Derechos de las personas con discapacidad

Las causas de la discapacidad no son religiosas ni por cuestiones médicas sino sociales, ya que es la sociedad la que limita y no presta los servicios adecuados para que las personas con discapacidad puedan ejercer sus derechos humanos.

Por: Norma González Benítez

La construcción de los derechos humanos es una espiral que se desarrolla, evoluciona y estira a lo largo del tiempo; es el resultado de la suma de movimientos sociales impulsados por diversos sectores de la población, cuyas victorias han conformado el discurso de derechos, logrando cierta estabilidad o nuevo ordenamiento social que será escenario de la conformación de nuevos movimientos sociales a los que se irán sumando nuevos grupos que se apropiarán del discurso para exigir ser incluidos en él.

Pese a que en la construcción del discurso de derechos humanos las personas con discapacidad no fueron pensadas, peor aún, explícitamente fueron excluidas de él al negarles su capacidad jurídica, paradójicamente el discurso de derechos humanos sembró las bases para que, en la segunda mitad del siglo XX, las personas con discapacidad enmarcaran sus demandas y construyeran el modelo social de la discapacidad que posteriormente daría como resultado la redacción de la Convención por los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Para el historicismo, los derechos humanos tienen su fundamento en las necesidades humanas y en la posibilidad de satisfacerlas. Su composición estará en función de lo valores constituidos en una comunidad histórica concreta y de los fines que ella misma pretenda realizar[i].

Esta postura es importante porque nos permite comprender el surgimiento de los derechos humanos como una construcción social, resultado de luchas sociales contra el poder y la opresión, en constante evolución, a la que cada vez se suman nuevos actores que resignifican los derechos para dar surgimiento a nuevos derechos.

A estos nuevos actores, Enrique Dussel los llama “los sin derecho” o sin derechos todavía reconocidos, institucionalizados o vigentes, y los define como ciudadanos excluidos, probablemente no intencionalmente, del ejercicio de nuevos derechos, quienes al verse relegados y tener conciencia de ser sujetos de derechos se conciben a sí mismos como víctimas del cuerpo del derecho o del sistema de derecho[ii]. Los sin derecho, cuando pugnan por el reconocimiento de algún o de sus derechos, “son el momento creador histórico, innovado, del cuerpo del derecho humano”[iii].

Nyamu-Musembi Celestine irá más lejos, pues propone examinar los derechos desde la perspectiva de las luchas sociales a través de lo que llama una “perspectiva de los actores” que analiza no sólo el contexto de dichos derechos sino también las consecuencias para los grupos o personas en desventaja, quienes al preguntarse para quién funciona tal derecho, cambian los términos de las interpretaciones institucionalizadas y les dan cuerpo en su propio contexto[iv].

Por su parte, Neil Stammers propone una versión histórica de los derechos humanos que da cuenta de la construcción social de los derechos humanos centrada en analizar los procesos económico, político y cultural de las luchas sociales más que los resultados[v].

Desde esta visión histórica tenemos una mayor comprensión acerca del surgimiento del movimiento de la discapacidad que, pese a que surge hasta finales de los años 60 y principios de los 70, comienza a gestarse con el auge de los derechos humanos y tiene sus antecedentes en el modelo rehabilitador de la discapacidad, a través del cual históricamente se ha concebido a la discapacidad.

Con el desarrollo de la ciencia y los avances en la tecnología en el siglo XX aparece el modelo rehabilitador, el cual atribuye las causas de la discapacidad a lo científico. Se habla de la discapacidad ya no en términos diabólicos o divinos (como en el modelo de prescindencia que le antecede), sino en términos de enfermedad o salud, por lo que las personas con discapacidad ya no son eliminadas, sino rehabilitadas o “normalizadas”, para lo cual tendrán que ser institucionalizadas en hospitales o centros especiales para su tratamiento[vi], muchas de ellas, hasta el día de hoy, en contra de su voluntad.

En este modelo aparece la beneficencia como respuesta social a la discapacidad que, a diferencia de la caridad, relacionada con la religión, es atribuida a la sociedad en general y al Estado paternalista[vii].

Mientras los Estados buscan rehabilitar a las personas con discapacidad, el mundo atravesaba por dos guerras mundiales y la Guerra Fría que, está por demás decir, dejaron un saldo de miles de personas muertas y otras tantas con discapacidades físicas y psicosociales.

Después de la Primera Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, en medio de disputas políticas de intereses entre las dos facciones de países conformadas por los capitalistas (quienes pugnaban por dar mayor peso a los derechos civiles y políticos) y los socialistas (partidarios de dar mayor peso a los derechos económicos, sociales y culturales) se da la conformación de lo que hoy es la Organización de las Naciones Unidas[viii] y la redacción de la carta que le da fundamento y los documentos que conforman la Carta Internacional de los Derechos Humanos, lo que marca el nacimiento formal de los derechos humanos, vistos como un proyecto ético-jurídico internacional[ix] y el inicio de la era de las convenciones marcada por la exigencia de grupos a ser incluidos y reconocidos.

En este contexto, y como resultado indirecto pero inevitable de la construcción del discurso de derechos humanos, surge el modelo social y de derechos humanos de la discapacidad que sostiene que las causas de la discapacidad no son religiosas ni por cuestiones médicas sino sociales, ya que es la sociedad la que limita y no presta los servicios adecuados para que las personas con discapacidad puedan ejercer sus derechos humanos. Esta concepción rompe con todos los esquemas anteriormente planteados.

El movimiento social que construye el modelo social de la discapacidad surge a finales de los años sesenta y principios de los setenta en Inglaterra y Estados Unidos, cuando las personas con discapacidad, principalmente quienes estaban institucionalizadas -los “sin derechos” desde la perspectiva de los actores planteada por Nyamu-Musembi- cuestionan los planteamientos del discurso de derechos humanos y se preguntan para quién funciona. La respuesta por supuesto les excluía, por lo que cambian los términos de las interpretaciones institucionalizadas y desde su contexto condenaron su estatus de “ciudadanos de segunda clase” y visibilizaron las barreras sociales como la inaccesibilidad a los inmuebles y las actitudes discriminatorias por parte de la sociedad en general[x].

En Estados Unidos surge el Movimiento de Vida Independiente, conformado por personas con discapacidad que, bajo las ideas americanas de capitalismo de mercado, independencia, libertad política y económica, enmarcaron sus demandas y exigieron, por un lado, ser desinstitucionalizadas y desmedicalizadas, por el otro pidieron oportunidades para desarrollar sus propios servicios de mercado y que la rehabilitación se basara en sus propios objetivos. Además exigieron dirigir o ser consideradas en la elaboración de los programas sociales que las asistían[xi].

En Reino Unido, el movimiento exigía que dejaran de ser vistas como un grupo vulnerable y necesitado de protección y que se les permitiera definir sus propias necesidades y servicios prioritarios[xii]. En resumen, el movimiento exigía que las premisas de la democracia y de los derechos humanos que construyen la idea de ciudadanía, la autonomía y libre determinación, fueran reconocidas también en ellas. Es decir, exigieron ser sujetos de derechos.

Así, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad es el resultado de la “vernacularización legal”[xiii] de los derechos por parte del movimiento de la discapacidad, que utilizó el discurso de los derechos humanos para enmarcar sus demandas y cuyo lema que abanderó su movimiento fue “nada sobre nosotros sin nosotros”.

 

@LNDiversidades

 

 

 

[i]Fernández, Eusebio (1987). “El problema del fundamento de los derechos humanos”, en Anuario de Derechos Humanos, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, Vol. I, 93.

[ii] Dussel, Enrique (2001). Hacia una filosofía política crítica, España, Declee de Brouwer, p.151.

[iii] Íbidem., p. 152.

[iv] Nyamu-Musembi, Celestine (2005). “Hacia una perspectiva de los derechos humanos orientada a los actores”, en Naila Caber (ed.), Ciudadanía incluyente: significados y expresiones, México, PUEG-UNAM, p. 38.

[v] Stammers, Neil (2005). “La aparición de los derechos humanos en el Norte: hacia una revaloración histórica”, en Naila Caber (ed.), Ciudadanía incluyente: significados y expresiones, México, PUEG-UNAM, pp. 57-74.

[vi] Palacios, Agustina (2008), El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, Colección Cermies, España, Ediciones Cinca, p. 66.

[vii] Íbidem., p. 85.

[viii]González, Nazario (2002), Los derechos humanos en la historia, México, Alfaomega-Universidad de Barcelona, pp. 170-184.

[ix]Anaya Muñoz, Alejandro y Estévez Lopez, Adriana (2017), “Construcción Internacional de los Derechos Humanos”, de la Serie de Guías de Estudio de la Maestría en Derechos Humanos y Democracia, México, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, p. 30.

[x] Op. Cit., Palacios, Agustina, p. 107.

[xi] Idem.

[xii] Íbidem., p. 108.

[xiii] Op. Cit., Nyamu-Musembi, p. 43.

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