El siguiente paso: un gobierno abierto feminista

Un gobierno abierto feminista implica reconocer las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres y transformarlas. Aceptar que entre hombres y mujeres, se dan prácticas que impiden el desarrollo equitativo de las mujeres. México podría liderar esta iniciativa con Canadá.

Por: Ximena Andión (@ximena_andion ‏) y Ana Joaquina Ruíz (@ana_joaca ‏)

México es el país de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) con mayor número de embarazos en adolescentes, y, sin embargo, no contamos con datos oficiales de cuántas adolescentes indígenas y afromexicanas han tenido embarazos. Más aún, no contamos con cifras oficiales del número de adolescentes que han realizado una interrupción del embarazo, o bien, que han tenido complicaciones en el embarazo, enfermedades, u otros datos relevantes.

Para poder analizar problemas públicos, generar diagnósticos y soluciones apropiadas, los gobiernos deben producir datos relevantes, así como políticas públicas participativas, fomentando el uso de la innovación tecnológica; de esto se trata el gobierno abierto. A pesar de ser un término que hace algunos años fue tan cuestionado tras las acusaciones del gobierno mexicano de espionaje, creemos que el gobierno abierto no deja de ser una posibilidad sobre la cual vale la pena reflexionar.

¿Qué significa tener un gobierno abierto feminista?

¿Qué es eso  del Gobierno Abierto?

La Alianza por el Gobierno Abierto (OGP) fue creada en 2011 a iniciativa del entonces Presidente de Estados Unidos de América Barack Obama por un grupo de 8 países[1], dentro de los que se encontraba México, con la finalidad de que los gobiernos fueran más transparentes, abiertos y que rindieran cuentas a sus ciudadanos/a. Actualmente la alianza por el Gobierno Abierto cuenta con setenta y cinco Estados parte, lo que cubre una tercera parte de la población mundial. Cada país se compromete a desarrollar un Plan de Acción cada 4 años para fortalecer el buen gobierno con acciones que tienen como principio: la participación ciudadana, la transparencia, la rendición de cuentas y la innovación tecnológica. En torno a la participación ciudadana, OGP implica que juntos, sociedad civil y gobierno, creen juntos, alternativas para atender los problemas públicos que afectan a los países.

México ha desarrollado dos planes de acción, el último ha sido muy accidentado debido a la denuncia de espionaje hecha por miembros de la sociedad civil. El caso conocido como #GobiernoEspía documentó  que el hubo intevención de teléfonos celulares  y fue realizado  a través de un software comprado por el gobierno federal. Independientemente de la gravedad de este incidente, nuestro país ha sido activo en la comunidad de gobierno abierto. Por ejemplo, ocupó la pasada presidencia del OGP, desarrolló una Estrategia Digital Nacional, implementó  datos abiertos en algunos sectores y desarrolló, entre otros, el desarrollo de una Guía de Apertura Anticorrupción.

La actual presidencia del OGP la tiene Canadá, quien ha mencionado su interés de crear un gobierno abierto feminista. Creemos que es importante reflexionar sobre un gobierno abierto de esta naturaleza, ya que, a pesar de que en la teoría el Gobierno Abierto puede sonar mejor que en la realidad, sí ha permitido dialogar sobre nuevas formas de gobernanza, más modernas y más eficaces, donde la participación de la sociedad civil está en el centro.

Si la revolución será feminista el gobierno abierto también lo será

La Presidencia de esta Alianza, que es rotativa, recae actualmente en el gobierno de Canadá quien ha señalado que una de sus prioridades será lograr un Gobierno Abierto Feminista. Así como ahora hay países que tienen una política exterior feminista (como Suecia) Canadá quiere promover que la Alianza por el Gobierno Abierto realmente transversalice la perspectiva de género.

Un gobierno abierto feminista implica, más que transversalizar la perspectiva de género, reconocer las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres y transformarlas. Es decir, aceptar que en la práctica cotidiana, en las relaciones entre hombres y mujeres, se dan prácticas que impiden el desarrollo equitativo de las mujeres. Implica reconocer los problemas de las mujeres como problemas sociales, reconocer el trabajo doméstico y de cuidados, aceptar la aportación de las mujeres en el ámbito laboral y cuestionar la falta de igualdad. Esta perspectiva nos permite ampliar la perspectiva de desigualdades no sólo a las mujeres, sino a grupos no reconocidos en las políticas, como poblaciones indígenas, afrodescendientes y grupos LGBTI.

Así pues, tener un gobierno abierto feminista implica trabajar en tres niveles: a nivel OGP, a nivel de los países mediante los planes de acción y mecanismos de participación y a nivel de las prácticas de gobierno abierto.

A nivel institucional es fundamental que se establezca la paridad de género en todos los órganos y espacios de toma de decisiones de la Alianza por el Gobierno Abierto. También es prioritario que las mujeres que ocupen esos espacios representen  a la diversidad de mujeres y experiencias con particular atención en incluir a mujeres del sur global; se deberían incluir también mujeres indígenas y afrodescendientes, así como a población LGBTI.

Con la finalidad de monitorear que en la gobernanza de OGP se incluya la perspectiva de género se podría establecer un grupo de trabajo sobre Género y Gobierno Abierto que pueda ir aportando directrices que normen el actuar de la alianza. Asimismo, podría establecerse una unidad técnica que brinde apoyo a los gobiernos en la realización de sus planes de acción para asegurar que se incluya la perspectiva de género. En muchas ocasiones, aunque los gobiernos tengan voluntad política, no tienen las herramientas para integrar la perspectiva de género.

A nivel de los países es fundamental que haya compromisos en los planes de acción sobre derechos de las mujeres e igualdad de género como ocurrió en el caso del último Plan de Acción de México 2016 – 2018. en el cual se incluyó el compromiso de establecer una estrategia nacional de cuidados. Sin embargo, tener compromisos específicos sobre igualdad de género no es suficiente: se requiere realmente transversalizar la perspectiva de género en todos los compromisos de los planes de acción. Ello implica considerar las experiencias y necesidades específicas de las mujeres, tener en cuenta el impacto diferenciado que por ejemplo la falta de acceso a servicios tiene en las mujeres y desarrollar acciones que vayan orientadas al cierre de las brechas de desigualdad y la transformación de los roles de género. La igualdad de género no es un “checklist” o contar cuantas mujeres “beneficiarias” hay, implica acciones y políticas de carácter transformador.

Para tener buenos datos abiertos, se requiere implementar en los Planes de Acción la perspectiva de género. Es decir, requerimos desagregar los datos por sexo (y no para todo ni en todos los países tenemos esos datos), por origen étnico y edad. También importa qué se mide pues hay muchas cosas sobre los temas de mujeres que son invisibles, como la violencia doméstica o el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizamos. Aunado a lo anterior, los planes de acción deben hacerse asegurando la participación de organizaciones feministas y que se incluyan como líderes en algunos de los compromisos junto con organizaciones.

Sobre las prácticas de gobierno abierto, creemos necesario  incluir a organizaciones feministas como corresponsables de compromisos junto con una organización con más experiencia en Gobierno Abierto (como ocurrió en el Plan de Acción de México 2016 -2018). Hay que asegurar que organizaciones feministas estén en los núcleos de monitoreo de los compromisos, es decir,   los gobiernos deberían desarrollar acciones para difundir los temas de gobierno abierto con organizaciones feministas y generar capacidades para utilizar herramientas de transparencia y acceso a la información y gobierno abierto. Si dichas organizaciones acompañan la implementación y monitorean el proceso, seguramente incluirán una perspectiva transformadora.

Finalmente quizás el cambio más radical es de carácter estructural, es cultural y muy difícil de aprehender. Tiene que ver con el cambio de actitudes de quienes participan en la Alianza por el Gobierno Abierto. ¿Cómo poner fin a los micro-machismos como el mansplaining u otras prácticas que segregan a las mujeres de la toma de decisiones? ¿Cómo poner fin a prácticas machistas más radicales y dolorosas como el acoso?

En la práctica, implementar una visión feminista del gobierno abierto implica pensar en cómo aterrizar prácticas innovadoras como: liderazgos más horizontales, más constructivos y más pegados a las comunidades. El reconocimiento de estas prácticas permite una mayor inclusión de grupos tradicionalmente marginados y su participación efectiva para la co-creación y la innovación en políticas; permite, por tanto, reducir las desigualdades de forma sustantiva. Así pues, el gobierno abierto feminista tendría prácticas innovadoras en participación ciudadana que permitieran resolver los problemas de las personas desde los propios objetivos de dichos grupos y desde la corresponsabilidad.

Creemos, entonces, que México tiene una gran oportunidad de liderar, junto con Canadá uno de sus socios comerciales y vecinos, esta cruzada por el Gobierno Abierto Feminista. El nuevo gobierno poco ha hablado de gobierno abierto pero ha dicho estar interesado en él, por lo que esperamos que se entienda la pertinencia e importancia de ponerse a la vanguardia como líder mundial. No sólo en datos abiertos y gobierno abierto, sino en la generación de prácticas que reduzcan las desigualdades, es decir, que sea un gobierno abierto feminista.

 

@ISBeauvoir

 

Referencia: 

[1] Brasil, Indonesia, México, Noruega, Filipinas, Sudáfrica, Reino Unido y Estados Unidos de América.

Close
Comentarios