Bienvenidas 5000 mujeres del mundo a tierras zapatistas

3 jóvenes urbanas relatan su experiencia en el Encuentro de Mujeres que Luchan, convocado por mujeres zapatistas. Luego de su visita a la selva, encontrarán la luz de otras mujeres para concluir que sí, que otro mundo es posible.

Bienvenidas 5000 mujeres del mundo a tierras zapatistas
Especial.

Por: Lucía Barragán, Yuleina Carmona y Francisca Frisone (@pankika89)

En el zaguán nos recibieron tres letreros: uno amarillo con negro -para mejor contraste- que decía: “Prohibido entrar hombres”. Al lado, otro: “Aquí, solo para mujeres”, y arriba uno más muy grande en azul: “Bienvenidas Mujeres del Mundo”. Ésta fue la entrada al Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, organizado por las mujeres zapatistas en el Caracol de la Zona Tzots Choj en Chiapas, México.

Fuimos muchas mujeres, entre 5000 y 8000 provenientes de 70 países (no sabemos bien cuántas, pero estamos todas de acuerdo en que éramos un chingo*). Mujeres indígenas, negras, mestizas, blancas, algunas de pequeña estatura otras de casi dos metros. Algunas gateaban, otras caminaban solas y también acompañadas, algunas se apoyaban en bastones o en manos de compañeras, mientras otras manos impulsaban sillas de ruedas. Había lesbianas, bisexuales, trans, heterosexuales o como se diga cada quien. Algunas eran madres que cargaban a sus bebés en la espalda, mientras otras todavía los llevaban en el vientre. Había pichitas[1], niñas, jóvenas, adultas, ancianas y finadas[2]. Todo un torbellino, en un caracol.

Las zapatistas consiguieron un logro difícil de alcanzar, incluso en espacios y marchas feministas: congregar a tantas mujeres de frentes, lugares, culturas e idiomas tan diversos en un espacio para poder hablar, escuchar, mirar, fiestar sin la mirada de los hombres, no importa si son buenos[3] hombres o malos hombresMientras nosotras estábamos congregadas, los hombres zapatistas, siempre a las afueras del Caracol, separaban los granos de frijol, cocinaban para las zapatistas, cuidaban de las casas y animales y vigilaban que el mal gobierno no interrumpiera el encuentro.

Fueron 5 días los que tuvimos para intercambiar arte, poesía, baile, música, deporte, historias de lucha, espiritualidad y saberes. Las 2000 mujeres zapatistas que nos recibieron no dejaron de trabajar, corrían de un extremo al otro, de actividad en actividad -que la obra, el sonido, la luz, el baño, la comida, la cancha, la pelota de fútbol, la escenografía de la obra de teatro, las mesas de trabajo, que no se metieran los hombres que son mañosos- pero sobre todo, se dedicaron a encender una llama de lucha y rebeldía en todas nosotras.

Diferentes pero iguales

Las zapatistas no podrían haber elegido mejor momento para este encuentro, cuando la marea feminista crece rápidamente, sin vuelta atrás, pero es cada vez más blanca, trendy y urbana. En medio de esta efervescencia, nos juntaron el 8 de marzo a un chingo de mujeres en territorio indígena porque tenemos una lucha en común:

Aquí estamos como un bosque o como un monte.

Todas somos mujeres.

Pero lo sabemos que hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha.

Pero decimos que somos mujeres y además que somos mujeres que luchan.

Entonces somos diferentes pero somos iguales”.[4]

 

A este encuentro nos invitaron a todas las mujeres que luchan, no a las feministas, sino a quienes no nos conformamos con un sistema que nos violenta, asesina, viola, golpea, insulta, desprecia, burla, desaparece y encarcela por ser mujeres; a todas aquellas que desde su mundo, su tiempo y su lugar, se rebelan, se encabronan y hacen algo.

Una luz en cada una

El 8 de marzo fue un día lleno de actividades de inauguración y bienvenida, todo en tiempo zapatista. A las 6:00AM comenzaron los corridos. A las 8:00AM las Comandantas, las Milicianas y mujeres de las Bases de Apoyo zapatistas nos inspiraron con sus sabias palabras, historia y rebeldía. Para las 2:00PM los equipos zapatistas Jóvenes Rebeldes y Arco Iris Rebelde iniciaban el primer encuentro deportivo. A las 4:00PM pudimos disfrutar de arte zapatista: obras de teatro, música (siempre rebelde), bailes y cantos que duraron cerca de 4 horas consecutivas. Sin darnos cuenta había caído la noche y comenzaba el último discurso del programa con una sorpresa inesperada: las luces de todo el Caracol se apagaron de forma repentina, para quedarnos en la penumbra. Las 5000 mujeres asistentes, confundidas nos preguntamos qué pasaba y giramos en búsqueda de una luz guía entre la oscuridad. En su lugar, nos encontramos con 2000 velas encendidas, cada una en mano de una mujer zapatista, mientras una voz colectiva nos decía:

Esa pequeña luz es para ti.

Llévala, hermana y compañera.

Cuando te sientas sola.

Cuando tengas miedo.

Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida, préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas.

Y no la quedes, compañera y hermana”.[5]

 Las mujeres que luchan

Estamos inmersas en un sistema que jerarquiza las diferencias y le otorga valor a ciertos cuerpos y ciertas vidas sobre otras: la piel blanca por encima de la piel de color, la heterosexualidad por encima de la homosexualidad, el hombre por encima de la mujer. Parecería que, incluso dentro del bosque que se autodenomina feminista y que dice defender la diversidad, se sigue replicando este sistema en el que unos árboles importan más que otros. El mensaje de las zapatistas es claro: no nos invitaron para competir ni para juzgar quién hace la mejor resistencia. Tampoco para que hagamos la lucha por ellas, así como ellas no harán la lucha por nosotras. Pues tienen claro que cada quien conoce su rumbo, su modo y su tiempo para resistir según sus condiciones, en esta lucha diaria que es por nuestras vidas. 

¿Qué hace falta, nos preguntamos, para que en los movimientos feministas respetemos los rumbos, modos y tiempos de cada una según su contexto? ¿Qué haremos para que la llama que fue encendida por las zapatistas no se apague? ¿Cómo haremos que esta luz acompañe a Otras mujeres: a las desaparecidas, las asesinadas, las presas, las violadas, las golpeadas, las acosadas, las violentadas de todas las formas, las migrantes, las explotadas, las muertas?

Con este llamado y a través de este espacio, las mujeres indígenas zapatistas no dejaron de enseñarnos a través del ser y del hacer, que hay caminos distintos para ser mujeres; que verdaderamente podemos ser diferentes y, al mismo tiempo, una sola. Si este fuera nuestro acuerdo, podríamos reflexionar más críticamente sobre los esfuerzos necesarios para luchar juntas, respetando las diferencias, los modos, lugares y tiempos de cada una. Pero luchando, todas juntas, para que nunca más ninguna mujer, del mundo que sea, del color que sea, del tamaño que sea, de la edad que sea, de la lengua que sea, de la cultura que sea, tenga miedo.

Es hora de luchar juntas, como diferentes que somos. Como nos recuerdan las mujeres zapatistas, compartamos la llama de la lucha:

Llévala y júntala con otras luces.

(…)

Llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella.

Que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor.

Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo.

Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión.[6]

@ISBeauvoir

 

Referencias:

 [1] En tierra zapatista se llama pichitas a quienes acaban de nacer.

 [2] Las zapatistas hacían referencia constante a todas aquellas compañeras que han fallecido, pero nos siguen acompañando y siguen vivas en la memoria. Finadas es una forma de nombrarlas.

[3] Las palabras en itálicas remiten a los discursos pronunciados por las compañeras zapatistas durante el encuentro.

[4] Palabras a nombre de las mujeres zapatistas al inicio del Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan,8 de marzo del 2018.

[5] Palabras a nombre de las mujeres zapatistas en la clausura del Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, 10 de marzo del 2018.

[6] Palabras a nombre de las mujeres zapatistas en la clausura del Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan. 10 de marzo del 2018

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