De lo virtual a lo real: Egipto y las redes sociales

Por: Pilar Tavera (@pilartg)

Un tuit de naturaleza irónica “la Revolución será tuiteada”, parecía volverse menos romántico y más realista el 25 de enero de 2011. En el día oficial de la Policía en Egipto, un contingente de miles de manifestantes logró entrar a la plaza Tahrir venciendo el cerco policiaco que se pensaba impenetrable y que de hecho, así lo fue para otros 30 contingentes que simultáneamente intentaron llegar a la misma plaza. La convocatoria y organización de estas manifestaciones se hicieron desde 2008 a través de Facebook y Twitter, sitios electrónicos que fungieron como el mapa de guerra de los opositores para lograr no sólo manifestarse en Tahrir y otras importantes plazas egipcias, sino que en su camino, hacer del resto del mundo testigo de lo que podría ser el inicio del derrocamiento del régimen dictatorial o un capítulo más en la larga historia de represión policiaca en Egipto.

Ante el éxito de la estrategia, los más entusiastas de las redes sociales han concluido que es un hecho: la revolución egipcia fue tuiteada. Pero ¿cómo explicar la importancia de Facebook y Twitter en un país en donde sólo el 21.2% de la población tiene acceso a Internet y la tasa de penetración de Facebook era de tan sólo 5% en el verano de 2010? ¿Cómo poder argumentar que en Facebook se hizo la revolución cuando este portal sólo tiene 5 millones de usuarios egipcios actualmente de una población total de más de 80 millones? En suma, ¿qué importancia puede darse al uso de la tecnología en un país donde ésta no es la regla sino la excepción para unos cuantos que pueden acceder a ella cuando más del 40% de su población vive con menos de 2 dólares al día y el 30% es aún analfabeta?

De afirmar que Twitter y Facebook hicieron la revolución egipcia, sería como decir que la Revolución Francesa (mayúsculas iniciales ganadas porque la historia demostró que en efecto, la francesa sí fue una revolución) fue producto tan sólo de la imprenta y de las reuniones en los cafés y clubes parisinos donde los más ilustrados y acaudalados, las entonces redes sociales de mayor sofisticación, pudieron intercambiar las ideas que llevarían al derrocamiento del Antiguo Régimen. Mis cuestionamientos no tienen ánimo de amargar el optimismo sobre el uso de las redes sociales virtuales para cambiar el status quo en cualquier país, sino mi propósito es comenzar a matizar la discusión que tan sorprendentes hechos han suscitado y así obtener las primeras lecciones sobre el uso de Internet y las movilizaciones sociales.

Conviene entonces recuperar algunas interpretaciones teóricas que existen sobre el uso de Internet como herramienta política y que explican qué es lo que pasa en Egipto. Existe una corriente en la literatura que es muy optimista sobre la potencialidad que ofrece Internet para que la ciudadanía se exprese, dado que la accesibilidad e impacto de éste lo convierte en una alternativa a los medios de comunicación convencionales. En un país como Egipto en donde las libertades de asociación y libre expresión habían sido suspendidas por décadas, los muros y timelines de los jóvenes egipcios recuperaron la libertad de asociación al menos en forma virtual con lo que se comenzó a fragmentar el monopolio del Estado policiaco e hizo funcionar el contagio revolucionario por lo sucedido en Túnez.

Como efecto colateral de esta clase de uso de Internet en el caso egipcio, fue el cambio en la jerarquía de los medios internacionales que cubren los sucesos de Medio Oriente al hacerla un poco más horizontal al permitir que un conflicto árabe fuera narrado por primera vez por sus protagonistas evitando que la interpretación occidental del conflicto imperara y colocando información producida por la televisora Al Jazeera o ciudadanos reporteros al alcance de cualquier usuario de Internet. Sobre este punto, incluso se ha llegado a afirmar que “las revueltas egipcias están haciendo por Al Jazeera lo que la primera guerra del Golfo hizo por CNN”.

Otra línea teórica sobre el uso político de Internet concede que además de que la estructura de los medios tradicionales de comunicación y participación política –televisoras y partidos políticos, por ejemplo– no se transforma, sino que sólo se extiende al trasladarse el debate a Internet conservando cada actor su misma influencia puede suceder que surjan nuevos actores que gracias a su capacidad, innovación y oportunidad adquieran legitimidad para conquistar espacios de influencia y puedan incorporarse entonces a esa estructura mediática previa a la inauguración de Internet como arena política.

Es el caso de Google, Facebook y Twitter que en conjunto sobrepasaron la censura oficial a Internet y propusieron vías alternas de acceso  a éste cuando el gobierno egipcio ordenó su bloqueo. En cuanto a Google, la intervención de uno de sus ejecutivos advierte incluso un nuevo tipo de compañía trasnacional como actor dentro de la sociedad internacional en donde la influencia global de este tipo de empresas es enorme pero el riesgo de represalias por parte de los gobiernos afectados resulta mínima comparada con las ganancias que posturas de corte liberal en defensa de la libertad de expresión pueden otorgarles.

Hasta aquí he argumentado la importancia de Internet para el desarrollo de la revolución egipcia. Por un lado, rompió el cerco estatal para la libre asociación y discusión de ideas, resolviendo con ello el problema de coordinación entre los diferentes grupos opositores que querían revelarse en contra del régimen. Por otro, permitió que nuevos actores adquirieran mayor influencia en el devenir de los eventos, atrayendo la atención mundial a una protesta que incluso cinco años atrás, cuando Twitter aún no existía, hubiera pasado desapercibida por la mayor parte de la población cibernética. Sin embargo, ambos argumentos aunque relevantes, no explican por sí mismos la trascendencia de las redes sociales virtuales en lo acontecido en Egipto, ni ayudarían a obtener algún aprendizaje para las acciones de la sociedad civil organizada en otros países.

Para poder entender cómo fue que el traslado de la acción virtual a la acción real fue exitoso es indispensable saber que la estrategia que siguieron grupos como el 6 de abril, señalado como la asociación de opositores jóvenes más importante y reconocida, supo reconocer los límites de Internet y recurrieron a medios más tradicionales para conseguir mayor apoyo popular. Así, el único contingente exitoso en llegar el 25 de enero de 2011 a la plaza de Tahrir fue aquel informado por medio de volantes impresos que por su ubicación estratégica e inadvertida (pues ni fue anunciada en la red), no sólo pudo pasar el primer cerco policiaco con el que se encontró, sino que logró integrar más manifestantes espontáneos mientras recorría las calles.

No fue Twitter, Facebook ni Google quienes hicieron la revolución en Egipto, fue una estrategia que supo aprovechar todos los medios electrónicos y tradicionales a su alcance para lograr un objetivo que distintos grupos tenían en común: derrocar el régimen de  Mubarak. Las redes sociales cibernéticas por sí mismas sólo tienen fuerza potencial pero cuando logran encontrarse con redes sociales “reales”, por así llamarles, la sinergia puede obtener logros considerados como imposibles en la realidad y en lo virtual. En palabras de la activista egipcia Anur Gharbeia: “Me gusta pensar que la red social es la gente en sí misma. Cosas como Facebook, Twitter, SMS y teléfonos son sólo herramientas sociales. Cuando bloquearon Facebook y la tecnología, nuestra red seguía operando porque es sobre la gente. Los activistas de Internet son sólo gente y mucha de nuestra organización, trabajo social y relaciones son desarrolladas offline”.

_______________

Fuentes:

Close
Comentarios