Año nuevo… ¿México nuevo?

Antes de centrarnos en los propósitos para este 2018, hagamos un breve repaso de lo que fue el 2017, un año que podríamos definir de difícil, convulso, ciertamente inestable y repleto de acontecimientos que describen a la perfección estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Por: Izaro Díez Lezama

Inicia un nuevo año, y lo ha hecho, además, con una gran luna llena que dejo a interpretación de cada quién…

Para muchos, el mes de enero simboliza el comienzo de algo nuevo, de nuevos propósitos que tienen que ver con cambios, bien personales o profesionales. Representa el comienzo de una etapa en la que hemos de deshacernos de lo viejo o por lo menos de aquellos obstáculos que no nos han permitido avanzar, para dejar espacio a lo nuevo. En definitiva, para muchos se trata de cerrar puertas para que otras nuevas puedan abrirse.

2017: un arranque difícil

Pero antes de centrarnos en los propósitos para este 2018, hagamos un breve repaso de lo que fue el 2017, un año que podríamos definir de difícil, convulso, ciertamente inestable y repleto de acontecimientos que describen a la perfección estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Desde inicios de año, el 2017 se vaticinaba complejo. La investidura de Donald Trump un 20 de enero como presidente de Estados Unidos bajo su ya popular lema Make America Great again, dio el pistoletazo de salida a lo que ha sido un año más cercano a una película de terror que a otra cosa. Su nombramiento como presidente daría paso a un año repleto de declaraciones, provocaciones y actos que no han dejado indiferente a nadie y en el cual las redes sociales han jugado un rol protagonista.

La injerencia rusa en procesos electorales, el conflicto entre Corea del Norte y Estados Unidos, las crisis catalana y venezolana, los acuerdos para la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los ataques terroristas a manos del ISIS, o el conflicto palestino-israelí son quizá algunos de los acontecimientos más relevantes de este año. No debemos olvidar que también ha sido un año de grandes desastres naturales que han dejado tras de sí múltiples daños materiales y humanitarios: los huracanes Irma, Harvey y María, los terremotos del 7 y 19 de septiembre en México, los incendios en Chile, California, Sudáfrica, Portugal o España, las inundaciones en Perú, Japón, California, son solamente algunos ejemplos que ponen de manifiesto la relación actual que mantenemos con nuestro entorno y que nos está pidiendo a gritos reflexionar y adquirir un mayor compromiso y responsabilidad al respecto.

El 2017 se recordará también, por ser el año del #SiMeMatan, del #MeToo, del #NiUnaMenos o del #YoSiTeCreo, movimientos ciudadanos que surgieron como respuesta a hechos deleznables que dejan patente lo lejos que nos encontramos aún de vivir en un mundo regido por valores como el respeto hacia los demás, la honestidad y la empatía.

Uno de los estudios que realizamos en Lexia junto con Nexos en 2011 arrojó datos preocupantes sobre el mexicano, caracterizado por un profundo individualismo y falta de solidaridad. En aquel entonces, un 86% de las personas dijo no tener aspiraciones colectivas sino individuales y el 81% afirmó que su familia estaba antes que su país en sus intereses. Un 63% comentaba que el esfuerzo personal de cada quién es más importante que el esfuerzo de todos como país dado que “cada quién jala por su cuenta” (63%). Además, la percepción de que el país iba por mal camino fue también mayoritaria (62%) sin embargo, tan solo la mitad opinaba que podía hacer algo por cambiar la situación de este.

19 de septiembre: se nos movió el contexto

Si bien este 2017 ha sido un año complicado para todas y todos los mexicanos, también ha sido un año en el que hemos demostrado que cuando queremos podemos unirnos, ser solidarios, generosos y preocuparnos por nuestro vecino.  El terremoto del 19 de septiembre reveló que no siempre somos indiferentes a lo que ocurre a nuestro alrededor y que tenemos la suficiente capacidad de cambiar el rumbo de nuestro país si trabajamos conjuntamente, porque en el fondo y no tan fondo, la unión hace la fuerza.

Sin embargo, ese espíritu de lucha, de unión, de trabajo ciudadano… parece diluirse tan rápidamente como los propósitos que cada uno de nosotros hacemos al inicio de año. Así como cada enero nos proponemos dejar de fumar, ir al gimnasio o aprender un nuevo idioma y en febrero ya se nos olvidó; las ganas y el empuje de hace unos meses que nos hizo a todos querer tomar las riendas para vivir en un país mejor, corre el riesgo de quedarse en buenas intenciones.

El 2018 trae de la mano muchas oportunidades, pero una fundamental. Las elecciones presidenciales están a la vuela de la esquina, y con ellas, la posibilidad de decidir nuestro destino. Más allá de lucha electoral que si bien apenas empieza a todos nos tiene ya saturados, confundidos, esperanzados y desesperanzados en la misma medida… nos brinda la oportunidad de retomar esos propósitos colectivos de septiembre, y ahora sí, cumplirlos, o intentarlo al menos.

2018: Que nuestros propósitos no se apaguen

Propongámonos entonces seguir alimentando ese espíritu que vivimos en México los días posteriores al 19 de septiembre, que no se quede en un recuerdo o en un simple titular. Propongámonos también que lo injusto no nos sea indiferente, aceptar nuestra responsabilidad de lo que ocurre a nuestro alrededor; propongámonos no cerrar los ojos y hacer que no vimos nada. Propongámonos empezar a cultivar esa gran cualidad que es la empatía y el respeto hacia los demás. Propongámonos conectarnos más con el aquí y con el ahora y desconectarnos un poquito más del ayer y de lo que será. Y que este año sí, por una vez, en julio no hayamos olvidado todos nuestros propósitos.

¿Se lo proponen conmigo?

 

@LexiaGlobal

 

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