Mujeres… ¿botín político-electoral?

Parece ya una obviedad decir que las mujeres son una parte importantísima del electorado, históricamente su participación es superior a la de los hombres. Por ellos las y los candidatos abordan los temas de mujeres, para “ganar” su simpatía. Pero puede ser que no sea la única razón.

Por: Ximena Andión Ibáñez (@ximena_andion)

Si algo se ha escuchado repetidamente en este proceso electoral de muy diversas formas son las promesas de campaña dirigidas a las mujeres. Es claro que más allá de posible convicción sobre la necesidad de avanzar en la garantía de los derechos de las mujeres, que seguramente algunxs genuinamente tendrán y otrxs no, hay algo más que está incentivando que uno de los temas centrales de la campaña sean las mujeres. ¿Qué significa esto para quienes impulsamos la agenda de derechos de las mujeres? ¿En qué se traducen estas promesas?

En este texto quiero adelantar algunos de los posibles incentivos existentes y también algunos de los riesgos con el tipo de planteamientos que se están haciendo.

Sobre los incentivos parece ya una obviedad decir que las mujeres son una parte importantísima del electorado. En las elecciones de 2009 la tasa de participación femenina en las votaciones alcanzó un porcentaje histórico de 47.45% superando en 7 puntos a la participación de los hombres.[1] En 2015, la tasa de participación femenina creció un 10.89 por ciento, mientras que la participación de los hombres solo se incrementó un 7.94%. Es decir, que históricamente la participación electoral de las mujeres es significativamente superior a los hombres, lo cual no se corresponde aún con la representación paritaria en los espacios de toma de decisiones (como botón de muestra, baste ver como referencia el número de mujeres candidatas a la presidencia y las gubernaturas).

Podemos decir entonces que las y los candidatos abordan los temas de mujeres en buena medida para “ganar” la simpatía del electorado femenino que verá en esas promesas la solución al menos a parte de sus problemas cotidianos. Pero puede ser que no sea la única razón.

Es también muy posible que influya el hecho de que la agenda de derechos de las mujeres es hoy mucho más visible que hace algunos años. Hay un importante movimiento global que clama por el avance sostenido en materia de igualdad de género y que está compuesto no sólo por las organizaciones feministas, sino por las instituciones financieras internacionales y los foros económicos mundiales quienes empujan esta agenda en pos de mejorar la competitividad económica.

En ese sentido, la agenda de derechos humanos de las mujeres tiene amplia legitimidad internacional y social. Es por ello que, especialmente con el grado de superficialidad con el que se han abordado los temas de derechos de las mujeres durante la contienda, la agenda resulta redituable al brindar un aire de progresismo a las y los candidatos y al poder hacer propuestas sobre temas que no necesariamente  son los más álgidos de la disputa electoral.

Que el “tema de las mujeres” esté tan presente puede representar una gran oportunidad para colocar los pendientes de la agenda, para lograr compromisos de quienes ocuparán cargos de elección popular, para poner a debate temas cruciales para la garantía de los derechos humanos de las mujeres. Pero también representa riesgos y desafíos importantes, sobre todo considerando el tipo de narrativa que se ha generado alrededor de estos temas.

Los “temas de mujeres” vs “los temas de relevancia nacional”

Uno de los grandes riesgos es que sigue hablando de los “temas de mujeres” de forma aislada, desconectados de los “grandes temas del país”. Se habla de desigualdad económica sin mencionar que son las mujeres quienes se encuentran en mayor número en situación de pobreza y desigualdades estructurales; se habla de los cambios necesarios al modelo económico sin incluir el tema del reconocimiento y redistribución del trabajo doméstico y de cuidados; se habla de seguridad y combate al crimen sin hablar de la violencia sexual en contra de las mujeres. Cuando se discuten los temas centrales en materia económica y de política social, de combate a la corrupción y a la impunidad, no se mencionan las experiencias y necesidades específicas de las mujeres.

Lo anterior está conectado con el segundo aspecto preocupante de la narrativa y es que se sigue viendo a las mujeres como un “grupo en situación de vulnerabilidad”. Esto fue claro en el primer debate presidencial donde el Instituto Nacional Electoral (INE) definió que los “temas de mujeres” se abordaran en la sección de grupos vulnerables. Para quienes no vieron el debate habrá que decir que las mujeres no fueron tema, tampoco los grupos en situación de vulnerabilidad, salvo algunas intervenciones que enlistaron a las mujeres dentro de otros grupos sin decir realmente nada.

Las mujeres somos en México y en todo el mundo la mitad de la población. La connotación de grupo implicaría que hay características que nos agrupan y salvo el sexo, hay una diversidad enorme en las mujeres igual que la hay en los hombres. ¿Cuándo se escucha hablar de los hombres como “grupo”?. No hay un sólo sujeto mujer, y si bien la desigualdad de género cruza a todas las mujeres por el hecho de serlo, no nos encontramos todas en la misma situación de vulnerabilidad: no es lo mismo ser una mujer universitaria de clase alta que vive en la Ciudad de México a ser una mujer indígena que vive en la Sierra de Oaxaca.

El origen étnico, la edad, el estatus socio-económico, la orientación sexual, el estado civil y muchas otras características importan. Esto, que pudiera parecer una delicadeza gramatical, refleja en realidad la visión que se tiene de las mujeres: como un grupo que necesita de “apoyos” y “programas sociales” para salir adelante. No se tiene una visión de las mujeres como sujetas plenas de derechos y eso se nota en el tipo de políticas y compromisos que se están haciendo.

Prometer no empobrece o las palabras se las lleva el viento

Una rápida mirada a los compromisos de campaña nos revela que las propuestas o bien son de una generalidad abrumadora o van destinados a la ampliación de programas sociales para las mujeres que perpetúan una visión asistencial y que siguen relegando a las mujeres al cumplimiento de sus roles tradicionales de madres y cuidadoras. Sólo en algunos casos se encuentran compromisos concretos relacionados con temas de violencia contra las mujeres e igualdad laboral. No es casualidad que ninguno de los candidatxs presidenciales se hayan posicionado sobre temas que resultan mucho más controversiales y por ende poco redituables políticamente como son el aborto, los derechos sexuales y reproductivos, el trabajo de cuidados o la paridad en los gabinetes. Estos temas trastocan las estructuras de poder y no resuenan con el electorado conservador que es tan codiciado por los partidos, especialmente en una elección tan competida como ésta.

Nos encontramos entonces ante una contienda electoral donde se hacen promesas para las mujeres, pero en realidad no se compromete nadie a nada. Donde se abordan los temas fáciles, pero se esconden debajo de la alfombra los temas más controversiales y las propuestas de cambio estructural son las grandes ausentes. Más que voluntad política real parece haber oportunidad electoral y entonces queda preguntarse si las mujeres somos, más que cualquier otra cosa, un botín electoral o un bonito spot publicitario.

Quizás sea mucho pedir de un proceso electoral, pero habría que aspirar a contiendas de mayor calidad democrática donde las propuestas y las ideas estén en el centro; donde la perspectiva de igualdad de género sea transversal a la discusión de las propuestas económicas, políticas, sociales y no un tema aparte; donde se incluyan propuestas de cambio estructural que trastoquen los roles de género y el estatus quo.

México ocupa el lugar 81 de entre 144 países en el Reporte Mundial Sobre Brecha de Género (Global GenderGap) que mide el avance los países para cerrar la brecha entre hombres y mujeres, utilizando 4 criterios: salud, alcance educativo, participación en la economía y empoderamiento político. El año pasado México estaba en el lugar 66, es decir que en lugar de registrar avance se registró un importante retroceso. Avanzar en materia de igualdad de género y derechos humanos de las mujeres es crucial para el desarrollo y la construcción democrática del país. Es un asunto urgente que requiere más acciones que promesas que se las lleve el viento cuando el huracán electoral haya terminado.

 

Referencia:

[1] Instituto Nacional Electoral, estudio censal sobre la participación ciudadana en las elecciones federales de 2015. Disponible en: http://portalanterior.ine.mx/archivos2/portal/historico/contenido/recursos/IFE-v2/DECEYEC/DECEYEC-Varios/2017/Estudio-Censal-2015-VF.pdf

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