidad. Históricamente, el cuidado del hogar y de la familia ha sido encomendado y asociado a  las mujeres. Poco apreciado porque no genera ingresos en el mercado. Sin embargo, esta labor sostiene los hogares: da una cama limpia para dormir, comida para poder salir con energía a la escuela y al trabajo, y un espacio ordenado al cual regresar a descansar.

A pesar de que cada vez más mujeres ingresamos al mercado laboral, la labor doméstica la seguimos cargando nosotras. El 77.2 % del trabajo del hogar lo realizamos las mujeres[5]. Hemos logrado ingresar al espacio público, pero no hemos conseguido hacer de las labores domésticas una responsabilidad compartida.

Nos hace falta una conversación en el hogar, pero también en la sociedad, pues carecemos de políticas públicas con perspectiva de género – guarderías accesibles, horarios de trabajo flexibles, licencias de maternidad y paternidad pagadas –  que ofrezcan una infraestructura realmente igualitaria para socializar el cuidado y desarrollarnos personalmente. Por mientras, quienes podemos lo resolvemos en lo privado, contratando a una trabajadora.

Las trabajadoras del hogar llenan algo de este gran vacío, pero lo hacen sin garantía de sus derechos laborales básicos; muchas veces rodeadas de arquitectura y actitudes cuyo objetivo parece ser establecer la diferencia.

En un país donde cada noticia nos lleva a sentir que es imposible construir un futuro más justo, esta es una situación que sí está en nuestras manos cambiar. Lanzamos la campaña #EmpleoJustoEnCasa desde diversas organizaciones de la sociedad civil, con la buena voluntad de empleadores y empleadoras, con algunos medios de comunicación que se han sumado poco a poco, con el acompañamiento de ONUMujeres y la Organización Internacional del Trabajo, en un esfuerzo para movilizar más voluntades, para decirle a otras personas que ellas y ellos pueden hacer algo. Creemos que no podemos esperar a que el gobierno cambie las leyes para ser coherentes en nuestros hogares. El cambio político se exige también con nuestras acciones. Una jornada laboral justa, un aguinaldo, vacaciones pagadas, días de descanso, y salarios dignos son condiciones que debemos y podemos garantizarles ya  a 2.4 millones de mexicanas si empezamos hoy, en nuestro hogar.

La justicia comienza en casa, únete a empleojustoencasa.org.

 

* Natalia Torres es empleadora justa, aliada de #EmpleoJustoEnCasa, Impacto Social Televisa.

Referencias:

[1] INEGI. “Estadísticas a propósito del día internacional del trabajo doméstico (22 de julio)”: 1.

[2] INEGI, ENOE Primer Trimestre 2017.

[3] Mendoza, Christian Aurora. “Derechos laborales de las trabajadoras del hogar en México: Inspección Laboral” OIT, ONU Mujeres e ILSB, Policy paper, (2017): 3.

[4]INEGI. ENOE Primer semestre 2017.

[5] INEGI. Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, 2015.

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