¡Si no estás conmigo, te trolleo o te bloqueo!

No es que esté mal tener opiniones distintas; al contrario, las perspectivas diferentes enriquecen. Sin embargo, preocupa que en estas conversaciones no haya diálogo, ni acuerdos, ni puentes que apunten a resolver las problemáticas, a la unidad, o a la construcción de un México donde, en verdad, se busque el bien común.

Por: Rosario Zavala (@RosarioZavalaR)

 

La carne contra la carne produce un perfume, pero el roce de las palabras no engendra sino sufrimiento y división.

Anaïs Nin.

 

Por favor, levante la mano quien en los últimos meses ha bloqueado o ha dejado de seguir a un amigo o familiar que en las redes sociales (o en las sobremesas) se ha vuelto un militante empedernido de algún partido político o un ‘ultradefensor’ de un candidato, al punto que la necedad y aquella persona son una misma cosa. Pues bien, me parece que no están solos, pues si analizamos la conversación en torno a las próximas elecciones nos damos cuenta de que existe una polarización de opiniones que, en algunos casos, llevan hasta la ruptura “temporal” de relaciones.

En las redes sociales circulan opiniones, frases, memes, e incluso #fakenews que buscan disuadir el voto de quienes apoyan a un candidato distinto. Es interesante ser testigo del vaivén de “ataques” o posteos (algunos que me parecen muy simpáticos porque finalizan con la leyenda “copia y pega en tu muro para evitar que X candidato llegue a la presidencia”), y ver cómo entre amigos y familiares se generan discusiones que parecen no llegar a ningún lado. Personalmente, he identificados tres perfiles entre quienes se han puesto la camiseta para defender algún color (o combinación de colores, por aquello de las coaliciones) en particular:

  1. Los que son “fans” o simpatizantes de un candidato o partido político, que están convencidos (o eso parece) de lo que proponen.
  2. Los que “tienen” que defender, pues su permanencia en determinado trabajo o beneficio de algún programa social depende de ello.
  3. Los que buscan “la alternancia” o estar con el que consideran “el menos peor” para ver un cambio en el país.

Al converger estas tres perspectivas se contraponen ideas que generan interminables ataques frontales, “indirectas” o incluso trolleos que dejan en evidencia la intolerancia que hay frente a opiniones distintas, pues cada uno defiende su postura desde el ángulo que observa: simpatía, beneficio o desesperación.

Y no es que esté mal tener opiniones distintas; al contrario, las perspectivas diferentes enriquecen. Incluso considero que estas posiciones de discurso, a veces tan radicales o en ocasiones tan necias, responden al “hartazgo” que hay respecto a la situación actual: inseguridad, desapariciones forzadas, asesinatos de periodistas, inestabilidad económica, etc. Sin embargo, lo que me preocupa es que en estas conversaciones no veo diálogo, ni acuerdos ni puentes que apunten a resolver las problemáticas, a la unidad, o a la construcción de un México donde, en verdad, se busque el bien común.

Esto me hace recordar un pasaje de la Biblia que plantea que “estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra…”[1] por causa del Mesías. Y hago la referencia ya que, en esta contienda, los candidatos parecen figuras “Mesiánicas que salvarán a México” ante los ojos de sus seguidores o simpatizantes. Por ello hay tantas disputas, están los “dimes y diretes” entre quienes defienden a los distintos personajes, de tal suerte que si los demás “no piensan como yo” o “no están conmigo” se cierra la puerta al diálogo y todo se reduce a expresiones de intolerancia. Acto seguido, basta con cambiar las configuraciones para administrar contactos en redes sociales al modo “dejar de seguir” o “bloquear notificaciones”. Fácil es deshacerse de la gente en el entorno digital, pero qué pasa con las reuniones familiares con amigos o colegas, donde se llevan a cabo múltiples debates de porqué sí o no votar por un candidato y donde todos se convierten en analistas políticos, así no estén profundamente informados. E insisto: ¿se llega a algún acuerdo? ¿Se plantean ideas de cómo tener un mejor país, independientemente de las diferencias?

Por ello invito a reflexionar sobre lo que sucederá, no el primero de julio, sino al día siguiente. El dos de julio despertaremos, tendremos un nuevo presidente -quizá no el que esperábamos, pero estaremos en el mismo país, rodeados de esos familiares, amigos o colegas a los que bloqueamos o trolleamos en el proceso. Despertaremos en este México lleno de contrastes y dualidades donde las malas noticias seguirán, pero al mismo tiempo tendremos a las personas que ante las adversidades (como el sismo del año pasado) demuestran que sí podemos estar unidos por el bien común. Despertaremos en un México que no será mejor o peor gracias al nuevo presidente, sino que depende de su gente para que las cosas cambien. No habrá milagros. Espero que, con la misma pasión y necedad con la que se han defendido a los candidatos, con esa misma determinación nos despertemos (no hasta el dos de julio, sino desde ahora) y realicemos acciones concretas para tener un mejor país. En el momento que pensemos que nuestra Patria es México, y no solo nuestra familia, en ese momento daremos pasos importantes para mejorar nuestra sociedad.

Y tú, ¿seguirás bloqueando y trolleando, o construirás y propondrás soluciones?

 

@LexiaGlobal

 

 

[1] Lucas, 12:53

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