Después del 1 de julio aún hay mucho que ganar

Lo que demuestra la alegría ciudadana es que también hemos madurado políticamente: ya no dejaremos todo en las manos del gobierno y del presidente. Nos queda reconocer las responsabilidades de todas y todas en la construcción de un país diferente.

Por: Valentina Zendejas (@Valentinazen) Ana Joaquina Ruíz (@ana_joaca) Sofía Alessio (@alessiopum) 

A pesar del violento y extenuante proceso electoral que culminó hace unos días, los resultados de la elección nos han dejado con mucho que celebrar.

La ciudadanía salió a votar sin miedo. El nivel de votación fue similar al de 2012, pero el ambiente y los resultados han sido muy distintos. Nunca un presidente había sido electo por tantas personas ni con tal porcentaje de votos.

La victoria de Morena es en buena medida una consecuencia de la desaprobación amplia al régimen peñista pero también a una serie de gobiernos locales que lejos de haber estado a la altura de lo que requería la transición democrática iniciada con la derrota del PRI en el 2000, han dejado un saldo rojo y muchos frentes de descontento.

La frustración parece haber dado paso a la esperanza, y la participación ciudadana en la elección muestra la ilusión de un cambio posible. A lo largo del proceso electoral, los actores políticos tuvieron un comportamiento poco democrático, pero las y los ciudadanos  recuperamos la institucionalidad, estando a la altura del compromiso democrático requerido. 

Lo que viene desde una mirada por la igualdad

La tarea para el nuevo gobierno será titánica. Desde una mirada que busca la igualdad entre hombres y mujeres como uno de los elementos centrales del desarrollo de un país y del bienestar de su población, podemos mencionar algunos temas imprescindibles: la urgencia de garantizar servicios de salud de calidad, universales y pertinentes culturalmente, que sean efectivos para reducir  los embarazos en adolescentes, y terminar con la violencia obstétrica y la muerte materna;  la necesidad de que toda la población tenga acceso a los beneficios de la seguridad social, incluyendo a las mas de 2 millones de trabajadoras del hogar; garantizar los derechos laborales para todas las personas; establecer medidas, servicios, infraestructura y políticas para promover la corresponsabilidad social y de género en el trabajo doméstico y de cuidados; así como el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos, entre otras.

Además, el nuevo gobierno da algunas señales de optimismo. Es la primera vez que, al aceptar el triunfo, un candidato menciona a las diversidades sexo genéricas, la marginación que han vivido los pueblos indígenas, el olvido al que los gobiernos han sometido a las personas que viven en pobreza, y la urgencia de la inclusión y de la reconciliación. La inclusión será central para la agenda de igualdad, nos toca pasar a las acciones concretas para hacerla posible.

Los avances de la paridad

Nos congratulamos por el avance significativo en paridad. En un hecho sin precedentes en la historia el legislativo jugará un papel central en esta democracia al ser reflejo de la inclusión. Es la primera vez que tendremos un Congreso Federal con paridad de género: en el Senado habrá 53% de mujeres y en la Cámara de Diputados 49%.

Esto es un triunfo de la sociedad civil organizada, particularmente del movimiento feminista, en colaboración con aliadas/os de muy diversos ámbitos, que culminó en la reforma político electoral de 2014 y la aprobación de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) que establecen la paridad de género para todos los cargos de elección popular. Es un avance trascendente hacia la igualdad y la no discriminación pues logra la inclusión de las mujeres en la representación política en condiciones numéricas de igualdad con los hombres, enriqueciendo el ejercicio democrático y rompiendo con prejuicios y estereotipos.

Más allá del Congreso, el nuevo gobierno ha anunciado ya el primer gabinete paritario en la historia del país, en el que además, carteras estratégicas y tradicionalmente ocupadas por hombres como las secretarías de Gobernación, Economía o Energía estarán ocupadas por una mujer. Todas ellas con trayectoria probada y de gran trascendencia en sus respectivas especialidades.

Finalmente y para mayor celebración, es la primera vez que la Ciudad de México, una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo, elige como jefa de gobierno a una mujer.

Mas allá de la igualdad de género, en esta legislatura habrá al menos 13 representantes que se autoreconocen como indígenas, 4 son mujeres. Esto es un pequeño avance hacia las reivindicaciones de los pueblos originarios de participar en la vida política del país, aunque aun estamos lejos de lograr que lo hagan en términos proporcionales a la población que representan (20% de la población del país es indígena) y menos aún, en condiciones de igualdad, como lo demostró la participación de Marichuy en la contienda electoral.

El bono democrático con el que los ciudadanos acudimos a las urnas nos permite que no se plantee la necesidad de una reforma política, pero sí la de fortalecer nuestras instituciones. El Legislativo y la nueva administración podrán iniciar su periodo sin cuestionamientos graves sobre la legitimidad de la democracia, lo que en el mejor de los casos nos llevará a la discusión de cuestiones sustantivas. Los legisladores y legisladoras tendrán el gran compromiso de lograr cambios hacia la inclusión. Esperamos que retomen la agenda central y jueguen el papel histórico que la  ciudadanía les han otorgado con su mandato.

La legimitimidad con la que llega el nuevo régimen nos permitirá fortalecer las instituciones. Reconociendo la importancia de lo que ya hemos hecho, es necesario impulsar la agenda de transparencia, acceso a la información, eficiencia y responsabilidad gubernamental. Es importante modificar marcos legales, pero no pensar en construir todo desde cero. La inclusión de grupos diversos debe estar acompañada de un plan institucional para atenderlos con responsabilidad, desde su visión, y bajo el marco de derechos. Las mujeres, poblaciones indígenas y afromexicanas, jóvenes, y personas con discapacidad, por mencionar algunos, requieren que sus derechos sean garantizados.

Lo que demuestra la alegría ciudadana es que también hemos madurado políticamente: ya no dejaremos todo en las manos del gobierno y del presidente. Nos queda reconocer las responsabilidades de todas y todas en la construcción de un país diferente: comenzamos por ir a votar, pero ahí no termina la participación ciudadana. Para muestra la iniciativa El Día Después. La construcción de un nuevo país requiere de la participación de todas las personas, desde la oposición y la exigencia de derechos, pero también tendiendo puentes y aportando soluciones para la resolución de problemas.

Como organizaciones de la sociedad civil nos implicará repensar, dejar de concebirnos como los portavoces legítimos de la ciudadanía responsable y progresista, reconocer a las otras voces y redimensionar nuestro papel en esta democracia. Las formas son nuevas, quizás no serán las que más nos gusten, pero darán cabida a todos los actores políticos.

Estamos frente a un momento sin precedentes, el nuevo gobierno parece ser consciente de su responsabilidad histórica frente a un país hecho trizas; pero también la ciudadanía adquiere sentido de su papel en el espacio público.

 

@ISBeauvoir

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