Guerrero: más convulso, menos médicos

Desde Iguala, MSF opera en las regiones de Tierra Caliente, Norte y Centro de Guerrero, donde los constantes enfrentamientos entre diversos grupos imposibilitan el mantenimiento de servicios sanitarios regulares en los centros de salud, pero también en los hospitales, como en Filo de Caballos o, en algún momento, en Tlacotepec.

Guerrero
Una vecina de San Felipe de Ocote, desplazada a Apaxtla por la violencia, cose con prendas donadas un toldo para protegerse del sol. Juan Carlos Tomasi/MSF

Médicos Sin Fronteras (MSF) amplía sus equipos móviles en más áreas para actuar con mayor celeridad ante nuevos repuntes de violencia en la zona.

“Estamos intentando llegar rápidamente a las localidades que reportan enfrentamientos violentos para poder ofrecer asistencia médica y psicológica urgente, pero también estamos monitoreando la situación en los pueblos más alejados, afectados por la violencia que predomina en la zona y que no han tenido acceso a médicos en años, según nos cuentan, con niños sin vacunar, embarazos y partos que no han recibido ningún tipo de seguimiento médico”, dice Helmer Charris, coordinador de terreno de MSF.

Desde Iguala, MSF opera en las regiones de Tierra Caliente, Norte y Centro de Guerrero, donde los constantes enfrentamientos entre diversos grupos imposibilitan el mantenimiento de servicios sanitarios regulares en los centros de salud, pero también en los hospitales, como en Filo de Caballos o, en algún momento, en Tlacotepec.

Las respuestas de los equipos en la zona definen el tipo de violencia que se vive. A finales de julio acudieron a una comunidad en la que se había reportado el secuestro de 12 personas. Hasta hoy desconoce su paradero. “Lo terrible es que llueve sobre mojado. La violencia de los últimos tiempos ha supuesto que muchas familias hayan tenido que revivir violencias pretéritas”, se lamenta el psicólogo de MSF, Alberto Macín. Macín apunta el trauma de una familia en concreto que vivió el secuestro del cabeza de familia en 2014, en un incidente de violencia extrema.

Las poblaciones de Guerrero no sólo se encuentran entre los de mayor pobreza de México, sino también los más azotados por el conflicto territorial entre grupos criminales. Foto: Juan Carlos Tomasi/MSF.

El hombre permaneció secuestrado durante cuatro meses con otras sesenta personas y presenció cómo uno de los retenidos fue mutilado para forzar al pago a las familias. Otro fue quemado vivo. El resto de su familia desesperaba. “La madre y los hijos, cuando leían que habían aparecido cuerpos abandonados se dirigían allá a toda prisa, para ver si los restos se correspondían con el padre, con el marido”, apunta el psicólogo. Tras su liberación, la familia tuvo que enfrentar el asesinato de dos de sus hijos, uno de ellos en presencia del hijo menor. Después de la vivencia del secuestro en julio, la familia ha vuelto a quedar traumatizada, el cabeza de familia con depresión severa, el resto con estrés postraumático.

En otro punto, en una localidad de la región Norte, cuyo centro de salud llevaba dos años cerrado, los equipos han contribuido asimismo a rehabilitarlo y dotarlo de medicamentos. Ahora ya dispone de una enfermera. En áreas más cercanas a Michoacán, en la sierra de Petatlán, “la presencia de las armas es constante allí, y hay mayor tensión”, según Charris. El equipo acudió a finales de agosto ante informes de enfrentamientos armados que habrían dejado dos muertos. El aislamiento de las comunidades obedece en buena parte a la violencia que bloquea el transporte público, pero también a las dificultades del terreno, con caminos de terracería que se anegan con las lluvias.

El equipo de MSF (logista, enfermero, psicólogo y médico), presenció de forma directa una balacera originada a las afueras una localidad en la Sierra de Guerrero y se vieron obligados a refugiarse en el centro de salud, consideradas zonas neutrales y que deben ser protegidas). Además de atender a dos heridos, pudieron asistir a dos niñas que también se refugiaron allí, entre otros vecinos que buscaron resguardarse en el centro. Una vez cesaron los disparos, el equipo pudo iniciar su regreso a la base. Los equipos tienen previsto volver a este lugar y a otros pueblos donde también se han registrado episodios de violencia reciente, en los próximos días.

“Intentamos ser muy dinámicos, las necesidades en la zona son enormes, con centros de salud que han permanecido cerrados durante mucho tiempo en áreas donde la gente está bloqueada en sus localidades. Salir es un peligro y buscar acceso a servicios de salud en otras localidades es casi imposible. Estas necesidades son más acuciantes cuando los ataques y las amenazas se reproducen con más asiduidad, como ahora es el caso”, concluye Sergio Martín, coordinador general de MSF en México. “En colaboración con la Secretaría de Salud, analizamos las necesidades más perentorias e intentamos llegar a los lugares, de forma pactada con todas las partes involucradas”.

MSF opera en Acapulco desde 2014, centrada en la atención básica y de salud mental a víctimas de violencia y violencia sexual y en clínicas móviles en Tierra Caliente, Norte y Centro de Guerrero desde 2016. La necesidad de que las víctimas de la violencia reciban atención en salud metal es uno de los aspectos que MSF quiere enfatizar como prioritarios en el país. En las actividades realizadas en Guerrero últimamente, se llevan a cabo una media de 975 consultas médicas y 150 en salud mental. 

 

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