Parirnos libres: partería y salud pública

A nivel global existe cada vez mayor conciencia sobre la importancia de considerar el parto como un proceso natural que no requiere intervención médica salvo cuando ocurren complicaciones, así como brindar atención de calidad en materia de salud sexual y reproductiva.

Por: Eugenia Likar

A las parteras

 

Me pregunto cuántas de nosotras crecimos con miedo al parto. En mi caso la maldición bíblica parirás con dolor y los relatos de las mujeres de mi familia, plagados de lo que ahora identifico como violencia obstétrica, no encontraban correlato con las escenas de películas que me mostraban a una parturienta con un leve sudor facial que paría tras un grito y dos pujos. Lo cierto es que para la mayoría de nosotrxs el parto es algo desconocido que ocurre tras los muros infranqueables de los hospitales, algo que no hemos visto ni presenciado en nuestras vidas.

Desde que me enteré que estaba embarazada pude sentir cómo mis decisiones en relación al parto o la futura crianza se volvían objeto de juicio de todo el mundo, incluso de personas desconocidas. A diferencia de lo que ocurre con muchas mujeres, niñas y personas de colectivos históricamente minorizados, yo he tenido el privilegio de tomar decisiones fundamentales para dirigir mi propia vida: si estudiar o no, qué estudiar, dónde y con quién vivir, qué parejas tener, en qué trabajar, etc. No fue hasta el embarazo y la maternidad que sentí cómo, de repente, mis decisiones y mi cuerpo parecían dejar de pertenecerme.

Movida por el miedo y el desconocimiento, elegí una cesárea. Una pinchadura por acá, un corte por allá, pánico al dolor, un grupo de médicos que me trató condescendientemente, lenguaje técnico, una luz blanca enceguecedora, olor a carne quemada y drogas. Unos años después tuve el gusto de trabajar con parteras y descubrir a través de otras mujeres que el parto no sólo se trata de dolor sino de una experiencia profundamente transformadora que te fortalece como persona. Que es una vivencia singular y que hay tantos partos como parturientas, así como hay tantas maternidades como madres. Que puede no ser tan terrible como me lo imaginaba y que definitivamente no se parece en nada a lo que nos muestran en las películas. Que puede haber sangre, heces, gritos, dolor, placer, líquidos, sudor, ruidos guturales, soberanía, sabiduría ancestral, intimidad, emoción que brota por todos lados y una belleza incomparable. Descubrí con tristeza cómo el patriarcado nos expropia estas experiencias que atañen a nuestra sexualidad y, por lo mismo, a lo más personal, autónomo y poderoso que habita en nosotras.

Aprender y desaprender

El temor de tantas mujeres y personas gestantes[i] al parto no es gratuito; la forma en la que estamos cediendo un enorme bastión de poder, postergando la sabiduría que poseemos y olvidando poco a poco que se trata de un proceso tan natural como digerir, excretar o tener sexo, responde a siglos de adoctrinamiento para concebir al cuerpo como algo impúdico que hay que controlar. Desde tiempos remotos las mujeres hemos sido enseñadas para desconocer, reprimir o rechazar nuestra menstruación, nuestros orgasmos, nuestras sensaciones corporales… Esto no ha cambiado demasiado en la sociedad actual y de muestra basta un botón: las publicidades de toallas sanitarias nos muestran líquido azul en lugar de sangre, amamantar en público es una proeza pero nadie se escandaliza con los pezones en las tapas de las revistas -como dice Erikah Badú, la gente está incómoda con la sexualidad que no es para consumo masculino-, y se nos roba el derecho a abortar, pero también a parir como deseamos.

Nos toca desaprender, de la mano de parteras, doulas, parte del personal médico y personas que desde hace años se esfuerzan por construir otras experiencias de parto, aquello que nos fue enseñado. Nos toca entender al parto no sólo como un hecho médico sino como una experiencia humana en la que damos entrada al mundo a otro ser, pero en la que también parimos un nuevo conocimiento de nosotras mismas: “No sabía que podía resistir tanto”, “No sabía que tenía tanta fuerza”… porque en una sociedad como la nuestra, conocernos y aceptarnos es un acto revolucionario; es una forma de honrar a las que nos antecedieron y de dejarles un mejor camino a las que vienen. Con esto no estoy diciendo cómo deberían parir las mujeres, pues estaría repitiendo la lógica patriarcal que no nos reconoce como expertas en nuestras propias vidas. Estoy diciendo que existen muchas formas de atravesar esa experiencia y que es nuestro derecho elegir cómo hacerlo.

El parto, un asunto de salud pública

El parto, al igual que la crianza, es un hecho familiar y social, y por ello, un asunto de salud pública. La mayoría de muertes de mujeres, recién nacidxs y complicaciones a su salud podrían evitarse si recibieran atención calificada antes y durante el embarazo, en el parto y en el puerperio. En la actualidad el 96% de los partos en México se atienden en hospitales de segundo nivel[ii] lo que provoca la saturación de los servicios, la disminución de la calidad y el encarecimiento de la atención. Además, México ocupa el cuarto lugar en el mundo y el segundo en América Latina en tasas de cesáreas, con un incremento de casi el 50% en los últimos 15 años. La partería ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud como un elemento nodal para reducir las tasas de morbilidad y mortalidad relacionadas a embarazo, parto y puerperio, y para garantizar el bienestar de las mujeres, lxs recién nacidxs y las comunidades en general.

Es de vital importancia reconocer la labor que realizan las parteras y concientizar sobre la urgencia de colocar a las mujeres en el centro de la atención materna, informarlas sobre las diferentes opciones que existen y garantizar el pleno respeto de sus derechos humanos. A nivel global existe cada vez mayor consciencia sobre la importancia de considerar el parto como un proceso natural que no requiere intervención médica salvo cuando ocurren complicaciones, así como brindar atención de calidad en materia de salud sexual y reproductiva. También existe una tendencia a invertir en personal de partería para mejorar la calidad y continuidad de la atención[iii].

En México aún tenemos camino que recorrer en ese sentido, pero mientras tanto las parteras siguen acercándonos a otras concepciones sobre la salud, la sexualidad y la reproducción, y siguen garantizando que formas más amables y empoderantes de nacer y parir sean posibles.

 

 

[i] Las personas trans también paren y abortan y por eso resulta más incluyente hablar en términos de cuerpos o personas gestantes.

[ii] Lucille C. Atkin, Kimberli Keith-Brown, Martha W. Ress y Paola Sesia (2016) Fortalecer la partería: Una deuda pendiente con las mujeres de México.

[iii] UNFPA (2014) El estado de la partería en el mundo. Hacia el acceso universal a la salud, un derecho de las mujeres.

 

Close
Comentarios