Ser mujer en política y no morir en el intento

La contienda electoral ha estado plagada por las desigualdades en las relaciones de poder. Los actores políticos han incrementando impunemente su discurso de discriminación por género, llevando a las mujeres a repensar su papel en el espacio público y habituarse a la cada vez más presente violencia contra ellas.

Por: Ana Joaquina Ruiz (@ana_joaca)

La democracia es un régimen inestable en el que institucionalizamos la incertidumbre de las decisiones políticas. La lucha por el poder político se da a través de elecciones que deberían ser limpias y seguras. Sin embargo, la batalla por los cargos de elección popular se ha visto opacada por el contexto de violencia que vive nuestro país. De acuerdo al informe sobre violencia política en México presentado por la consultora Etellekt, esta elección ha sido la más violenta de la historia del país. A la fecha se han contabilizado alrededor de 305 casos de agresiones directas e indirectas contra actores políticos y sus familiares. Ello ha provocado la muerte de 93 políticos en tan sólo 8 meses del proceso electoral.

Esta realidad plagada de violencia nos ha llevado a normalizar lo que no es natural. Los asesinatos, asaltos y amenazas constantes han llevado a la sociedad a desdibujar la relevancia de un tejido social descompuesto, como el que nos enfrentamos día a día. La contienda política, ha amplificado el contexto de violencia física, pero, a la vez, ha minimizado y naturalizado la violencia de género, lo que resulta  también preocupante.

La contienda electoral ha estado plagada por las desigualdades en las relaciones de poder, mismas que se manifiestan tanto en la lucha por la vida, como en el simbolismo de los estigmas que acompañan a las mujeres en su inserción en la vida política. Los actores políticos han venido incrementando impunemente su discurso de discriminación por género, llevando a las mujeres a repensar su papel en el espacio público y habituarse a la cada vez más presente violencia contra ellas.

Violencia política y sus efectos

Se considera violencia política al acto u omisión que se dirige a una mujer por ser mujer y que tiene por objeto menoscabar o anular el reconocimiento, goce y/o ejercicio de los derechos político – electorales de las mujeres. Puede ser perpetrado por cualquier persona o grupo de personas y afecta desproporcionadamente a las mujeres. Es decir, se trata de desacreditar a las mujeres por serlo, llamarlas “incapaces,” “chamaquearlas,” decir que pertenecen al hogar y no a las decisiones de un país, o bien decir que su importancia es menor porque sus ideas son menos valiosas que las de un hombre, entre muchas otras ideas.

Las desigualdades en el acceso al poder son reales para las mujeres, provienen tanto de la autoconcepción como de otras barreras estructurales, tales como la dificultad de la conciliación trabajo y familia, el conocimiento de los derechos político – electorales por parte de las mujeres, las sobre-exigencias a las mujeres sobre cuestiones especializadas como la gestión pública. Es decir, se pretende que las mujeres “sean mejores” para ganarse un lugar que a los hombres es dado por naturaleza.

Por todas estas razones, apropiarse del espacio público no es sencillo para las mujeres, pero hacerlo en este contexto de violencia lo agrava, ya que ha naturalizado la estigmatización hacia las mujeres. Hoy día es un hecho que tan sólo ha habido 7 mandatarias estatales en la historia de nuestro país y tan solo cuatro mujeres han participado en la titularidad de Secretarías de Estado durante el último sexenio.

En las contiendas electorales se ha considerado que los mensajes que etiquetan y sobre-exigen a las mujeres son válidos en el ambiente de descrédito sobre los oponentes. Sin embargo, el que en el espacio público impere un lenguaje que desacredita la participación femenina suele tener grandes implicaciones: en la autopercepción de las mujeres que comienzan a cuestionar sus posibilidades construyéndose “techos de cristal” cada vez más bajos; en las generaciones futuras que envían de vuelta a las mentes de las mujeres al espacio privado; en la significación de las mujeres en la toma de decisiones; e incluso, en el incremento sustancial de violencia de género que tiene nuestro país.

Violencia política 2018

Esta contienda electoral no ha estado exenta de violencia política, de hecho, es de las más violentas. De acuerdo con la consultora Etellekt,[1] del 8 de septiembre de 2017 al 8 de abril de 2018 han ocurrido 33 casos de agresiones contra mujeres políticas, a los que se suman 10 casos en lo que va de mayo, la mayor parte de ellos en Puebla.

Uno de los casos a más alto nivel es el de la excandidata presidencial Margarita Zavala, quien ha mencionado la dificultad de acceder al poder para las candidatas independientes. A pesar de lo polémico de su candidatura y de su postura cuestionable sobre los derechos de las mujeres, los ataques políticos en su contra descalificándola sólo como la “ex mujer” del presidente o bien, por su condición de mujer, ratifican el espacio público la idea de que las mujeres no pueden pertenecer a dicho ámbito.

Otro caso muy visible ha sido el de la candidata al Senado, Nestora Salgado, quien, en un intento por descalificar al candidato de Morena, ha sido víctima de difamación y acoso. Nestora Salgado es una mujer indígena que ha sido líder de la policía comunitaria en Olinalá, Guerrero. Más allá de lo polémico de su caso, Salgado fue exonerada de cargos por tres jueces distintos. Como señala Marta Lamas, cuando cualquier persona ya fue eximida de una responsabilidad judicial, no puede acusársele públicamente del mismo delito.

El ataque a Salgado es preocupante porque se realizó a nivel nacional con un alto nivel de audiencia. Este caso  tiene tintes de violencia política porque refuerza estereotipos de género, sostiene la idea de que las mujeres indígenas no deben estar en la vida pública, y exhibe la condición de violencia y pobreza que hay en nuestro país. Al partido en el gobierno se le ha olvidado que en Olinalá hay policías comunitarias porque hay un estado fallido; que la pobreza en Guerrero está en niveles lamentables y que la impunidad es lo que ha imperado en este sexenio.

Lo preocupante de los ataques a nivel de debate presidencial es que impera en el discurso público la idea de que es correcto utilizar discursos de odio y discriminación contra las mujeres. Incluso, el candidato presidencial independiente ha utilizado constantemente estereotipos de género con total impunidad.

Así pues, la situación de agresiones y violencia que vive el país ha minimizado la asimetría de género, pero los discursos estereotipantes se cuelan en la médula del discurso público y los resultados saltan a la vista.

La violencia va desde descalificaciones,[2] amenazas,[3] envío de manos en bolsas negras,[4] secuestros[5] y hasta la muerte.[6]

La emergencia de atender este problema pasa por resolver la situación de violencia del país; pero, también por retirar del discurso público la idea de que “es correcto” soltar cualquier ataque contra las mujeres. Los candidatos deberían aprender que sus actitudes y sus dichos surten un efecto sobre la autoconcepción de las mujeres, así como en las condiciones estructurales del acceso de las mujeres al poder. La violencia política debe parar ya, empecemos por Nestora.

 

* Ana Joaquina Ruiz es Coordinadora de Innovación Social y Participación Ciudadana en el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir –  [email protected]

 

Referencias:

[1] http://www.etellekt.com/reporte/tercer-informe-de-violencia-politica-en-mexico.html

[2] Violeta Lagunes Vives candidata a la Alcaldía de Puebla por Morena realizó acusaciones a la Fepade por difamación.

[3] Las candidatas a alcalde por Morena, Lourdes Elizabeth Martínez de Hueytamalco, Puebla y Alma Delia Salinas de Zaragoza, Puebla han recibido amenazas contra ellas y sus hijos por contender a la alcaldía.

[4] La Candidata Victoria Arteaga Arteaga del PRI –PVEM a la diputación de Pánuco en Veracruz recibió una bolsa negra con una mano como amenaza después del primer debate presidencial, en donde el candidato independiente mencionó que cortaría manos a políticos.

[5] La candidata a alcalde por Alvaro Obregón, Michoacán, Lourdes Torres Díaz, fue secuestrada por un comando en su casa de campaña: http://wradio.com.mx/radio/2018/05/18/nacional/1526596732_945468.html

[6] La candidata Dulce Nayeli Rebaja Pedro, candidata a diputada por Chilapa, Guerrero por el PRI, y la candidata a diputada por el PRD, de ese mismo municipio Antonia Jaimes Moctezuma fueron asesinadas..

 

Close
Comentarios