4 años después de tener un aborto

Estar embarazada sin la posibilidad ni el deseo de tener un/a hijx en ese momento, en una sociedad como la nuestra, no significa estar contra la espada y la pared, sino estar en el medio de dos espadas filosas que te desgarran de a poquito.

Por: Antonella

 

El presente testimonio es una colaboración voluntaria desde Ecuador, nos llega en el marco de nuestra campaña Hablar es chido, por la desestigmatización del aborto, iniciativa impulsada por REDefine, red de liderazgos jóvenes del ILSB. Está escrito bajo pseudónimo para proteger la integridad de la autora.

 

El 28 de septiembre (día Global por la Despenalización del Aborto) del 2014, me despertaba con un fuerte dolor abdominal y un extraño vacío en un quirófano clandestino en Ecuador. En este pequeño país de América Latina, el aborto está criminalizado; tan sólo en 2017 se procesaron judicialmente a 62 mujeres por el delito de aborto.[1]

Salía de un profundo sueño y, mientras lo hacía, recordaba al doctor y a la amable enfermera que me anestesió, escuchaba el eco de su voz que contaba despacio mientras yo caía dormida. Antes de entrar por completo en el sueño, alcancé a sacar las más sinceras y sentidas palabras: “Gracias, gracias doctor, gracias”.

Recuerdo mi aborto como una de las experiencias más duras de mi vida. La criminalización, el castigo, el abandono y el desamparo de la sociedad me hacían sentir derrotada, culpable, maldita. Yo, que siempre tuve la fuerza para luchar en contra de las injusticias que sufren otras personas, no tenía la fuerza para enfrentar una injusticia que me afectaba a mí directamente. Estar embarazada sin la posibilidad ni el deseo de tener un/a hijx en ese momento, en una sociedad como la nuestra no significa estar contra la espada y la pared, sino estar en el medio de dos espadas filosas que te desgarran de a poquito.

En ese momento yo ya me sentía feminista, pero ahora me doy cuenta que tan solo daba mis primeros pasos. El feminismo es así, un día te da la mano y nunca más te suelta, pero toma tiempo interiorizarlo. Poco a poco, de la mano del feminismo, se ha ido generando esa fuerza interna que va creciendo dentro de mí con cada pasito que doy. Hoy, 4 años más tarde, siento que soy una mujer mucho más fuerte, empoderada y, sobre todo, más consciente de lo que me pasó antes y después de mi aborto.

El antes: cambiar mi propia historia

Lo único que haría para cambiar parte de mi propia historia es regalarme el recuerdo que, en ese momento por supervivencia, borré de mi memoria.

Fue hace más o menos uno o dos años que -gracias al feminismo y trabajo personal- tuve la fuerza para recordar que el hombre que me embarazó tomó la decisión de venirse dentro de mí sin condón, sin mi consentimiento.

Durante el acto sexual yo estaba borracha, dormida.

Ahora recuerdo que al despertar desnuda y ver la mancha en la sábana, lo llamé y él no contestó. No volvió a contestar el teléfono hasta un mes más tarde, cuando recibió la noticia de mi embarazo.

Su emoción por ser padre era grande y sobrevino una discusión en la que él quería continuar con el embarazo y yo defendía mi decisión de hacerme un aborto. Defendí mis  derechos, mi cuerpo y mi vida; la situación me hizo sentir atravesada por la violencia del machismo, el peso de un sistema patriarcal que caía sobre mí.

Desde el acto sexual, él tomó decisiones sobre MI cuerpo y sobre MI vida sin verse afectado en lo más mínimo. Lo que no pude ver en aquel entonces y entiendo hoy en día, es que la sociedad no lo castiga ni lo criminaliza a él, ni a ningún hombre en esa misma situación.

La sociedad acepta que un hombre abuse de una mujer, acepta que un hombre abandone a una mujer, acepta que un hombre abandone a su familia, hijas e hijos. En otras palabras, que ellos renuncien a su paternidad es tan común que no pasa nada. Pero para quienes nos embarazamos el aborto es ilegal, criminalizado, socialmente condenado y terriblemente castigado.

El después: quisiera poder decirte tantas cosas

A la Antonella de hace 4 años quisiera decirle tantas cosas, como por ejemplo que hoy, 4 años después, no sufro cuando pienso en mi aborto. Al contrario, estoy agradecida que, de alguna injusta manera, pude tomar esa decisión y, sobre todo, que salí viva de ese quirófano a diferencia de muchas otras mujeres que pierden sus vidas al practicarse abortos inseguros.

También quisiera decirle que abrace la tristeza y el miedo que tenía antes y después de abortar; a pesar de que son sensaciones difíciles de cargar, van a pasar y cuando pasen se convertirán en la fuerza que permitirá dar la mano y acompañar a mujeres jóvenes que llegarán desesperadas a pedir ayuda. Quisiera decirle que esa fuerza es la que abrirá muchas puertas a nuevas búsquedas; nuevos lados de los feminismos y la lucha por despenalizar el aborto. Esa fuerza va a ser clave para después defender mi cuerpo, mis decisiones y mis derechos. La vida cambiará desde que salga de ese quirófano.

Decirle, también, que cuenta con todo mi apoyo. Y que a pesar de las incertidumbres e inseguridades, se quede tranquila.

Al final, esa Antonella de hace 4 años tomó las mejores decisiones y llevó las cosas de la mejor forma posible. Recordarle que tiene suerte y privilegios para este mundo en el que vivimos, porque su aborto, a diferencia de muchos, no tendrá complicaciones. Al contrario, va a recibir todo el cariño y apoyo de personas muy cercanas, que ayudarán a que su sanación sea pronta.

No sufro, exijo justicia

Hoy, 4 años más tarde, no sufro al pensar en mi aborto, pero sí cuando pienso en las demás, las que no tienen los privilegios ni el apoyo; las que van a la cárcel y las que mueren porque no pueden acceder a abortos seguros.

Por eso el aborto es un tema de derechos, poder decidir sobre tu cuerpo, decidir ser o no ser madre, cuándo y con quién; y, sobre todo, que esa decisión no ponga tu vida en riesgo.

El aborto es un tema de justicia social. En América Latina 3 de cada 4 abortos suceden en condiciones inseguras, yo fui ese 1 aborto que sucedió en condiciones seguras.[2]

No sorprende que cada año entre 760,000 mujeres latinoamericanas reciban tratamiento por complicaciones con sus abortos, como hemorragia e infecciones.[3] Yo no soy parte de esa estadística y ninguna mujer debería serlo, el aborto debe ser legal, seguro y gratuito.

Cuando pienso en mi aborto, pienso también en todos esos hombres que, sin consultar, toman la decisión de no ponerse un condón y después no permiten que las mujeres recurran a un aborto. Pienso en los hombres que abandonan a una madre a la que prohibieron que abortara. Me enojo cuando pienso en todas las mujeres muertas por abortos inseguros y los hombres responsables de esas muertes. Me enojo, aún más, cuando pienso en estas sociedades que entregan el cuerpo y la vida de las mujeres a los hombres, y ellos son quienes deciden sobre nosotras, hacen lo que se les da la gana con nuestros cuerpos, y estas sociedades en vez de rechazarlo lo celebran y a nosotras nos encierran.

Gracias a las mujeres que me dieron la mano antes, durante y sobre todo después del aborto, ese enojo se transformó en la fuerza que encendió en mí la llama de la lucha por la despenalización del aborto. Junto a esas mujeres, los espacios de encuentro son más que espacios de activismo, son lugares en los que se entrecruzan miradas y sonrisas cómplices. Entre nosotras nos acompañamos en los dolores, los enojos y la felicidad de nuestras historias. Nos abrazamos y nos transmitimos la alegría de caminar las unas junto a las otras, uniendo fuerzas para que la llama de la lucha continúe propagándose en toda América Latina, para que cualquier mujer en cualquier lugar del continente pueda decidir libremente sobre su cuerpo sin poner en riesgo su vida.

Por todas las mujeres latinoamericanas: aborto legal, seguro y gratuito. #QueSeaLey

 

@ISBeauvoir

 

 

[1] Según los artículos 147 a 149 del Código Orgánico Integral Penal de 2014 se establecen los casos en que el aborto está judicializado. Se penaliza con prisión de seis meses a 2 años en el caso que la mujer consienta voluntariamente el aborto o se lo cause. El aborto solo es legal en los casos de:  peligro de vida o salud de la mujer embarazada y violación cometida en una mujer que padezca “demencia”.

[2] Organización Mundial de la Salud, Prevención del aborto peligroso, 2018. Disponible aquí.

[3] Guttmacher Institute, Aborto en América Latina y el Caribe, 2018.

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