El proceso de transición más largo del mundo

Los dos meses que han seguido a la victoria electoral del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, parecen distorsionar el espacio-tiempo, y muchos sentimos que ya lleva más de 6 meses gobernando, cuando ni siquiera ha tomado posesión constitucional.

Hace 2 meses que Andrés Manuel López Obrador ganó de manera abrumadora las elecciones a presidente de la República. Una ola morenista se apoderó no solo de la presidencia sino del poder legislativo tanto a nivel federal como a nivel local de diversas entidades.

La propuesta de gobierno de Obrador ha generado grandes expectativas. Más de la mitad de los ciudadanos que salieron a votar el pasado 2 de julio tacharon el nombre de Andrés Manuel, consiguiendo así el 53.2% de los votos emitidos, es decir, más de 30 millones de mexicanos depositaron su confianza en una nueva administración. La euforia y felicidad de millones de mexicanos que confirmaron como ganador a su candidato a las pocas horas de finalizar la votación se hizo notar en todo el país, llenando el zócalo de la ciudad de México y diferentes plazas públicas del resto de la República.

Este escenario del día después de las elecciones parece un lejano recuerdo. Los dos meses que han seguido a la victoria electoral parecen distorsionar el espacio-tiempo, y muchos sentimos que AMLO ya lleva más de 6 meses gobernando, cuando ni siquiera ha tomado posesión constitucional. La celeridad con la que AMLO y su equipo están actuando durante este proceso de transición no se había visto antes. Todos los días se pueden leer por parte del presidente electo y sus filas planeaciones y pronunciamientos sobre diferentes problemáticas y proyectos.

La elección presidencial y la toma de posesión constitucional están separadas por 5 largos meses de transición que, al parecer de muchos mexicanos, resulta en un lapso excesivo. Poniéndolo en perspectiva internacional Francia considera 9 días entre las elecciones y la toma de posesión del gobierno, España contempla 1 mes, USA 2 meses y medio y China, uno de los más cercanos a la realidad mexicana, toma 4 meses para la transición. Este largo proceso de transición presenta grandes desventajas tanto para el gobierno saliente como para el gobierno entrante y para una visión ciudadana crítica.

Por un lado, Enrique Peña Nieto y su gobierno pierden protagonismo, y la relevancia de sus decisiones se puede diluir ante las expectativas de un nuevo gobierno que viene con directrices diferentes. Para muestra los principales titulares de los periódicos durante los últimos meses: más enfocados en comunicar la agenda, reuniones y pronunciamientos del presidente electo que toda la información proveniente de la presidencia en turno. Esto está haciendo que los últimos meses del gobierno saliente durante los que la ciudadanía tendría que estar exigiendo un exhaustivo rendimiento de cuentas, se pasen cual vaso de agua para EPN y su equipo. La lupa se ha puesto en el presidente que ni siquiera está en funciones.

Por otro lado, no cabe duda de que todos los ojos están puestos en el presidente electo; no solo los ojos sino las ilusiones y sueños de millones de mexicanos que ven en AMLO la posibilidad de un cambio. Esto se puede notar fácilmente en la transformación que ha sufrido la casa de campaña de AMLO que, después de las elecciones, más que parecer casa de político parece la casa de un “rockstar”, siendo acosada constantemente por multitudes, cámaras, reflectores, groupies, fanáticos religiosos, peticiones de empleo, teorías de conspiración y mucho más, que se han vuelto un infierno para los vecinos de la casa de la Roma.

La enorme carga mediática y las altas expectativas que existen sobre el gobierno entrante pueden hacer que “queme sus cartuchos” muy pronto, es decir que el desgaste en este proceso de transición sea tal que al llegar a convertirse en presidente institucional haya perdido gran parte de su capital político, dejándolo así en una posición desfavorable ante la opinión pública para empezar un gobierno que pinta con muchos cambios por delante.

No cabe duda de que la amplia victoria de López Obrador en las elecciones federales ha creado un sentimiento muy positivo entre los mexicanos que votaron por él, quienes hoy por hoy están convencidos de que un México mejor es posible y entre quienes ha rebrotado un sentimiento de optimismo hacia el futuro.

Dicho optimismo puede empezar a modificar sutilmente las dinámicas de millones de mexicanos, entre las que no sería raro que ciertos hábitos de consumo se vieran modificados de la misma forma… podríamos empezar a ver más compras dedicadas al placer, a la recreación… o incluso inversiones arriesgadas confiando en el futuro de México. Pero hay que tener mucho cuidado, porque el gran optimismo que despertó puede muy fácilmente tornarse en preocupación causada por alguna metedura de pata o algún comunicado mal planteado durante esta larga transición.

En LEXIA sabemos que el clima político de un país es fundamental para darle certeza a inversionistas extranjeros, pero también construye en gran medida el panorama, las dinámicas sociales y los hábitos de compra de millones de mexicanos. Mantener estos largos tiempos de transición puede significar un gran volado para la credibilidad y prestigio del gobierno entrante y restarle relevancia y crítica ciudadana al gobierno saliente. Veamos qué pasa y tengamos los oídos bien abiertos… la escucha de la sociedad es clave, y la espera larga.

 

@LEXIAGlobal

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