¿Qué pasa con el feminismo en México?

Podemos sumarnos al #metoo, al #timesup y a todo lo que quieran, pero si como sociedad no entendemos de fondo de qué va el feminismo y hacemos conciencia que el movimiento no es contra los hombres sino contra el machismo, seguiremos promoviendo la cultura patriarcal.

Por: Aline Ross (@AlineRossG)

Como cada año se conmemoró el #8M, el Día Internacional de la Mujer, y me parece necesario escribir del tema ya que en ocasiones pareciera más una moda que un movimiento feminista. Seamos sinceros, en México aún estamos en pañales en el tema del feminismo, basta con ver muchas de las opiniones, memes y posts vertidos en redes sociales para darse cuenta de que o la gente no tiene idea de lo que es el movimiento, o de verdad hay un complot antifeminista orquestado y moviendo los hilos de la confusión desde las altas esferas del patriarcado. Claro, siempre queda la opción de documentarse y enterarse en realidad de qué va este día -opción que casi nadie toma- para no andar opinando o fomentando cosas que no tienen nada que ver, por ponerlo de una forma.

Evidentemente y haciendo un análisis de lo que se está hablando al respecto, lo que impera es un desconocimiento total, mismo que lleva a la incomprensión y esta última al rechazo. Aunque también hay que reconocer que los enfoques sobre el tema son demasiados, y la viralización de contenidos y acciones que no suman para nada a la discusión y a la causa, son desbordantes.

¿Por dónde empezar? Hace unos meses el foco estaba en los feminicidios, porque como muchos sabrán en este país siete mujeres mueren diario*. Justo hace dos semanas Alejandro Hope escribió un artículo muy ilustrador en El Universal donde nos da algunas cifras sobre lo que ser mujer en México significa y los riesgos que corremos; leyendo estos datos nos podemos hacer una idea concreta de por qué el feminismo es necesario.

Venimos de un año lleno de #justiciapara y #todossomos en los que el nombre de alguna mujer regularmente completa el hashtag y solo va cambiando según la muerta en turno. Suena mal, pero así es como pasan las cosas; a Yesenia le sigue Lesvy, a Lesvy le sigue Mara, a Mara le sigue Lupita y a ella una, otra y otra más. Las vemos desfilar, marchar, marcharse.

Las mujeres hemos salido a la calle casi en cada caso para pedir #nomásfeminicidios pero solo llegan las malas noticias con una y otra sin que algo pase. Lo que sí pasa son los reclamos que llueven porque las mujeres pedimos que no nos maten, que la violencia no se normalice. El foco está en la crítica de lo que pedimos y no en el por qué lo exigimos; distractores. #SiMeMatan nace del asesinato de Lesvy quien es culpada de su propia muerte por andar fuera de su casa de noche, las autoridades que nos recriminan no pueden solucionar el problema porque el problema es el machismo que invade todo, es un sistema.

Sin dejar de lado este grave problema revive uno con más fervor: el del acoso sexual desde el escenario de las figuras públicas y famosas. El acoso existe desde siempre, incluso en México se habló hace un año de esto con el #miprimeraocoso, pero ahora emerge de nuevo bajo la consigna de que “el tiempo se acabó”. Diferentes mujeres vinculadas al medio del espectáculo y el entretenimiento principalmente hacen públicas denuncias contra hombres que las han hostigado, se señalan algunos nombres conocidos y otras mantienen el anonimato del agresor. #Timesup, como se da a conocer al mundo, hace énfasis en que ya no habrá más tolerancia al acoso, que este se denunciará y las mujeres no callarán más, hace referencia a que el tiempo del sistema patriarcal llegará a su final. Eso en México está por verse, el reto es enorme pues si un asesinato que es visible, factible de investigar, etcétera no puede resolverse mucho menos un caso de acoso que queda en lo que la víctima señala qué le pasó.

El movimiento #metoo nace en EEUU y pone en Hollywood el reflector del infierno del acoso sexual. Aunque se gesta ya unos meses atrás, recién llega a México con la declaración de Karla Souza, que deja ver opiniones muy encontradas respecto a cómo lo hizo y la diferencia con las mujeres de Hollywood que dieron nombres y detalles. ¿Por qué no dar nombres? Habrá que observar cómo evoluciona porque no creo que lo entendamos. Para muestra léanse los comentarios que le pusieron al tuit de Plutarco Haza que declaró lo siguiente:

Reitero, lo preocupante más allá de sus palabras es lo que la gente le responde, cosas como “bien dicho”, “en mi pueblo las llaman de otra manera” y así los comentarios que solo dejan ver el largo camino que aún avanzar.

Con respecto a estos movimientos debemos tomar en cuenta que el contexto de cada país es diferente, que la sociedad es diferente y ese es un poco al punto al que quiero llegar.

Nuevamente ¿qué es el feminismo?, ¿por qué es necesario? Hay tanta desinformación y confusión que pareciera que no se han hecho avances ni dado pasos hacia delante; entendamos que el feminismo no atiende solo a estos dos ejemplos que abordé brevemente, el feminismo pide desde su más primigenio sentido situaciones de equidad para las mujeres, para que puedan decidir, para que puedan tener todas las opciones, opciones que por siglos se les han otorgado a los hombres convirtiéndose así en privilegios. El género es un concepto que se construye y con él todo lo que te enseñan que debes ser según lo que te corresponde, que si no cumples o actúas de acuerdo con esas expectativas eres castigado; y lo que gran parte de la gente no ve es que también impacta a los hombres, pues ellos también tienen que actuar conforme a ciertas convenciones y se les excluye de otras como la crianza, por citar alguna. Ya lo ha dicho Rita Segato, antropóloga feminista y ampliamente criticada por haber hablado de esto, los hombres son las primeras víctimas del mandato de masculinidad.

El feminismo da mucha tela para dónde cortar. En México hay estados donde se pide la alerta de género urgentemente y las autoridades no la otorgan, aún hay una gran inequidad respecto a las condiciones laborales, existe una enorme violencia implícita en muchas de las condiciones en las que las mujeres viven aquí, niñas que no tienen acceso a educación o que son vendidas para ser “esposas”, otras más que jamás podrán aspirar a ejercer una carrera pues sus familias les enseñan que deben casarse y solo para eso existen y otras tantas que sufrirán una vida de violencia doméstica pues deben aguantar lo que su esposo decida y mande.

Ahora bien, pese a todo esto, el mayor reto del feminismo en México radica en que como sociedad entendamos de qué va. El feminismo no es que las mujeres dejen de casarse, o parir, o ser amas de casa, no es que dejen de rasurarse y de enamorarse de hombres, no es que empiecen a golpearlos y a odiarlos, no es que dejen de respetarlos o de respetar a otras mujeres porque ellas toman decisiones diferentes a las que se promulgan a favor de la lucha. Si hablamos de feminismo y de lo que busca en sentido estricto estamos hablando de que el mundo tenga las condiciones para que las mujeres puedan decidir si quieren embarazarse o no, ser profesionistas o no, ser qué tipo de profesionistas, estudiar una carrera que no sea solo considerada para hombres, que tengan igualdad de posibilidades para escalar a cierta posición donde hoy por hoy solo hay hombres en las mesas directivas, que puedan decidir sobre su cuerpo, ser frondosas o delgadas, vivir su sexualidad libremente sin ser llamadas de cual o tal forma, que puedan vestirse libremente – como los hombres- sin ser acosadas, violadas o muertas por ello, que puedan decir “no” y que su no se respete. Esto también incluye que puedan decidir marchar o no con otras mujeres que marchan por ellas y que puedan casarse o no sin que esto las señale como traidoras de la causa.

En la marcha del jueves #8M vi muchas pancartas, pero una de ellas me pescó: “no es contra los hombres, es contra el machismo”. Esta frase me hizo todo el sentido del mundo pues una sociedad compuesta de hombres y mujeres puede ser sumamente machista; y la mexicana lo es. Todos los días hay mujeres -incluso algunas que se dicen feministas- critican a otras por cómo visten, por cómo son o por cómo actúan. Van, protestan y ponen un post en sus redes sociales, pero actuando en sociedad su comportamiento es de lo más fascista, de lo más machista. Si alguna mujer conversa con la pareja de otra le llaman puta, al mismo tiempo que son fans de Maluma promoviendo la cosificación de la mujer (ojo, cada quien puede escuchar lo que desee, aquí solo hablamos de congruencia). ¿En verdad serán feministas?, ¿en verdad estarán entendiendo lo que hacen? Estas actitudes incongruentes que tienen bajo la bandera de “yo puedo hacer lo que quiera porque soy mujer” apelando a su libertad como mujeres que han vivido reprimidas, siguen justificando la reproducción de micromachismos. No se dan cuenta que no se trata de su derecho a expresarse sino de su obligación a ser congruentes con aquello a lo que se cuelgan: la bandera del feminismo. Señalan a los hombres, pero no hacen un ejercicio autocrítico de su propio machismo, por eso yo digo que es una moda; hablar y postear en redes es fácil pero la incongruencia se nos desborda.

En los premios #Oscar se criticó a todo pulmón la elección de vestido de Eiza Gonzalez, desviando la atención de su participación como presentadora, se le criticó porque su rostro era diferente al de una foto de años atrás, se le criticó por dos aspectos que a las mujeres se nos exigen, belleza y vestir. Memes que se viralizaron y recorrieron las redes nacionales la dejaron expuesta como una persona que se operó y con mal gusto. Yo misma leí a muchas mujeres en mis redes sociales burlarse y criticarla, mujeres que se indignan por las condiciones de inequidad pero que no atan los cabos respecto a cómo una cosa promueve la otra.

Entonces, pueden nacer los movimientos que queramos, podemos sumarnos al #metoo, al #timesup y a todo lo que quieran pero si como sociedad no entendemos de fondo de qué va el feminismo y hacemos conciencia de cómo en el día a día seguimos promoviendo esta cultura patriarcal, esto no dejará de ser más que una moda, algo de momento para compartir frases rosas en las redes y para colgarnos de un hashtag, algo de qué conversar cuando queremos parecer disruptivos o interesantes, algo para apelar a “mi libertad” mientras transgredo la libertad de otra que no actúa como yo.

Creo que vale mucho la pena hacer la reflexión sobre el momento que vive México con respecto a esta llamada revolución feminista. Hace falta mayor información y más conciencia, hace falta que como sociedad nos involucremos más para entender de qué hablamos y no reproduzcamos entonces discusiones futiles sobre si hay feminazis o no; hace falta que las mismas mujeres no deslegitimemos esta lucha que lleva décadas comportándonos de forma violenta y desdeñando a los hombres, a otras mujeres y actuando de forma irracional. Hace falta que la discusión salga de twitter y se actué más, proponiendo acciones constructivas. Tristemente llamó mucho mi atención que el contingente de #8M este año era mucho menor que el del año pasado, ¿dónde están todas esas mujeres que “luchan” por sus derechos en las redes?, ¿por qué no marcharon?

Particularmente como observadora y estudiosa de nuestra sociedad espero ver cómo este año se modifica el movimiento a partir de un análisis más profundo que como ciudadanos tenemos la obligación de hacer, hombres o mujeres, nos toca.

 

@LexiaGlobal

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