Sí, acepto que me roben mi información

Cuando se trata de redes sociales existe un desinterés en la protección de la información personal, principalmente por desinformación, apatía y desinterés de los usuarios. En algunas plataformas se cree que entre más información se comparta hay mayor seguridad, pero no siempre es así.

Por: Mariana Spamer (@LaSpamer)

¿Conoces la política de privacidad de todas las aplicaciones que usas? ¿Eres totalmente consciente de los datos que compartes y a quién se los compartes? Las políticas de privacidad de datos existen y están a disposición y alcance de cada uno de los interesados. Sin embargo, solo cobran relevancia cuando se habla ya de un problema que impacta sobre la integridad de las personas a nivel global.

Claro que si tu cuenta de Facebook se convierte en una amenaza de seguridad te importará leer los términos que has aceptado al usar dicha red social, pero ¿sabes realmente cuál es la información pública en Facebook? Con los recientes acontecimientos, y la fuerza que alcanzó a cobrar el tema de la distribución de datos personales a través de Facebook se han hecho diferentes especulaciones sobre el tema.

De acuerdo con la RAE la privacidad es el Ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión; sin embargo, hoy en día en medio de esta era tecnológica, es bien sabido que tanto redes sociales como empresas tienen autorizadas por nosotros mismos estas intromisiones.

Sin embargo, ¿no se supone que deberíamos de proteger a nuestra privacidad?

Desde mi punto de vista definitivamente son varios los factores que propician este efecto de desinterés en la protección de la información personal, misma que permite que las empresas y aplicación tomen ventaja de esta. Dichos factores serían:

  • La forma inadecuada y poco amigable de presentar las políticas de protección de datos personales (parecería que estás leyendo un contrato sin fin).
  • Apatía de las personas por conocer a fondo qué están autorizando al aceptar estos términos y condiciones, que muchas veces nos gana la cotidianeidad y prisa en la que vivimos que nos impide dedicar unos minutos para leer a detalle lo que estamos aceptando.
  • El desconocimiento del impacto que puede tener en nuestra vida el compartir abiertamente ciertos datos, es decir, ¿realmente tenemos conciencia de cuánta de la información que exponemos es sensible o podría ponernos en riesgo si se le da un mal uso?

Si nos ponemos a analizarlo, el acceso a la información es un arma de doble filo, el caso más palpable de esto es Airbnb, donde mientras más información obtengo de la otra parte me siento más “seguro” o protegido, pero al mismo tiempo estoy compartiendo la misma cantidad de información que estoy requiriendo, de la cual, no tengo forma de saber si el uso que se le dará será proporcional al que yo le doy o será utilizado para fines que no necesariamente me van a mantener seguro.

Entonces qué es mejor ¿Compartir más o compartir menos?, definitivamente nos queda mucho camino que recorrer en este tema, pero lo que es un hecho es que probablemente no necesitamos descubrir el hilo negro en cuanto a políticas y regulaciones sobre el manejo de la información, simplemente se requiere mayor conciencia personal del tipo de información que manejamos y compartimos y el impacto que podría llegar a tener un mal uso de esta. También sería de gran ayuda que las empresas, plataformas, aplicaciones, etc. se “solidaricen” con la causa y ayuden a hacer más digerible y amigable la presentación de sus avisos de privacidad. Quizá estas no sean las únicas soluciones o medidas que deban tomarse en cuenta, pero definitivamente ayudarían a disminuir los problemas que se llegan a generar derivado de este intercambio de datos.

 

@LexiaGlobal

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