Los villanos

Las semanas que siguen al temblor no solo se tratan de vigilar la actuación del gobierno sino de resguardar la escena del crimen.

Escribimos esto ayer. La tragedia no fue obra de dios ni de la tierra: fue provocada por la avaricia y alimentada por la corrupción. Más que un desastre natural, presenciamos una catástrofe social. Una semana después tenemos que hablar de lo otro, de lo incómodo, de lo injusto.  

Tenemos que hablar de los villanos y contar las historias de sus víctimas. Solo así podremos sanar las heridas. Se nos ocurren algunas pistas:

Los esclavistas

Docenas de talleres de maquila se colapsaron en 1985. Más de mil costureras de la colonia Obrera murieron porque sus patrones no las dejaron salir durante el temblor porque temían que las empleadas les robaran. Pasaron treinta años y, en el sismo del 19 de septiembre se colapsó el edificio de Chimalpopoca. Todo parece indicar que ahí trabajaban en condiciones de esclavitud. Tenemos que averiguar si así fue y no detenernos hasta cambiar las condiciones laborales de una industria – que fundamentalmente emplea mujeres- y encargarnos de que no pase lo mismo que en 85: treinta años después afirman que están peor que nunca. Ahora que estamos negociando el TLC tenemos que preguntarnos si, de verdad, a nuestro mercado laboral, conviene ser tan “competitivo” a costa de olvidar los derechos humanos.

El cártel inmobiliario de la Ciudad de México

Todos los negocios se tratan de comprar barato y vender caro. Las industrias reguladas -como la construcción de vivienda o la operación de plantas nucleares- ponen límites a lo barato que se puede comprar. Después de 1985 aprendimos eso y nuestros reglamentos de construcción son una referencia internacional. Si se cayeron los edificios se debe a que los mecanismos de supervisión están rotos. Tenemos que saber quién aprobó esos planos y quién supervisó esas obras. Merecemos averiguar quién se enriqueció y a qué funcionario aceitó.  

Graco Ramírez

Entorpeció el apoyo mientras hacía cálculos políticos: paró el flujo de la ayuda para sacar ventaja y eso es lo más grotesco que sucedió estos días. Comprometer la salud y la integridad de la población a la que juró defender -sobre todo en medio de una emergencia- es razón suficiente para exigir su renuncia. Debemos desterrarlo de inmediato de la escena política. Quienes prestaron sus redes para defenderlo también tienen mucho que explicar.

Los partidos políticos

Pocos grupos están mejor organizados que los partidos políticos: tienen redes de apoyo, canales de comunicación y capacidad de movilización. No solo desperdiciaron sus recursos al momento de ayudar sino que ocuparon su energía en fraguar cómo sacar ventaja de la tragedia. La ocurrencia #CeroPluris y #CeroDineroAlosPartidos es tan peligrosa como perversa. Es un truco para institucionalizar la corrupción y el tráfico de influencias. El cínico de Enrique Ochoa y la camarilla que representa, no pueden salirse con la suya.

Las semanas que siguen no solo se tratan de vigilar la actuación del gobierno sino de resguardar la escena del crimen. Todos sabemos de esos juicios en los que había muchas pruebas y el asesino salió libre porque se manejó mal la evidencia.

 

* Texto escrito en conjunto con Juan Pablo Espinosa (@JuanPabloEMT)

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