Tamaulipas: matar no cuesta

¿Por qué un grupo delictivo decide sin más, hacer de una entidad supuestamente vigilada desde el sexenio pasado por fuerzas estatales y federales, un campo de batalla? La respuesta es corta y no se basa en una teoría innovadora (Becker, 1968): porque puede. ¿Y por qué puede? Porque el costo que paga por eliminar rivales es muy cercano a cero.

Por: Lilian Chapa Koloffon (@cklilian)

Así como aparentemente se fueron, regresaron los enfrentamientos armados a plena luz del día y en vías públicas en Tamaulipas. Otra vez, como hace poco más de cuatro años, la entidad vuelve a ser escenario de disputas violentas entre grupos del narcotráfico. En esta ocasión, se presume, entre facciones del Cártel del Golfo (CDG) más lo que se acumule, porque Los Zetas podrían aprovechar la situación para re-posicionarse. El Grupo de Coordinación integrado por fuerzas de seguridad estatales y federales reconocieron un total de 14 asesinatos el domingo 6 de abril resultado de “enfrentamientos entre grupos de delincuentes” en Tampico y Madero, ambos colindantes con Veracruz. A esto hay que sumar que un día antes cuatro individuos perdieron la vida tras haber presuntamente agredido a personal de la Secretaría de la Defensa Nacional en la fronteriza Ciudad Miguel Alemán, con lo que sumarían 18 muertes en dos días*, aunque cabe señalar que algunos medios manejan una cifra superior.

Y de nuevo, no es la primera ocasión. En enero de 2010 fue entre el CDG y los Zetas, ya con Osiel Cárdenas, fundador de ambos, preso en Estados Unidos y rotos los vínculos entre estos grupos. Municipios como CiudadMier, Camargo, Ciudad Mante, Miguel Alemán, Reynosa y Valle Hermoso fueron campo de batalla de un conflicto armado con número de víctimas mortales desconocido. Reportes de prensa y de ciudadanos dieron cuenta entonces de cuerpos desechos por las balas abandonados en los caminos, entre la maleza, al interior de vehículos de lujo incendiados y de otros recogidos por sus compañeros.

La pregunta que hay que hacerse en este momento es clara. ¿Por qué un grupo delictivo decide sin más, hacer de una entidad supuestamente vigilada desde el sexenio pasado por fuerzas estatales y federales, un campo de batalla? La respuesta es corta y no se basa en una teoría innovadora (Becker, 1968): porque puede. ¿Y por qué puede? Porque el costo que paga por eliminar rivales es muy cercano a cero. La lógica es desoladora pero simple: asesinar es redituable porque la competencia estorba, también las autoridades que no están en su nómina y los periodistas incómodos. Si un desconocido se interpone entre su arma y su rival, tampoco importa. Y que quede claro: por si alguien se frotaba ya las manos, este no es un llamado a condenar inocentes para mejorar indicadores de efectividad. Si el costo de delinquir no lo paga el delincuente, la licencia está implícita.

Grafica Post 9 abril

El problema de que hablemos hoy de algo ya visto en Tamaulipas es ese precisamente: poco más de cuatro años después, siguen presentes en la entidad las condiciones necesarias para que el chispazo de la violencia homicida se convierta en llamas. La intervención federal en el sexenio pasado y en lo que va del presente no han hecho a esta entidad un terreno menos propicio como escenario de batalla.

Ya mencionamos la impunidad, pero los factores que intervienen deben ser más. Claramente las armas siguen fluyendo sin problema (no se están matando con hondas) y el estado resulta ser lugar de origen e influencia de “los de la última letra”. Fundados por Osiel Cárdenas como un ejército privado dedicado a su protección, desde 2010 son independientes y, como describe Roberto Saviano en CeroCeroCero, “se sienten atraídos por las partes más despiadadas de las organizaciones criminales: han tomado lo peor de los cuerpos paramilitares, lo peor de la mafia, lo peor del narcotráfico”.

Alarmantemente, los gobiernos federal y estatal creen que la causa de los nuevos enfrentamientos en el puerto es otra: las detenciones de miembros de uno u otro grupo delictivo la causa de los nuevos enfrentamientos en el puerto. Nada más. Que terminen de reacomodarse y listo. Pregunta al aire: ¿se habrán planteado siquiera la posibilidad de que Tamaulipas deje de ser algún día un campo de batalla, o es este el destino que ven para la entidad? Lo cierto es que si esta vez se debe a que detuvieron al “comandante Simple” y al “Metro 24”, mañana será porque cayó el “comandante Complejo” mientras las instituciones de la entidad no se fortalecen a tal grado que a base de acciones apegadas al debido proceso, se sancione penalmente a los autores materiales e intelectuales de los hechos de violencia.

Regresemos al recuento inicial. Lo hicieron en 2010 y ahora lo vemos de nuevo. Ojalá que no, pero lo observado en los últimos días apunta al inicio de un nuevo episodio violento en Tamaulipas. Es lo que pasa cuando, en lo que a las débiles instituciones respecta, matar no cuesta. Y eso es algo que ni un nombramiento presidencial emergente puede resolver.

 

* Lilian Chapa Koloffon es investigadora de México Evalúa (@mexvalua)

 

 

*Actualización: Reforma publicó este miércoles que la cifra de muertos va en 28 de acuerdo con el Secretario General de Gobierno de Tamaulipas, Herminio Garza Palacios. Esta información, por cierto, brilla por su ausencia en la sección de boletines en línea del gobierno del estado que, hasta el lunes, estaba actualizada.

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