Aquí, por quinientos pesos, te pueden matar

Ana, Paz y Susana son supervivientes de violencia y de violencia sexual en Acapulco, que ha recibido el apoyo médico y psicológico de Médicos Sin Fronteras. Estas son sus historias.

La siguiente serie de relatos están basados en testimonios reales de tres mujeres supervivientes de violencia y de violencia sexual que actualmente reciben atención médica y psicológica por parte del equipo de MSF en Acapulco. Por cuestiones de confidencialidad y por su seguridad, tanto sus nombres como algunos lugares han sido cambiados.

ANA: “Aquí, por quinientos pesos, te pueden matar”

Ana, de 27, vive en Acapulco desde hace una década. Tiene un hijo y es ama de casa.

La violencia la viví dentro de casa, que debe ser un lugar seguro, pero para mí no lo fue. Dos veces no lo fue. La primera, no pude ver sus rostros. A las dos de la mañana, y estando embarazada de cinco meses, un hombre me golpeó en la cabeza. Comencé a pedir ayuda pero él me golpeaba; metí las manos para proteger al bebé y me rompió el brazo. A mi madre le destrozaron la cara.

Me quiso violar, me bajó las pantaletas. Si mi hermano no hubiera llegado en ese momento ya no estaría viva. Ahora llevo una placa de hierro en el brazo.

En el hospital todos los días me decían que iba a perder a mi bebé o el brazo, que me fuera preparando. Estuve un tiempo con el neurólogo en rehabilitación, por los golpes en la cabeza.

La segunda vez, ya tenía a mi hijo. Tenía dos años y que me volviera a pasar… En esta ocasión pudimos verlos, pude observar al que me amenazó con un arma, a quien me gritó y me insultó. Abrí la puerta, me aventaron y me pusieron una pistola en la cabeza; agarraron a mi esposo, lo amarraron, le taparon la cara. No sabía si lo iban a matar, si nos iban a asesinar. Ignoras por qué te pasa eso, si tú no haces nada malo. Son cosas que aquí suceden. No sé por qué se fueron, sólo que nos dejaron amarrados y se llevaron algunas cosas.

En la primera agresión, a mi mamá le destrozaron la cara. Perdió la vista de un ojo y eso la destruyó emocionalmente. Caí en depresión. No quería que nadie me viera. Estuve recluida en casa y tenía miedo. Mi madre se fue de Acapulco y le han ido reconstruyendo el rostro. Ella no está bien, está tratando de sobrevivir.

La primera vez, no me sentía capaz de ir al psicólogo, pensaba “no estoy loca”. La segunda, una amiga me dijo que fuera a MSF, que estaban aquí en Acapulco. Estaba deprimida y pensé “ahora sí lo necesito”, y decidí ir a consulta.

Me está ayudando. Estoy encontrando las cosas que me afectaban. El primer suceso me dañó mucho. Con la terapia me siento más fuerte. Sé que puedo estar bien y no temer. Mi esposo también ha buscado ayuda psicológica. Está en terapia. Hemos pasado por muchas cosas, estábamos sufriendo. Fue muy trágico.

PAZ: “Me sentía mal, no sabía qué hacer. Le comenté a mi papá que iba a tener un bebé”

Paz tiene catorce años y estudia el segundo grado de secundaria, vive con su papá en una de las colonias más afectadas por la violencia en Acapulco.

A simple vista parece que todo está bien y detrás de eso hay muchas cosas malas, como agresiones contra las mujeres, muchas muertes y delincuencia.

Yo he vivido esa violencia. En octubre del año pasado, camino a la escuela, unos hombres me agarraron y me subieron a un carro. Me llevaron a otro lugar, ahí me golpearon y empezaron a tocarme.

Ese día salí temprano porque iba a hacer una tarea por internet. En casa no contamos con el dinero suficiente y en el colegio lo tienen gratuito. Me fui caminando y había un taxi estacionado. El conductor ofreció llevarme, yo me negué, le dije que prefería caminar. Otro señor me jaló por la fuerza. Me subieron al taxi.

Me llevaron a una casa abandonada. Ahí comenzaron a tomar y a fumar. Después, ya bebidos, comenzaron a tocarme. Yo no me dejaba y los empujaba; ellos se pusieron agresivos, me golpearon. Cuando terminaron, me dejaron más abajo de mi escuela. Estaba llorando, espantada, sentía mucho asco y dolor. Me encontré con una de mis compañeras de clase, quien me bañó y prestó ropa.

Se lo conté a mi maestra de español y ella se ofreció a acompañarme a denunciar y fuimos. Se ofreció a llevarme al doctor, pero no quise. Días después, la maestra comenzó a recibir amenazas. A su hijo lo golpearon y le quitaron el carro, pero ella siguió ayudándome. Los que tuvieron miedo fueron los otros maestros. Comenzaron a portarse serios conmigo. Hacía los trabajos, pero me los rechazaban porque tenían miedo. Comenzaron a bajarme las calificaciones. Me salí en diciembre, justo hace un año. Luego, mi madrina se dio cuenta de que yo estaba embarazada. Ella me ayudó a decírselo a mi papá, porque yo no tenía el valor. Fue entonces cuando le conté lo que había pasado.

No teníamos dinero. No me quise atender el embarazo. Me cortaba las manos, las piernas y el estómago con una navaja. Mi papá, que antes era más distante, empezó a ayudarme y platicaba conmigo. Charlamos sobre lo que íbamos a hacer cuando naciera el bebé.

Llegué a MSF cuando empecé a atenderme el embarazo, con seis meses. Conocí a una doctora de MSF y ella me explicó que ayudan a las personas que sufrieron una violación. Estuvo apoyándome durante el embarazo.  A veces me acuerdo de lo que pasó, lloro y me pongo triste. Cuando nació mi bebé no quise rechazarlo porque fue una inspiración para salir adelante. Ahora mi papá también siente cariño.

Incluso ahora MSF me sigue ayudando, con el bebé, si se enferma. En todo momento estuvieron conmigo y eso fue un gran apoyo, tanto para mí como para mi papá, que no sabía qué hacer durante el parto. También regresé a la escuela.

Me siento diferente, ya todo lo es, y aunque hay gente que aún me hace sentir incómoda son más quienes me están ayudando. Ya estoy bien y así me siento. Estoy feliz porque voy a seguir estudiando, tengo una beca.

SUSANA: “En Acapulco hay mucha violencia, sobre todo hacia las mujeres”

Susana, nació en Puebla, desde hace 24 años, vive en Acapulco y trabaja como camarista en un hotel. Tiene tres hijos de 14, 9 y 7 años.

Desde que yo recuerdo, en Acapulco hay mucha violencia, sobre todo hacia las mujeres. Maltrato físico y mental, abusos y violaciones. Hay mucha violencia familiar.

Cuando mis papás se separaron fui golpeada, maltratada. No tuve infancia ni tiempo de jugar, y si quería estudiar estaba obligada a trabajar. Luego me casé, pero mi vida de matrimonio tampoco fue fácil. Mi esposo también me golpeaba. A mí y a los niños. Decidí separarme.

Llevé a mi niña a MSF porque el Ministerio Público lo recomendó. Ella lloraba sin parar y cuando se enfermaba no quería ir al médico. Yo no entendía por qué, hasta que comenzó a declarar en los juzgados, se levantó el acta y relató todo, que su papá la amenazaba con matarme, con agredir a sus hermanitos y con golpearla a ella, y le decía que no dijera nada. Había abusado de ella y la dejó embarazada.

Cuando comenzó con la terapia psicológica le dijeron que tenía opciones. Tanto la psicóloga de MSF como la médica ministerial le dijeron que si no quería tener al bebé estaba en su derecho, que podía interrumpir la gestación. En el Ministerio la trataron bien, le dijeron que la iban a apoyar y que no tuviera miedo de hablar, pues tenía el derecho a defenderse.

Eso fue hace un año. Ahora sigue yendo a la escuela. Sobre la demanda nunca tuvimos conocimiento de que el juez diera la orden de detenerlo. Él está prófugo. No está aquí, no sabemos nada de él. Todos mis hijos están yendo a terapia psicológica, se sienten bien.

 

@MSF_Mexico

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