No opines si no eres experto

Lo político no se agota en la Política, ya que de hecho es ésta la que se nutre y es rebasada por el intercambio de signos y significados con que la “ciudadanía de a pie” negocia, erige, desbarata y vuele a montar lo ciudadano.

“Cada vez que uno entra en la plaza, se encuentra en mitad de un diálogo”.

Italo Calvino

“La ciudad no es una metáfora, sino que la metáfora es una ciudad”.

Pablo Fernández Christlieb

 

Por: Carlos Rosales (@RA_Karlos)

El mes pasado en Twitter, ante cuestionamientos a la decisión de la Cámara de Senadores por descartar la eliminación del fuero para servidores públicos, un usuario de nombre Yaser Luna —taquero de oficio a juzgar por la imagen de su perfil, por cierto— añadió a la discusión: “había una inconsistencia que les preocupaba, que podrían mandarlos a la cárcel si les descubrían sus raterias (sic). Probablemente airado, el senador Jesús Casillas le contestó: “Entiendo que por ser taquero, actividad por cierto muy digna, no sepas que ninguna ley se puede aplicar de manera retroactiva”. Otros usuarios comenzaron a responder a su vez en apoyo a Yaser Luna, molestos con lo que tal vez consideraron un acto de soberbia o discriminación del legislador.

Un caso similar ocurrió en diciembre de 2017, cuando el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, emitió un mensaje público en el que instaba al Senado mexicano a revisar con detenimiento la muy controversial Ley de Seguridad Interior antes de ratificarla (una semana después empero, ésta fue aprobada —literalmente de la noche a la mañana, ya que fue por la madrugada y tras apenas 15 horas de deliberación).[1] Al día siguiente del comunicado de la ONU, el senador Javier Lozano invitó al Alto Comisionado a conocer primero el documento de trabajo que se preparaba en el Legislativo. El actor mexicano Gael García aprovechó para contestar en tono ácido, generando la incomodidad del senador quien lo criticó soltándole: “Hazte un favor y deja de opinar sobre temas que no entiendes”. Vale la pena rescatar parte de las respuestas que dieron tanto el actor, como también después su colega y amigo Diego Luna, respectivamente: “Yo voy a opinar de lo que quiera en torno a mi país y con los políticos.” [GG], y “¿Pedirle a un ciudadano que no opine?” [DL]. Ambos casos pueden consultarse en los respectivos hilos de conversación en Twitter.

Ahora bien, mientras la sociedad mexicana transita por el que posiblemente sea su proceso electoral más importante en las tres últimas décadas, la cercanía de la Copa Mundial de la FIFA 2018 ha ido atrayendo más y más atención en las redes sociales, sobre todo en términos de confección e intercambio de esos contenidos amateur, de corta pero intensa vida, que son los memes (bastan un par de minutos buscando memes de los candidatos a la presidencia para notar que la saturación post debates hace necesario echar mano de otros temas entre aquellos segmentos de la población joven, y no tan joven, con acceso a Internet). A continuación, uno muy al propósito de este texto:

Sencillo e inofensivo —se supone que a los mexicanos nos gusta reírnos de nuestras tragedias… electorales en estas semanas, futbolísticas próximamente— el meme alude a una asunción muy extendida que hemos venido tocando, aunque sin mencionarla hasta esta línea: que quien no posee conocimientos, credenciales o capacidades técnicas suficientes, debería abstenerse de externar siquiera sus opiniones alrededor de ciertos temas. En el contexto del presente periodo electoral en México, parecen ser varios los políticos de oficio que consideran que la ciudadanía sencillamente “no es apta” para cuestionar la agenda de gobierno[2].

Pero aquí caben una o dos cuestiones importantes. Primera, que sin negar su relevancia, Internet y las redes sociales no son en modo alguno un reflejo fiel del sentir de la sociedad, y menos en un país de profundos contrastes socioeconómicos y conectividad digital aún limitada como es el nuestro. Segunda, que parece que se olvida —será que se oculta con toda intención— que lo político no se agota en la Política, ya que de hecho es ésta la que se nutre y es rebasada por el intercambio de signos y significados con que la “ciudadanía de a pie” negocia, erige, desbarata y vuele a montar lo ciudadano.

Tercera y última, que somos nosotros mismos quienes con frecuencia adoptamos esta narrativa perversa que da por sentada la deslegitimación, invalidez, paternalismo e infantilización de posturas consideradas “profanas” desde cotos de micro-poder tácitos o explícitos:[3] El “no opines si no eres experto” es apenas consecuencia verbal de todo un sistema compartido de ideas que paradójicamente reniega del origen mismo de lo civil: es decir el intercambio democrático, horizontal, despreocupado y aficionado, de esos ensayos de retórica cotidiana con que se constituye el acto social por excelencia que es el Pensamiento.

Para rematar con la elegancia no exenta de sencillez que solo tienen aquellas cosas que nos pertenecen a todos (como la propia comunicación con minúscula; más cercana al juego de la poiesis que a la codificación de la theoria), conviene acudir a Ortega y Gasset, quien relata cómo el ágora griega —posteriormente foro romano— prácticamente se hizo brotar en medio del “infinito de la naturaleza”, con ninguna intención salvo arrebatar un trozo de espacio, donde solo espacio había, para rellenarlo precisamente con palabras: lo humano de hablar se transformó así en lo ciudadano de discutir la cosa pública. Hasta nuestros días, justo de eso se trata habitar la Polis. Por supuesto que vamos a opinar.

 

@LexiaGlobal

 

Referencias:

[1] Fueron diversos los actores sociales que manifestaron desde inquietud o consternación hasta rechazo abierto hacia esta medida. Siendo justos, venían haciéndolo desde antes, cuando las tensiones entre el Secretario de Defensa, Gral. Salvador Cienfuegos Zepeda y el Pdte. de la República, Enrique Peña Nieto se iban intensificando en un contexto de uso creciente de las fuerzas armadas —seguridad nacional— para labores propias de las diferentes policías —seguridad pública— con un descontento generalizado por parte la ciudadanía al irse suscitando acusaciones  como desapariciones forzadas o ejecuciones extrajudiciales, presuntamente realizadas por elementos del ejército en distintas zonas del país; son ya tristemente célebres, casos como Tlatlaya (Edomex), Iguala (Guerrero) o Tanhuato (Michoacán). A este respecto, es muy recomendable la lectura del estudio sobre índices de letalidad de las fuerzas federales realizado por académicos del CIDE, en el que se aventuran asociaciones estadísticas interesantes sobre el número de enfrentamientos, balas oficialmente percutidas al año, y proporción reportada de heridos/abatidos en ambos bandos [el lenguaje crea realidades por cierto… la sustitución de palabras como “liquidados” o “asesinados” por otras más antisépticas como “abatidos” o “neutralizados”, no se injertó en lo absoluto de manera accidental o inocente en el vocabulario cotidiano de la opinión pública].

[2] Cosa por demás curiosa, ya que a final de cuentos —y no cuentas— la agenda pública es de hecho propuesta y empujada por la sociedad civil organizada, que puede ser vista como minoría dentro de la sociedad civil a secas: quizá como una “minoría activa” (v.gr. Moscovici), menos espontánea pero más eficiente y capaz de ejercer influencia social de manera intencional.

[3] Fernández Christlieb critica la sobre-institucionalización con que las visiones especializadas (empresarios, políticos, académicos e intelectuales, universitarios, trabajadores formales… y así), suelen tratar de desacreditar a la opinión pública. El psicólogo colectivo afirma que “ninguno de esos mundillos es propiamente mundano; allí nadie es profano; no profana, sino que profesa: es profesional, y la gente es amateur”. A la incipiente democracia mexicana le vendría muy bien redescubrir la riqueza potencial de darse de bruces con la opinión del Otro.

Close
Comentarios

  1. hector_hc

    No conocía el blog de Lexia, me siguen maravillando los recursos extraordinarios de Animal Político.