Los baños que importan

El género como matriz que organiza no solamente los roles en la sociedad, sino que se mete hasta en la organización de las secreciones corporales, produce grandes tensiones validando y brindando un espacio seguro solamente a quienes entran en la norma.

Por: Chantal Garduño y David Gutiérrez Castañeda

Desde hace más de un año nos estamos preguntando por baños. Hemos estado inquietxs. Manuel, Paulina, Eugenia, Víctor, Caro, Liz, Iris, Azucena, David, Luis Miguel, Maxime, Marcela y Chantal. Nos situamos en una batería de baños en una institución universitaria pública. Nuestra inquietud es cómo hacer que el baño sea un territorio donde se puedan ejecutar las prácticas de cuidado de forma plena, digna, confortable, segura, íntima y eficaz, discutiendo las normas sociales de diverso orden impuestas a los cuerpos.

El territorio de los baños se ha convertido en el punto de partida para un problema más grande, que implica temas de género, accesibilidad, salud, sexualidad, performatividad, sustentabilidad, ¡entre otros! y así la lista ha ido creciendo conforme nos adentramos más al tema. El género como matriz que organiza no solamente los roles en la sociedad, pero que se mete hasta en la organización de las secreciones corporales, produce grandes tensiones validando y brindando un espacio seguro solamente a quienes entran en la norma. Esta organización definitivamente ya no puede ser considerada como un parámetro válido ni actual para la forma en la cual concebimos los espacios públicos de intimidad. En términos de arquitectura y diseño es claro que esta organización ya no responde a las necesidades que se nos presentan ahora socialmente y es necesario sacar del archivero este tema que ha sido descuidado, sobre todo porque se nos ha enseñado a no hablar del mear ni del cagar, a avergonzarnos de prácticas cotidianas que compartimos como cuerpos, a esconder el baño y todos los temas relacionados con éste, al fondo a la derecha. Siendo parte de una institución educativa, nos parece de suma importancia reflexionar sobre cómo brindar un espacio seguro que responda a las necesidades de los cuerpos y no a las formas de organización social que descalifican y marginan. Aquí empezamos a plantearnos algunas preguntas como punto de partida para rediseñar las baterías de baño de nuestra institución.

Este texto es un ejercicio de escritura experimental donde enfrentamos algunas de nuestras preguntas a reflexiones que han hecho algunos autores y que nos ayudan a pensar este problema desde otros territorios. Aún no tenemos respuestas claras ni afirmaciones categóricas. Léase este texto como una serie de inquietudes. Y sobre todo, es un texto que busca ser franco con nuestras personas lectoras para que nos acompañen a pensar juntxs lo que implica hacer del baño un territorio de dignidad para todxs.

Éste es un texto abierto al diálogo y a ser repensado. También es inconcluso.

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¿Qué es un baño público hoy? 

Puede pensarse como un territorio de intimidades que convergen de forma simultánea y complicada para las personas. Para Laurent Berlant (1998) intimar es una comunicación de signos y gestos: la intimidad también involucra el querer narrar algo que es compartido, una historia que sea sobre un ser y que se convertirá en una trayectoria particular. La relación de la intimidad y lo público es un problema complejo, pues estos signos y sus sentidos son administrados de forma normativa y jurídica en lo público para consolidar un territorio de posibilidad de lo íntimo. Un baño es pues un territorio tenso entre negociaciones de lo que quieren poder los cuerpos y las validaciones, tácitas o explícitas, que las institucionalidades hacen de éstas por medio de decisiones de uso hasta la consolidación de sus arquitecturas.

¿Por qué el baño sigue siendo un tabú cuando es uno de los espacios centrales de “lo común”?

Ésta es tal vez la pregunta más urgente. Si pudiéramos generar formas de coexistencia donde el baño no fuera tabú podríamos atender de forma menos angustiante la administración de la intimidad en lo común. El fondo a la derecha es un problema estructural, histórico y socialmente construido. Tiene consideraciones de género, raza, clase social, funcionalidad de cuerpos, jerarquías laborales, estéticas, morales y afectos. Marca los gustos y los disgustos frente a olores, tactos, colores, sabores de los materiales y cuerpos que se usan, incluso el trato despectivo a su mantenimiento; lo que se puede o no se puede hacer en el baño, incluso con quienes sí y con quienes no se puede construir una convivencia en este espacio. El tabú genera la susceptibilidad de este mecanismo corporal y social que es el baño. El principal problema de los baños es el tabú.

¿Cuales son las necesidades a las que tiene que responder un baño público? 

¡Esta pregunta es infinita! Los baños públicos en toda institución se crean a partir de una consideración de mínimos básicos generalizados en términos de infraestructura y posibilidad de uso y convivencia. Las planeaciones arquitectónicas, las economías de recursos y de diseño que crean baños le temen a la especificidad y a la singularidad de los cuerpos. Se considera inadministrable. Si bien necesidad es un término difícil, marca una referencia: cada quien accede a un baño porque allí puede ejecutar una acción requerida para la segregación de fluidos, cuidado corporal, administración de medicamentos, entre otras, o para constituirse como cuerpo que se dispone a lo social. La tendencia de mínimos básicos generalizados, en artefactos de uso y con qué usos específicos, produce que la variedad de autodeterminaciones de quienes se atienden en los baños se vea altamente limitada, el confort comprometido y la satisfacción lastimada. Por tanto, la convivencia negada. Además estos mínimos básicos generalizados al querer ser incluyentes o predispuestos a “cualquier cuerpo” no lo llegan a ser: porque a su vez son generizados, racializados, jararquizados, moralistas y feos. El mínimo básico generalizado es pues una ideología excluyente que se considera políticamente correcta al asumir que sus marcos estabilizados y hegemónicos de lo que es un cuerpo y cómo vive permite a cualquiera usarle.

¿En qué radica la importancia de los baños para la vida institucional?

En la vida pública no hay nada más controlado y autocontrolado que la manera en que se afronta la intimidad, más si es emocional o corporal. Al pensar con Laurent Berlant (1998; p. 284) nos damos cuenta que las personas deben estar preparadas para asumir su función social en las esferas de lo doméstico y privado donde podrán aprender a experimentar sus vidas según sus roles, tomando en cuenta que esta función será vista por una audiencia que juzga el desempeño correcto. Lo que se hace en los baños es de escrutinio público.

La ideología de equipamientos del mínimo básico generalizado y sus asumidos de género, raza y jerarquía social son una de estas violencias. Pero también lo son las violencias sociales y los comportamientos patriarcales, racistas y fóbicos a las diversas existencias que aparecen en las condiciones de intimidad del baño y la susceptibilidad provista por el tabú. Jody L. Herman (2013) encuentra que las formas coloquiales de uso y administración, los mínimos básicos generales de los baños tienen fuertes impactos negativos en la salud mental, desarrollo social, autoestima, construcción de lazos afectivos y cuidados de personas étnica y sexo-genéricamente diversas, pero también de clases sociales más bajas. Lo funcional no es tan funcional como no es universal. Encuentra Jody L. Herman en su estudio, hablando de experiencias de baños divididos sexo-genéricamente, que el 70% de las personas entrevistadas se les ha negado el acceso, 68% han sufrido agresión verbal y 9 % ataques físicos. Estas violencias no sólo operan para el libre uso del baño, sino que también se traducen en la delicada existencia de estas personas en los regímenes laborales y espacios públicos. Esto es ciertamente escandaloso. Incluso pensemos en lo que nuestras y nuestros estudiantes transgénero o con diversidad funcional deben pasar para poder tomar la decisión y asumir el reto de ir a mear.

Este problema en realidad nos toca a todos, todos hemos tenido experiencias incómodas, violentas, bochornosa, raras… en los baños. Hablemos por ejemplo de los cuerpos que usan copa menstrual y de la dificultad frente a la que nos encontramos en los baños públicos, hablemos de un cuerpo enfermo, que no tiene acceso a un baño digno que responda a sus necesidades, hablemos de las madres con hijos, los padres con hijas, hablemos de discapacidades, de los que no entramos en la norma, de los cuerpos grandes, de los cuerpos pequeños, hablemos de privilegios, hablemos de quienes tenemos o no derecho a un baño digno, hablemos de los que somos raros solamente al vivir en nuestros propios términos.

¿Como el privilegio configura nuestra experiencia en los espacios públicos? 

Pues sí, hay baños públicos que sí son mantenidos y que son incluso muy agradables. En estos se concentra la fisiología de cuerpos de personas que concentran mayor poder y autoridad. Los cuerpos privilegiados son aquellos que concentran capacidad de enunciación, decisión y ejecución. Ya sea porque concentran poder o porque administran la autoridad. Aunque son vidas también institucionales, la experiencia fenomenológica de mear y cagar ciertamente es muy diferente. El privilegio consiste también en tener baños públicos que no sean del todo públicos. Pero ese no es el problema más grave. Lo es administrar los cuerpos como si fueran esa entidad estable que ante la puerta del baño gira a la izquierda o la derecha o logra tranquilamente cruzarla y pensar que el baño es para todos aquellos que no se lo preguntan. El asunto más urgente es cómo las administraciones desatienden el mantenimiento de los baños y, conectado con esto, que las formas que tienen los baños erradican intimidades menores (Berlant), como aquellas vidas menstruantes, o todas aquellas que no caben en los diseños de mínimos básicos generalizables y que no soportan que los baños de mayorías sean mal mantenidos. Los cuerpos con intimidades menores se ven forzados a empujar lo más que puedan estos mínimos básicos generalizables e ingeniar articulaciones de herramientas inusitadas para hacer estos baños usables. Ir al baño también es cansado.

El privilegio históricamente les permitía solamente a los hombres salir de casa, la concepción de baños públicos para las mujeres cambió la sociedad y permitió que estas se integraran a la vida “pública” fuera del espacio doméstico. Los baños también fueron territorio de discriminación racial para los negros y étnica para los judíos, por nombrar algunas de las numerosas segregaciones que se han efectuado en este espacio. Todo esto suena muy lejano para algunos de nosotros, los privilegiados, cuando en realidad los baños siguen siendo un territorio político de legitimación de cuerpos.

¿Cómo podemos implicar y no imponer en el proceso de los baños a las personas que los transitan?

¡Stay with the trouble!

Si bien el baño es una herramienta a disputar, no podemos asumir que las intimidades no hegemónicas, raras o menores son solo de aquellas personas que se configuran como identidades no acopladas dignamente a las formas de existencia institucional (que de por sí es bastante aprensiva con este tema). Si lo pensamos bien, cada cual habitará en algún momento y por singular circunstancia una intimidad menor o extraña: una ejecución de cuidado que te cuesta ejecutar en un baño público. Puede que no haya papel, o el agua que es clave en la menstruación. Agua para lavarte las manos, meterte los dedos y sacarte un tampón. Agua para quitarte la sangre si te manchaste al limpiarte o al cambiarte la compresa. Que como mujer trans no puedas usar el mingitorio, que no entre tu silla de ruedas. Que no logres ver donde están las cosas, que el olor sea feo, que el espacio no te permita administrar tu medicamento. Que sufras de algún trastorno que te impida orinar en un baño público. Todas y todos somos o seremos minoritarios.

En este sentido, debemos pensar que un proceso de atención a los baños busca invitar más que vindicar. En ese sentido las negociaciones sobre el artefacto mismo es una discusión donde hay que hacer partícipe incluso a los que no se sienten partícipes, ya que afectará sus dinámicas de intimidad. Tratar el baño como vindicación de una intimidad o identidad singular puede cancelar la implicación de otros cuerpos a construir este espacio común. Tenemos que pensar y actuar CON no PARA.

¡A experimentar lo común!

¿Qué vamos a entender por cuidado?

El cuidado es todo lo que se hace para mantener, continuar y reparar “los mundos” para que todos y todas podamos vivir en él tan bien como sea posible. Ese mundo incluye… todo lo que tratamos de entretejer en una red compleja, que sustenta la vida. Lo que este “todo” incluye es una serie de situaciones de contingencia en ecologías específicas y entramados de relacionales humanos y no-humanos, animados y no-animados. Lo que cuenta es el “entrelazamiento” (libre o no-opcional) de hacerse cargo de los seres vivos y entidades persistentes que nos mantiene unidos o nos permiten emanciparnos de la experiencia de los mundos tal como los conocemos y sentimos; que permiten a su vez su perpetuación y renovación; e, incluso, aquello que ayuda a la decadencia y transformación de lo que nos lastima o no reconocemos como potencia ética superviviente… Reconocer la necesidad de cuidar va más allá de las relaciones interhumanas… es algo que nos atraviesa, que nos interpela, que nos causa malestar y nos implica a hacer algo; que se transmite a través de entidades y agencias problematizantes, que son esfuerzos que intensifican la conciencia, afectos y la acción de como en tanto seres y entidades inter-dependemos de cada una y uno de las otras y otros. La práctica de cuidado es, entonces, relacional, compleja, histórica, contingente, contradictoria, de mucho esfuerzo, y, por supuesto, situada. El cuidado es un hacer pero también es un debate.

¿Acaso un proceso artístico puede intervenir en la tensa vida de los baños?

El proceso artístico puede ser una poderosa arma de resistencia y sobre todo, un lugar que nos invita a explorar nuevas realidades. Trabajando desde la especulación, el arte y el diseño pueden ser herramientas críticas de producción colaborativa que nos ayuden a crear nuevas configuraciones relacionales, a producir nuevas dinámicas en los espacios de lo común, a imaginar nuevas formas de vivir y morir juntos, respetando y visibilizando las necesidades de todos y cada uno de nuestro cuerpos.

Y ¿nuestro baño en cuestión?

Tal vez fracasemos porque como grupo social aún no estámos listxs para que las intimidades convivan sin las reglas del género o porque tal vez no hayamos podido instalar los artefactos que atiendan los requerimientos de múltiples cuerpos en el baño público. Pero aun así habremos aprendido que cuidarnos es mucho más complicado que los mismos requerimientos básicos generalizados por los cuales se diseña, se construye, se mantienen y se hacen usables para unos cuantos los baños públicos en instituciones.

Ojalá podamos convivir íntimamente.

 

* Mtra. Chantal Garduño y Dr. David Gutiérrez Castañeda. Escuela Nacional de Estudios Superiores – Unidad Morelia. Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

Para escribir este texto, Iris Mojica nos ayudó a resumir ideas complejas de los siguientes textos:

Ahmed, Sara (2017) Living a Feminist Life; Duke University Press. Edición de Kindle.

Berlant, Lauren (1998) “Intimacy: A Special Issue” en Critical Inquiry, vol 24, nº 2, editado por The University of Chicago, 281-288 (invierno 1998 [consultado 28/08/10]). Disponible aquí.

Blackman, Lisa (2011) “Affect, Performance and Queer Subjectivities”  en Cultural Studies, vol. 25, nº 2, 183- 199. Disponible aquí.

Cabral Mauro (2003) “La paradoja transgénero” en ciudadaniasexual.org. Disponible aquí.

Epps, Brad (2007) “Retos  y riesgos, pautas y promesas de la teoría queer” en Debate Feminista. Vol. 36 (OCTUBRE 2007), pp. 219-272

Haraway, Donna J. (2016). Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene (Experimental Futures); Duke University Press. Edición de Kindle.

Herman, Jody L. (2013) “Gendered Restrooms and Minority Stress: The Public Regulation of Gender and its Impact on Trasgender People’s Lives” en Journal of Public Management & Social Policy editado por UCLA65-80 (primavera 2013).

Puig de la Bellacasa, María (2017). Matter of Care: Speculative Ethics in More Than Human Worlds; ed. Minnesota Press. Edición de Kindle.

Regulation of Gender and its Impact on Trasgender People’s Lives” en Journal of Public Management & Social Policy, 65-80

Tronto, Joan y Fischer, Berenice (1993). Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care; ed. Routledge.

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