Recaudación récord vs servicios en ruinas

Si bien es verdad que esta administración logró incrementar los ingresos recurrentes para financiar su gasto, es necesario hacer otra pregunta: ¿el esfuerzo de los mexicanos que pagan impuestos se ve reflejado en mejores servicios públicos e infraestructura, que contribuyan a acelerar el crecimiento económico y a abatir el rezago social?

Por: Mariana Campos (@mariana_c_v) y Alejandro García (@myosus)

El Gobierno federal acaba de recibir buenas noticias: la recaudación de impuestos batirá récord este 2018. Además, se espera que ésta continúe creciendo en 2019, según lo indican los Pre Criterios que cada año prepara la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y que debe presentar al Congreso a más tardar el 1 de abril.

Ciertamente, saber que tendremos mayores recursos provenientes de impuestos es motivo de festejo, tanto en las oficinas del SAT como en las de la SHCP.  Además, la buena noticia se da en abril, mes en el que muchos contribuyentes presentamos la declaración anual y pagamos nuestros impuestos.

¿Qué nos dicen las cifras? Se espera que para el cierre de esta administración federal se haya recaudado 86% más que en 2012, en términos reales. Asimismo, de acuerdo con el análisis presentado en los Pre-Criterios, la proporción del gasto que es financiada a través de la recaudación aumentó.

Si bien es verdad que esta administración logró incrementar los ingresos recurrentes para financiar su gasto, es necesario hacer otra pregunta:  ¿el esfuerzo de los mexicanos que pagan impuestos se ve reflejado en mejores servicios públicos e infraestructura, que contribuyan a acelerar el crecimiento económico y a abatir el rezago social?

Esa es precisamente la otra cara de la moneda de la que hace falta hablar: el gasto público. Nuestra atención y exigencia al Gobierno federal también debe enfocarse en evidenciar si ejerce o no un gasto suficiente, efectivo y eficiente para atender las necesidades de la población que, por cierto, es quien en gran medida está financiando la operación del aparato gubernamental.

El mismo día que se publicó el logro en materia de recaudación federal, se hizo público un caso más que describe la precariedad que enfrentan muchas unidades públicas de atención a la salud en nuestro país, debido a la falta de insumos básicos para funcionar. Un médico denunció el drama del Hospital General de Lázaro Cárdenas, Michoacán, respecto a la existencia de medicamentos caducos y jeringas reutilizadas. Posteriormente, el Sindicato de Trabajadores Descentralizados de los Servicios de Salud en Michoacán (STDSSM) presentó una denuncia ante la PGR por utilización de jeringas recicladas y fármacos caducos, así como por presunto robo de medicamentos de bodegas de la Secretaría de Salud en Michoacán con destino al Estado de México.

Parece que las clínicas y hospitales no tienen capacidad para atender a todos los pacientes que los necesitan, carecen de los insumos básicos para operar, no hay suficientes médicos, equipo, ni medicamentos. Lo anterior dificulta el trabajo de las clínicas y hospitales públicos en nuestro país y promueve malas prácticas, que no les permiten garantizar la seguridad de sus pacientes ni brindar un cuidado efectivo de la salud.

El análisis de los datos nos revela otra parte de la historia. El gasto en salud no ha evolucionado como debería. Como proporción de la economía, este gasto se ha mantenido prácticamente estancado desde 2010. Incluso, en 2016 y 2017, presentó caídas. Los servicios de salud deberían ser,  sin duda, una prioridad en la lista de necesidades a financiar con el presupuesto público. Las cifras nos muestran que, en los últimos ocho años en México, este gasto no lo ha sido.

El indicador del gasto en salud respecto a la economía nos da un punto de comparación útil con otros países y nos permite entender qué pasa con el gasto para satisfacer estas necesidades en proporción de cómo crece la economía mexicana. Este indicador nos muestra que durante esta administración el gasto en salud disminuyó de 2.8% del PIB en 2013 a 2.5% en 2017. Si nuestra economía creció poco, este gasto creció aún menos.

Por supuesto, el presupuesto en salud por sí solo no nos dice todo. Es necesario saber cuántos recursos de éste realmente se destinan a los centros de salud, clínicas y hospitales. Y de éstos, cuántos realmente llegan a los pacientes en forma de atención médica, equipo, infraestructura y medicamentos. Lamentablemente, en la actualidad no existe información pública del presupuesto asociada a cada clínica. Esto dificulta la participación ciudadana y de especialistas en el tema, pero no la imposibilita. Incluso sin contar con la información cuantitativa detallada se puede hacer análisis de casos específicos, a través de análisis cualitativo.

Es indispensable que la mayor cantidad de ingresos recibida por el Gobierno federal esté acompañada de una rendición de cuentas real del porqué gasta en lo que gasta. La exigencia no es sólo gastar, sino hacerlo bien y en lo que se necesita. Solucionar las necesidades del sector salud es fundamental; la población mexicana requiere y seguirá requiriendo atender enfermedades más complejas, en parte por el incremento de la población de adultos mayores y una esperanza de vida a la alza.

Desde México Evalúa hacemos un llamado para que, antes de pensar en recaudar más, se retome el sentido del gasto público y se mejoren los procesos de decisión sobre su asignación, así como la eficacia y la eficiencia de la misma.

 

 

*Mariana Campos es Coordinadora del Programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de @mexevalua. Es licenciada en Economía por el ITAM y graduada con honores como Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Carnegie Mellon. Alejandro García es economista por el ITAM e investigador del programa de gasto público y rendición de cuentas de México Evalúa.

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