En imágenes: el futuro de los refugiados rohingya

Las fotografías aquí expuestas muestran la realidad de cientos de miles de personas que llegan a Bangladesh huyendo de la violencia de Birmania, las cuales viven hacinadas y sin acceso a sus derechos básicos.

Hace un año, el 25 de agosto de 2017, se inició un éxodo masivo y forzoso en el que más de 700.000 rohingyas (400.000 en menos de un mes) llegaron a Bangladesh huyendo la persecución y la violencia que sufrían en Myanmar. Desde entonces, el campo de refugiados de Kutupalong-Balukhali se ha convertido en el más grande del mundo. Allí, cientos de miles de personas viven hacinados y tienen muy poco acceso a agua potable, letrinas y lugares donde asearse. Además, no disponen de oportunidades para acceder a la educación, a un trabajo o a atención médica.

Por otro lado, la negación de su estatus legal y la falta de estructuras y servicios que puedan funcionar a medio o largo plazo, continúa atrapando a los refugiados en un ciclo interminable de sufrimiento que afecta a su salud tanto física como mental.

Ante esta situación, Médicos Sin Fronteras denuncia que se deben encontrar soluciones más duraderas para responder a lo que probablemente sea un período prolongado de desplazamiento masivo. Las siguientes imágenes exploran la dura cotidianidad de esta crisis humanitaria.

1. 

Una joven rohingya camina por las calles mojadas del campo de refugiados de Balukhali portando sobre su cabeza artículos de primera suministrados por la ONU. Un año después de su llegada, la gente sigue viviendo en refugios básicos precarios, lo que los deja en una situación muy vulnerable frente a las lluvias, el calor o el viento. Muchas tiendas fabricadas con láminas de plástico y bambú se han derrumbado o han sido arrastradas por las fuertes lluvias. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF.

2. 

Un refugiado rohingya camina por el sendero transportando ladrillos para fortificar alguna infraestructura dañada por las lluvias. Las condiciones de vida en los improvisados campos de Bangladesh están muy por debajo de los estándares mínimos fijados por las normas humanitarias internacionales. Las personas aún viven en los mismos refugios temporales que construyen a su llegada. Permanecen confinados a la fuerza en unos campos con escaso acceso a agua potable, letrinas, educación, oportunidades laborales y atención médica. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF

3.

Una niña rohingya lleva un balde de agua a su tienda en el campo de Balukhali. Debido a las fuertes lluvias, las reservar de agua se contaminaron con aguas fecales, lo que implica un grave riesgo para la salud pública. En una zona donde los ciclones y los monzones son comunes, casi no existen estructuras estables y seguras para refugiar a las personas. Cada vez que llueve, amplias zonas del campo se inundan y algunas tiendas son arrastradas. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF

4.

Una niña muestra una pulsera en su muñeca. La usa para que, en el caso de que se pierda, pueda ser identificada rápidamente y devuelta al cuidado de sus padres. En los masificados campos de Bangladesh muchos niños rohingya se han perdido. La ausencia de un estatus legal reconocido para ellos dificulta su situación, impidiendo un acceso razonable a la justicia y el Estado de derecho. Todo ello, a pesar del hecho de que son refugiados y de que Myanmar los ha convertido en apátridas. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF

5.

Los niños y niñas rohingya recitan el Corán en unas instalaciones dentro del campo de Kutupalong. Pavlo Kolovos, coordinador general de MSF en Bangladesh, afirma que “al negarse a reconocer los derechos legales de los rohingya como refugiados, los Gobiernos y organizaciones implicado están consiguiendo que todas estas personas permanezcan a día de hoy en una situación de extrema vulnerabilidad. Los donantes y los Gobiernos con influencia sobre el Gobierno de Myanmar no han demostrado el liderazgo necesario, ya que no han conseguido presiones a sus líderes para que pongan fin a la persecución de los rohingya, que es la causa primera de su desplazamiento”. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF

6.

Una paciente recibe los cuidados de un familiar en las instalaciones de MSF en Kutupalong. Los rohingya han sido excluidos durante mucho tiempo de la asistencia médica en Myanmar, lo que hace que tengan una cobertura de inmunización muy baja, Las medidas preventivas de salud resultan cruciales para prevenir los brotes de cólera y sarampión, y la propagación dentro de los campos. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF

7.

Una madre juega con su hijo en las instalaciones médicas de MSF en Kutupalong. “La realidad es que ciento de miles de rohingyas se han visto desplazados hacia Bangladesh y hacia otros lugares desde hace décadas y pueden pasar muchos años hasta que puedan regresar a Myanmar de manera segura, si es que eso sucede alguna vez. La escala y el alcance del sufrimiento que soportan merecen una respuesta mucho más firme a nivel local, regional y mundial”, afirma Kolovos. “Mientras tanto, es necesario que se siga presionando al Gobierno de Myanmar para que detenga su campaña contra los rohingyas”. Crédito: Dalila Mahdawi/MSF

 

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