México: país del delito de honor

El delito de honor en México está vigente y en plena forma. Se disfraza con un discurso nuevo, pero su aparato simbólico sigue siendo firmemente patriarcal: se da por sentado que “el honor” es únicamente masculino y se aplica únicamente en contra de las mujeres, sobre todo en defensoras de derechos humanos y periodistas.

Por: Emanuela Borzacchiello

Digan la verdad: cuando piensan en el delito de honor, ¿con qué lo relacionan? En la mayoría de los casos, con una sociedad arcaica que legitima al hombre que mata a una mujer cuando “su mujer” lo traiciona. Un castigo machista que relacionamos con una premodernidad que logramos superar.

Falso. La verdad es otra. El delito de honor en México está vigente y en plena forma. Mejor dicho: en otra forma. Se disfraza con un discurso nuevo, pero su aparato simbólico sigue siendo firmemente patriarcal: se da por sentado que “el honor” es únicamente masculino y se aplica únicamente en contra de las mujeres, sobre todo en defensoras de derechos humanos y periodistas. Veamos cómo.

La aplicación

Partamos de un caso concreto: estado de Michoacán, enero, 2018. Se forma el Comité para evaluar la necesidad de emitir la Alerta para la violencia de género en Michoacán. Alrededor de la mesa hay académicas y académicos, representantes institucionales y Humana, la organización civil solicitante de la Alerta por el estado.

“Los procesos de conformación del comité no están claros, no son públicos y son sumamente discrecionales por parte de Conavim. Entre el 15 y el 22 de enero, justo durante la conformación y la entrega del Comité, algunas estudiantes de la universidad avisan a Humana y a su directora, Circe López, que unos de los integrante del Comité, un académico, tiene una denuncia por hostigamiento grave”.

Andrea Medina, abogada experta en violencia de género, nos narra la sucesión de los hechos: “La chica que lo denunció nunca tuvo respuesta por parte de la Universidad a su denuncia. Las estudiantes presentaron una copia de la denuncia a la directora de Humana, Circe López, que pidió la destitución inmediata del académico”. Desde el primer momento circula la denuncia de la víctima con sus datos personales, mientras que se resguarda el nombre del acosador. La situación es paradójica, y va más allá.

“El académico presenta una queja a la Comisión de Derechos Humanos de Michoacán y denuncia a la directora de Humana por delito de honor. Es la misma Comisión la que le recomienda proceder mediante este delito”.

Lourdes Enríquez, abogada experta en violencia feminicida, subraya que éste es un caso simbólico porque se utiliza el delito de honor para criminalizar a las defensoras de los derechos humanos que defienden a víctimas y a periodistas que posicionan politicamente los casos. Cuando no se quiere enfrentar directamente a la víctima, se ataca a quien la defiende. Afectar el decoro, la reputación, el honor y la vida privada de una persona física o moral es un delito ambiguo y abierto porque se tiene que demostrar en qué constituye un delito de daño moral.

En abril de 2007 entró en vigor la despenalización de delitos como la calumnia, la difamación y la injuria en el Código Federal. En Michoacán, en julio de 2007 se derogaron los delitos contra el honor, que incluían difamación y calumnia. Pero en el 2012 el delito de honor vuelve a introducirse  en el código penal.

Para Andrea Medina: “El problema es que hay entidades federativas en las que sigue vigente y lo grave es que en la actualidad no hay un análisis para saber en cuántos estados el honor sigue tipificado como delito. Es un castigo machista y se tiene que eliminar del código penal. En nuestro sistema penal y en la procuración de justicia, las mujeres no hemos ganado credibilidad. El contexto en el que vivimos es patriarcal. El movimiento de mujeres en México ha creído que bastaba con promulgar una ley, sin atender a su aplicación. Pero no. Hay que vigilar constantemente la aplicación de la ley”.

Silenciando los temas

Otro caso de mujeres acusadas por delito de honor lo encontramos en unos de los lugares más inesperados: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). “El director de comunicación social de la CNDH fue denunciado penalmente por hostigamento sexual por tres chicas de la misma oficina. Él las demanda por ataque al honor: es una forma de zafarse para no discutir el tema. Hay procedimento ocultos, como usar un delito que aborda otro tema para tapar los casos de violencia contra las mujeres. Impiden que se pueda hablar del tema.

¿Desde el feminismo qué podemos hacer? Discutir para acordar cuál es la mejor manera de presentar los casos. ¿Cuántos hechos podemos denunciar como ataque al honor pero no lo hacemos? Ellos tienen tienen derecho a la presunción de inocencia, pero eso no significa que nosotras no podamos hablar de ellos, depende de cómo lo hagamos: hemos de decidir si nos interesa hablar de ellos o si lo mejor es exponer el tema. En todos los casos lo que hay en el fondo es el acceso a la justicia para las mujeres víctimas de hostigamiento o violencia sexual. La Suprema Corte emitió una jurisprudencia con la metodología para juzgar con perspectiva de género en seis pasos: no tiene desperdicio, es una maravilla. ¡Solo que no la aplican!”, afirma Medina.

Históricamente este tipo de delito de honor se ubica en el ámbito penal como forma de control y en contra de la libertad de expresión. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión incluye los llamados “delitos contra el honor”, entre las injurias y las calumnias, utilizados con los mismos fines que el delito de desacato. Una regulación deficiente en esta materia, o una aplicación arbitraria, puede conllevar que de poco sirva la ya recomendada derogación de las leyes de desacato. Esta afirmación ya fue expresada en los Informes de la Relatoría, y, hasta la fecha, no se registran avances sobre la cuestión. Solo retrocesos.

 

@LNDiversidades

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