Se da la espalda a lo que pasa en Guerrero (parte 2)

Médicos Sin Fronteras interviene en 11 comunidades cuyos servicios médicos se han visto afectados por el conflicto territorial entre grupos criminales. Esta es la segunda parte de una serie de tres textos con testimonios sobre la violencia que amenaza con destruir su tejido social.

Javier Lopez de la Osa y Lenin Martínez Aguilar, español y mexicano de 31 y 29 años respectivamente, son médicos de terreno que trabajan en las clínicas móviles que visitan mensualmente las comunidades afectadas por la violencia en las regiones de Tierra Caliente, Norte y Centro del estado de Guerrero. Los equipos están dotados de médicos, enfermeras, psicólogos y logistas. En esta conversación explican sus experiencias en la zona.

En comunidades agrícolas casi de subsistencia como las de Guerrero, los equipos detectan en determinadas épocas del año desnutrición en niños y ancianos. Foto: Juan Carlos Tomasi.

¿Qué dolencias encuentran con más asiduidad en las clínicas móviles?

Javier: En esta situación de violencia en la que la gente no puede acceder a cuidados básicos, sumado a los problemas estructurales de pobreza en la región, lo que detectamos con mucha frecuencia es la falta de seguimiento en embarazos, lo que tiene incidencia en la mortalidad materna, y la falta de atención a las enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, etc. Esto redunda en que la esperanza de vida se acorte. Lo que podría ser una enfermedad que se gestiona bien, acaba progresivamente degenerando en enfermedad aguda y severa, con gente que lleva meses sin recibir la medicación adecuada.

Lenin: En algunos casos y dependiendo también de la época del año, al ser gente muy dependiente de sus propios cultivos, vemos desnutrición en las franjas de edad más vulnerables: niños y ancianos. Los pacientes psiquiátricos también son de preocupación extrema, porque el peso total de su cuidado, muchas veces sin la medicación adecuada, recae en las familias.

También vemos cómo resurgen creencias populares y el apoyo en la medicina tradicional que, a veces, puede ser contraproducente. Y por supuesto, la somatización de la situación de inseguridad: vemos síntomas como “me duele la cabeza”, “me duele el cuerpo”, “no duermo”. Pero indagas un poco y ves que lo que hay detrás es miedo a la violencia.

A las poblaciones de Guerrero no sólo se encuentran entre los de mayor pobreza de México, sino también los más azotados por el conflicto territorial entre grupos criminales. Foto: Juan Carlos Tomasi.

¿Cómo afecta el aislamiento al que se enfrentan muchos pueblos?

Javier: Además del impacto psicológico que pueda haber, su acceso a la salud se ve fuertemente mermado por las fronteras invisibles creadas por los grupos criminales. El acceso a centros hospitalarios, en localidades más importantes, se ve cercenado y eso afecta por supuesto al seguimiento de patologías de consideración o crónicas. También la gente tiene tendencia a acaparar medicinas (“¿me puede dar algo por si acaso, para la semana que viene?”). Y entonces te das cuenta de que lo que procuran es evitar tener que salir de sus casas, de su pueblo, por el miedo a los caminos. No pueden salir por la noche y cuando tienen que salir, el transporte les resulta muy caro, por lo que evitan al máximo tener que ir al hospital.

¿Pueden recordar qué pacientes los han marcado más?

Lenin: Yo había simpatizado mucho con una señora de unos 55 años, a la fuerza. Le hice reír a carcajadas, porque no sé cómo lo hice, pero me caí en la consulta, me caí al suelo. Y tampoco sé cómo lo hice, pero se me quedó la cabeza trabada entre la mesa y la pared. No podíamos parar de reír y eso formó una cierta complicidad. El día de Muertos la vi de nuevo y la vi triste. Entonces me explicó que su hijo único, más o menos de mi edad o un año menos, había desaparecido hace tres años. Nunca supo que le pasó, ni si vive o no.

También sorprende la extrema amabilidad de la gente. Recuerdo un paciente en particular, que era enormemente amable. Llegó con dolor muscular intenso en el hombro. Evidenciaba que podía ser por trabajo físico, así que le pregunté y él me confirmó, me confirmó que sí, que el dolor era por su trabajo, pero no dijo más. Luego confesó que era sicario. Claro, nosotros tratamos a todo el mundo sin distinción. Pero me pregunto si a veces no sería mejor no preguntar.

Guerrero exporta marihuana y heroína, pero también capital humano. Con el éxodo de jóvenes y familias, las poblaciones también se envejecen. Foto: Juan Carlos Tomasi.

Javier: El día más triste del equipo fue cuando una señora que nos suele servir la comida en uno de los pueblos que visitamos, de repente, también para el Día De Muertos, apareció con un niño, su nieto, de seis u ocho años, muy arregladito, con traje y corbata. La señora nos dijo, “es que hoy va a ver a sus papás”. Los papás del niño habían sido secuestrados, asesinados y los cuerpos abandonados en los caminos. Todo el equipo enmudeció. Fue uno de los días más desolados.

¿Qué es lo que les ha sorprendido más de la situación?

Lenin: Yo vengo de Morelos, conozco la pobreza de las comunidades rurales con deficiencias similares a las de Guerrero, en el sistema de salud y en las condiciones económicas de la población. La diferencia es la violencia que se vive en Guerrero, que empeora todo lo anterior. Lo que no deja de sorprenderme de las poblaciones aquí es lo aisladas que están por la violencia, por la profusión de hombres armados y cómo eso afecta al acceso a la salud, mejor dicho, a la falta de acceso a la salud.

Javier: A mí lo que me sorprende es la capacidad de México, su riqueza, pero luego la extrema pobreza en la que vive la gente, que recuerda incluso a la España de postguerra y cómo se da la espalda a esta situación. Parece que se quiera ignorar que la amapola, la mariguana, el narco son cosas que pasan aquí.

Material para ser distribuido entre los desplazados del pueblo de San Felipe de Ocote por la violencia de grupos criminales, reubicados ahora en un centro educativo de Apaxtla. Foto: Juan Carlos Tomasi.

 

 

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