El silencio del Colegio Edron

Todo apunta a que las instalaciones del Colegio Edron, dañadas en el sismo del 19 de septiembre, no cumplían con las normas de construcción. Lo que se pide no es desenterrar cadáveres sino un ejercicio mínimo de honestidad y un primer paso para determinar quién o quiénes son los responsables de haber puesto en peligro a nuestros hijos.

Entre las muchas consecuencias del sismo del 19 de septiembre de 2017, una especialmente dolorosa fue la corrupción generalizada que salió a flote. Los ejemplos están a la vista y van desde edificaciones sin permisos (como aparentemente sucedió en el Colegio Rébsamen), hasta el uso de materiales de pésima calidad para construir departamentos. En la mayoría de estos casos no podemos hablar de simples descuidos sino de un esfuerzo deliberado por eludir el cumplimiento de normas elementales.

Opacado por casos más graves, poco se ha dicho del Colegio Británico (Edron). La periodista Bárbara Anderson publicó el 11 de octubre de 2017 una nota en Milenio en la que daba cuenta de la falta de transparencia de la escuela pero no hubo un seguimiento del caso, ni de las autoridades ni de los medios. En cambió, sí generó una furia incomprensible entre la comunidad escolar, cuyos miembros se lanzaron a las redes sociales como trolls hambrientos. Además de insultos y descalificaciones gratuitas, acusaron a la autora de mentir y de proporcionar información incompleta. Pero la razón por la cual no dio más información fue porque el Edron se negó a darla. Bárbara escribió la nota con lo que tenía a la mano. Afortunadamente, en todo este tiempo he logrado reunir muchos más datos, y no por haber hecho una investigación más profunda que ella sino, simple y sencillamente, porque mis hijos son alumnos del Edron. Aquí va un recuento de lo ocurrido.

Apenas terminó el temblor, de inmediato me dirigí a la escuela de mis hijos. Estaba nervioso, sí, pero sin miedo: aún no conocía la magnitud del suceso y, además, la escuela envió un correo diciendo que todos estaban bien. Después de abrazarlos, el mayor me aseguró que se había caído una pared. A un lado, una maestra rápidamente se acercó para aclarar que no había sido una pared sino tan sólo un recubrimiento. En ese momento no le di mayor importancia, mi único interés era llegar a casa. Unos días después, en uno de esos chats de padres de familia que pueden hacer la vida intolerable, alguien compartió una foto del “recubrimiento”:

 

Desde luego, algo andaba mal. ¿Por qué no aceptar la caída de una pared? ¿Por qué minimizar el hecho? Mi malestar aumentó conforme pasaron los días pues los niños no regresaban a clases. No fue sino hasta el 29 de septiembre cuando las autoridades escolares enviaron un correo electrónico en el que dieron a conocer los daños. Entre ellos destacaban la “zona de seguridad” (aunque parezca broma), cuyo techo tendría que reemplazarse, y el edificio “E” (primaria), el cual requeriría un proceso de reparación de alrededor de seis meses.

Entonces decidí enviar un correo al Director del Edron (Eamonn Mullally) pidiendo información tal como el año en que se construyeron las estructuras dañadas, la razón por la cual se afectaron, los nombres de los responsables de la construcción, y el reporte escrito del DRO (Arq. Alejandro Carmona). El señor Mullally me respondió que podría aclarar mis dudas después de la reunión del Consejo que se llevaría a cabo el 6 de octubre. Fue el último correo en lo personal que recibí de la escuela.

El 6 de octubre, aparentemente después de la reunión del Consejo, el Director Mullally envió un correo con una noticia: el dictamen del DRO estaría disponible sólo para los presidentes de las asociaciones de padres de familia. Eso no tenía sentido y le escribí para decirle que el documento debería ponerse a disposición de todos. Nunca contestó. Ese mismo día nos comunicaron que los niños de primaria no podrían regresar a las instalaciones del Edron. La mitad de la primaria iría al Colegio Seltik; la otra mitad, al Club Japonés. Al día de hoy, más de seis meses después, los niños aún no regresan a su escuela.

El 12 de octubre, un día después de la polémica que generó el texto de Bárbara Anderson, la escuela comunicó que siempre sí pondría a disposición de los interesados el dictamen del DRO. Sin embargo, no lo entregarían en versión electrónica, por lo que sería necesario ir al colegio y revisarlo en persona. Al día siguiente acudí a las instalaciones y lo pude consultar. Entre otras cosas, leí que el edificio “E” (primaria) había sufrido daño estructural. También se mencionaba que en ese edificio se levantaron construcciones irregulares sobre ciertas áreas del tercer piso que en realidad eran pasillos y, además, que se sometió a una carga excesiva. Algo similar al Rébsamen, para acabar pronto. En las conclusiones se puede ver esto:

Durante octubre y noviembre envié otros cuatro correos y nunca me respondieron. He platicado con varios padres de familia que también solicitaron el dictamen del DRO y, al parecer, ya no está disponible para consulta. No se necesita un esfuerzo intelectual muy grande para darse cuenta que están ocultando algo. La escuela ha procurado minimizar todo reclamo con la cantaleta de que es tiempo de ver para adelante. Pero “ver para adelante” no es suficiente, no cuando se puso en riesgo la seguridad de los niños. La pregunta fundamental, sin duda, es si las construcciones cumplían con las disposiciones aplicables. Todo indica que no y aquí van un par de ejemplos, sólo por si el silencio de las autoridades escolares no fuera suficiente.

El 11 de octubre de 2017 la encargada de relaciones públicas del Edron, Gabriela Carrión Cortés, envió a la comunidad un correo electrónico con un documento adjunto en el que se dice: “Adicionalmente se identificaron elementos de construcción que es necesario corregir para la seguridad de los alumnos, profesores, trabajadores y demás personas. Entre ellos, destaca el Edificio E que no sufrió daños estructurales, pero cuyas características estructurales corresponden a una norma de construcción previa a la vigente”.

Hay otra manera más sencilla de decirlo: “no cumplíamos con el Reglamento de Construcciones”. Benditos eufemismos. Por si fuera poco, hay una discrepancia con el dictamen del DRO, pues en éste se dice que el edificio “E” sufrió un daño “que afecta medianamente la capacidad estructural”.

El otro ejemplo ocurrió en la reunión que se realizó en la escuela el 19 de enero de 2018. Hablando específicamente del edificio “E” (primaria), el Arq. Carmona dijo que “…cuando lo revisamos identificamos que no cumplía con las condiciones del reglamento de construcciones contemporáneo que nos garantizan que los edificios son estables ante un evento sísmico…”. Por su parte, el señor Ernesto Piedras (Presidente del Consejo), ante la pregunta de si se haría una investigación para determinar responsabilidades, dijo: “Si nos ponemos a sacar cadáveres encontraremos historias que no nos van a gustar…” y luego remató así: “…una auditoría sería, pues, una cacería de brujas”. Pésima elección de palabras del señor Piedras. Afortunadamente no tuvimos que sacar los cadáveres de nuestros hijos. Lo que se pide no es desenterrar cadáveres sino mostrar la verdad y asumir las consecuencias. Una auditoría no es una cacería de brujas, es el ejercicio mínimo de honestidad y el primer paso para determinar quién o quiénes son los responsables de haber puesto en peligro a nuestros hijos.

Todo apunta a que las construcciones no cumplían con las normas de construcción. Por otra parte, es un hecho que la escuela se ha negado a transparentar la situación. No perdamos de vista que no se trata de una irregularidad menor. Estamos ante una posible negligencia que pudo costar vidas. Después de todo lo ocurrido, yo decidí no reinscribir a mis hijos para el siguiente ciclo. En cuanto termine el año escolar se irán a otra escuela. Pero eso es irrelevante porque lo que ocurrió va más allá de un caso personal. Aunque mis hijos y yo dejemos de formar parte del Edron, seguiré trabajando para aclarar esto. Recientemente le notifiqué a la Secretaría de Educación Pública todas las irregularidades. También le solicité a la Delegación Álvaro Obregón que me entregara el expediente completo de las construcciones del Edron. Aguardaré la respuestas y, de ser necesario, seguiré molestando. En un caso como éste, en el que tanto el problema de fondo como la reacción de las autoridades escolares son emblemáticas de un México “chueco” que la mayoría de mexicanos no deseamos, es indispensable dar con los responsables y evitar que algo así vuelva a suceder.

 

@Rodrigo_Diez_10

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