La crisis humanitaria en Nigeria no ha terminado

Kerri Ann Kelly, jefa de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Nigeria, explica cómo la compleja situación humanitaria en el estado de Borno, en el noreste del país, solo empeorará con el inicio de la temporada de lluvias.

La crisis humanitaria en Nigeria no ha terminado
Musa Yahaya/MSF

Musa Kime, de 70 años, llegó hace unas semanas a Rann, una ciudad en el estado de Borno. Junto con otras personas de su pueblo, Kime caminó 21 kilómetros a pie durante toda la noche para poder llegar a la seguridad de esta pequeña ciudad en el noreste de Nigeria. “Solo quiero algo de comida y un lugar para quedarme, no tengo muchas esperanzas”, dice Kime.

Al igual que Kime, otros continúan llegando a ciudades de la región todos los días, huyendo del prolongado conflicto entre el ejército nigeriano y los grupos armados. De acuerdo con Naciones Unidas, 1,7 millones de personas han sido desplazadas en el noreste de Nigeria; el 78% de ellas en el estado de Borno.

Mohammed Jabu también acaba de llegar a Rann y está sentado bajo un refugio comunal, esperando recibir asistencia humanitaria. Siente ansiedad ante el futuro. “Vinimos a este lugar con poco o nada de ropa y pertenencias, tampoco hay mucha comida aquí”. Para los desplazados en Rann, la falta de alimentos y de suministros para refugio solo empeorará durante la temporada de lluvias.

Rann es hogar de más de 40,000 personas, incluyendo a la comunidad de acogida y desplazados internos de los pueblos vecinos. Las fuertes lluvias que se presentan entre julio y septiembre transforman la ciudad en una isla, dejando a los habitantes aislados del mundo exterior.

Cada vez es más difícil para las organizaciones humanitarias llegar a las personas para ofrecerles el refugio, suministros de alimentos y la atención médica vital que tanto necesitan. La inseguridad alimentaria también es un gran problema ahora que se acerca rápidamente la temporada entre cosechas, una época en la que los agricultores no pueden sembrar sus campos.

Foto: Nitin George

El riesgo de las enfermedades transmitidas por el agua también es preocupante. Las fuertes lluvias provocan numerosos charcos de agua estancada que son un lugar ideal para que los mosquitos puedan reproducirse fácilmente. La defecación al aire libre y el desbordamiento de las letrinas de pozo aumentan el riesgo de brotes epidémicos que pueden extenderse sin control a las ciudades. En un momento en que las personas se enfrentan a la escasez de alimentos, enfermar de malaria o enfermedades como la hepatitis E puede ser mortal. Las mujeres embarazadas y los niños menores de cinco años son los más vulnerables.

En respuesta a la situación, el gobierno del estado de Borno, en colaboración con varias organizaciones humanitarias entre las que se encuentra MSF, lanzó un programa preventivo de tratamiento para la malaria para niños menores de cinco años. En Rann, MSF capacitó a 47 equipos de trabajadores de salud comunitarios y brindó tratamiento para la malaria a 14,725 niños en tres días.

Tampoco hay acceso a atención hospitalaria para los pacientes internados en Rann. Durante la estación seca, algunos residentes se arriesgan a tomar caminos inseguros para llegar a un hospital que se encuentra en un pueblo a 25 kilómetros de distancia, pero en la temporada de lluvias esto simplemente no es posible. El hospital general de la ciudad fue destruido en 2014 durante el conflicto y las autoridades locales lo están renovando.

Crédito: Nitin George

Muchos de los recién llegados a nuestras instalaciones de salud en Rann han informado que la continua inseguridad y la falta de alimentos adecuados los obligan a abandonar sus pueblos para escapar del conflicto en curso. A medida que las personas continúan llegando a Rann y otras ciudades en el noreste de Nigeria, la necesidad de mejores instalaciones médicas, refugios e instalaciones sanitarias se está volviendo urgente.

Rann tampoco ha logrado escapar de la violencia. El 17 de enero de 2017, la ciudad fue bombardeada por un avión militar nigeriano, matando a 90 personas e hiriendo a otras 150. Después del bombardeo, MSF proporcionó atención médica a través de equipos de clínicas móviles que visitaban regularmente la ciudad. Desde septiembre de 2017, MSF ha tenido una presencia permanente en Rann.

En marzo de 2018, MSF se vio obligada a suspender temporalmente sus actividades en Rann tras un ataque contra una base militar. Tres trabajadores de ayuda humanitaria de otras organizaciones murieron en el ataque. La inseguridad ha provocado que las organizaciones humanitarias solo puedan llegar a la ciudad en helicópteros.

Actualmente hay una escasez de servicios médicos y de saneamiento en Rann; y las organizaciones de ayuda que están presentes no cuentan con equipos permanentes de personal experimentado, dificultando así la efectividad de la respuesta humanitaria.

La necesidad de aumentar la asistencia humanitaria en todo el noreste de Nigeria no podría ser más urgente. Se debe garantizar la ayuda humanitaria en forma de alimentos, atención médica y servicios de saneamiento para que las comunidades de Rann puedan vivir en condiciones dignas y con seguridad. El gran número de personas que dependen de la asistencia humanitaria en el noreste de Nigeria demuestra que la crisis humanitaria está lejos de haber terminado.

En Rann, MSF brinda atención para pacientes ambulatorios, incluyendo un programa de nutrición terapéutica. En el noreste de Nigeria, MSF brinda atención médica primaria y secundaria en ocho localidades del estado de Borno y en la capital del estado de Yobe, Damaturu. A través de equipos permanentes o durante las visitas regulares de las clínicas móviles, los equipos ejecutan proyectos de nutrición para niños con desnutrición, brindan apoyo en salud mental, responden a brotes de enfermedades y proporcionan atención pediátrica de emergencia, entre otros servicios.

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