Cuando tu objetivo es el second best

Los debates electorales han sido los momentos en los que más se han acercado las preferencias electorales hacia Anaya y Meade. Lo interesante es que desde el segundo debate, ambos candidatos están prácticamente en empate técnico.

En las últimas tres elecciones federales, Defoe se ha preocupado por tener un seguimiento semanal de lo que sucede tanto en las campañas presidenciales como las de diputados federales. Hemos realizado tres encuestas tipo panel rotativo y generado información que nos permite conocer cuáles son los temas que tienen impacto entre los mexicanos y cuáles no; así como temas de política pública relevantes para dar contexto a la elección. Hace seis años, Defoe dio a conocer su serie de preferencias electorales faltando sólo unos días para la elección. Y hoy, vale la pena echarle ojo a lo que sucede con la preferencia electoral en nuestra serie.

Desde que empezó este periodo electoral, en Defoe refrendamos nuestro compromiso con las encuestas y siempre queremos saber más: la gente va a votar por X candidato, pero la manera en la que percibe la crisis económica, el narcotráfico o la inseguridad, ¿inciden en su voto? ¿En qué medida? ¿Qué eventos políticos pueden hacer variar una preferencia electoral? Buscar identifica y dar respuesta a parte de estas preguntas ha sido el eje conductor de las diez encuestas semanales[1] que hemos realizado desde el 8 de abril pasado.

Hallazgos

Como puede verse en la siguiente gráfica, AMLO ha mantenido la delantera de manera estable a lo largo de estas semanas. La parte más reñida de la elección se ha concentrado, básicamente, en la definición del segundo lugar. Y, como puede apreciarse en las gráficas, los debates electorales han sido los momentos en los que más se han acercado las preferencias electorales hacia Anaya y Meade. Después de ambos debates la preferencia efectiva por ambos osciló el 21%. Lo interesante es que desde el segundo debate (22 de mayo) ambos candidatos están prácticamente en empate técnico. Y, como muestra la serie de los resultados de las encuestas que presentamos, es efectivamente una tendencia y no evento aislado detonado por un acto único e irrepetible.

Ante esos números, no sorprende que la campaña sucia entre ambos candidatos se haya intensificado en la última semana. Quizá perciben al puntero ya muy lejos y su objetivo es ahora disputarse el second best.

¿Qué ha pasado en estas últimas tres semanas?

Lo primero que hay que decir es que un votante no es un ente unidimensional al que SOLO le importe una variable: todos los votantes, incluso a aquellos a los que despectiva e injustamente se denigra con el mote de “come lonches”, emiten un voto “racional” que responde a múltiples variables, que muy probablemente solo le hagan sentido a él, pero eso es finalmente lo que importa.

En las últimas tres semanas narcotráfico e inseguridad han tenido un repunte como parte de las problemáticas más graves de nuestro país. Sin embargo, y paradójicamente, eso no parece restarle puntos al candidato del PRI, que al ser el partido en el gobierno es al que naturalmente se culpa por lo problemas del país. Lejos de eso, Meade mantiene, con ligerísimas fluctuaciones, el 20% de la preferencia del voto.

Pero, ahora consideren la siguiente gráfica y el importante papel que desempeña el candidato por encima del partido. Esto no lleva a pensar que no es que la campaña de Meade haya “despegado”, sino que el golpeteó político a la figura de Ricardo Anaya ha sido sumamente redituable pues han logrado minar y estancar a este candidato que hoy lejos de aspirar a ser el puntero, se está disputado el segundo lugar.

Para esta noche, durante el tercer y último debate, los candidatos han dicho que se centrarán en las propuestas y no en los ataques personales. Cuando ya solo quedan dos sillas eso va a requerir un esfuerzo y una cortesía política sin parangón. ¡No se pierdan el debate de hoy!

 

@YamilNares

@Defoe

 

 

[1] La metodología que seguimos es la siguiente: empezamos con un paquete de 1,600 encuestas de arranque (casos base) para poder separar por grupos demográficos (segmentaciones). A partir de la siguiente semana,  levantamos 400 encuestas cada siete días 1,600 encuesta al mes; donde cada una de las mediciones usa 40 de las 160 secciones utilizadas en el levantamiento inicial. Esto es: en la primera medición semanal utilizamos una muestra aleatoria de 40 secciones electorales escogidas de las 160 que usamos en la encuesta de arranque (la de los 1,600 casos); en la segunda medición semanal tomamos otras 40 secciones de las 120 que no hemos usado de las que formaron parte de la encuesta de arranque; en la tercera medición semanal usamos otras 40 secciones, pero ahora de las 80 que nos quedan de la encuesta inicial de 160 y en la última medición del mes usaremos las 40 secciones restantes. Esta metodología la repetiremos durante las doce semanas que duran la campaña.

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