¿Es sana la mayoría absoluta de Morena?

La mayoría obtenida por Morena en el Congreso le da poder al partido para aprobar cambios en el orden del día, puntos de acuerdo y algunos dictámenes. Es decir, tiene capacidad de controlar el “diálogo” o la “comunicación” que se da entre los Poderes de la Unión.

Hay que comenzar por preguntarse: ¿qué cambió el primero de julio pasado en México? Aquel domingo se dio una jornada electoral sólo superada por las elecciones de 1994. En ese año la participación ciudadana fue del 77%. Esta vez, 2018, fue aproximadamente del 63%. Esto representa poco más de 56 millones de votos de los 89.1 millones de mexicanos inscritos en el padrón electoral. Sin embargo, desde el año 1982 ningún candidato había ganado por una diferencia tan grande y nunca un partido de izquierda había llegado al poder. En 2018, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), hoy presidente electo, y quien fuera candidato por la coalición “Juntos haremos historia” conformada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES), venció a sus contrincantes con un 52.96% de los votos. Poco más de 24 millones de personas dentro del país, y casi 64 millones en el extranjero, optaron por un proyecto que AMLO ha llamado la “cuarta transformación” de México. Eso cambió.

Más aún. Durante estas elecciones hubo alianzas que años atrás habrían sido impensables. El Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano, unieron fuerzas para lanzar como candidato a Ricardo Anaya Cortés, quien sólo obtuvo el 22.27% de los votos.

Por otro lado, un partido de reciente creación, como Morena, no solo ganó la presidencia del país, sino que se hizo con cinco de las nueve gobernaciones y se convirtió en la fuerza principal en el Congreso y en el Senado.

En las pasadas elecciones del primero de julio, este partido, registrado oficialmente tan solo cuatro años atrás, alcanzó por sí solo 191 legisladores en la Cámara de Diputados. Sin embargo, y en vías de alcanzar una mayoría absoluta, legisladores del PT y del PES se cambiaron a la bancada de Morena para llegar a 247. Esto no es todo. La noticia más inquietante de la semana ha sido la alianza del Partido Verde Ecologista (PVE) con Morena. Sí, el PVE (quien formara parte de la coalición “Todos por México”, que postuló como candidato presidencial José Antonio Meade, junto con el PRI) cedió cinco legisladores a Morena para lograr ahora sí, con 251 diputados, la tan anhelada mayoría absoluta.

Más allá de las condiciones en que se haya dado esta cesión entre partidos que eran contrincantes, vale la pena hacerse una pregunta: ¿Qué implica para Morena y para AMLO, así como para el país entero, el que se haya alcanzado esta mayoría absoluta?

El reglamento vigente de la Cámara de Diputados habla, entre otras cosas, sobre mayoría simple y mayoría absoluta. Morena, con las elecciones del pasado primero de julio, había alcanzado ya la mayoría simple. Esto se da cuando un partido político tiene mayor cantidad de votos, y un mayor porcentaje de representación legislativa. Si un partido político tiene mayor número de diputados que los otros, pero no más de la mitad, se considera mayoría simple. Esto ya tiene sus implicaciones. Le da poder al partido en cuestión para aprobar cambios en el orden del día, puntos de acuerdo y algunos dictámenes. Es decir que tiene capacidad de controlar no sólo los temas que se discutirán en el pleno, sino también el “diálogo” o la “comunicación” que se da entre los Poderes de la Unión. De entrada, esto ya es bastante poder político. La mayoría simple puede descartar dictámenes sobre temas que no sean de su interés, en los que no estén de acuerdo o que carezcan del respaldo del Presidente de la República.

Por otra parte, mayoría absoluta significa que un partido tiene más del 50% en la votación de los 500 legisladores. Morena, con la alianza del PVE, tiene ahora 251 legisladores, es decir el 50.2%.

¿Qué representa esto?

Con esta mayoría absoluta, Morena encabezará la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) por toda la LXIV Legislatura, durante tres años. Sin esto, sólo hubiera podido hacerlo por un año. También, gracias a esta nueva condición, Morena podrá aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación, sin necesidad de tener el respaldo de otros partidos políticos. No es difícil imaginar entonces el poder de negociación que tendrá el Secretario de Hacienda no sólo con respecto a los distintos grupos de interés que año con año tocan la puerta para pedir recursos, sino también con las otras secretarías, los gobernadores, las universidades públicas, etcétera.

La pregunta ahora debe ser: ¿es sano que Morena, el partido al cual representa el presidente electo, tenga tanto poder?

Primero es importante recordar que esta condición, donde el presidente en turno cuenta con la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, no se veía desde los años 90. Entonces el PRI, que tenía la presidencia, controlaba ambas cámaras. El poder que tuvo este partido, hasta 1997 cuando perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, era inmenso. Una barrera que parecía imposible de derribar. El Presidente en turno solo necesitaba “tirar línea” al Congreso de la Unión. No había claridad en la división de Poderes y la idea de una democracia modera estaba derrumbada por carencia de pesos y contrapesos. ¿Estamos ahora en una condición similar?

La oposición es necesaria, la confrontación de ideas. Es necesario el debate parlamentario. La reflexión en conjunto, más allá de intereses partidistas, es importante. Hay que tratar sobre los intereses públicos para generar mejores propuestas. ¿Una mayoría absoluta puede dar espacio al debate? Lo que propicia esta condición, lo hemos visto ya, es una falta de equilibrio en los puntos de vista, pues es casi imposible que se integren las opiniones de los demás representantes en el Congreso de la Unión.

Se ha popularizado la idea de una batalla política dentro del Congreso, cuando partidos opositores frenan las iniciativas presidenciales solo como “capricho”. Al respecto, en una encuesta nacional realizada entre el 15 y 17 de junio de 2018, en 800 viviendas, el 48% de los encuestados afirmaron que los diputados deben cooperar con las decisiones del presidente.

Por el contrario, 44 de cada 100 consideraron que los legisladores deben ser un contrapeso del presidente.

¿Cuál es entonces la función del Congreso? ¿Debe apoyar al presidente en turno en todas sus decisiones o no? ¿Qué significa hoy ser oposición? ¿Dónde está el equilibrio? ¿Cómo se aprovechará el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), que solo aprueba la Cámara de Diputados? ¿Es sana la mayoría absoluta de Morena?

Las dudas son claras, sobre todo en las últimas semanas cuando se ha visto esta alianza del PVE con Morena y los escándalos de Manuel Velasco por la licencia que le fue otorgada como senador para que pudiera concluir su mandato como gobernador del estado de Chiapas, y que defendió Ricardo Monreal que es coordinador de Morena en el senado.

Nada de esto es menor. La mayoría absoluta con la que cuenta Morena, le permitirá al Presidente adelantar su agenda de cambios legislativos acorde a su agenda política (energética, educativa, tributaria, laboral, de seguridad, social). Por otro lado, podría empezar a acomodar las piezas para la elección intermedia y para la sucesión presidencial del 2024.

¿Cuál es nivel de responsabilidad que tiene AMLO y su partido para cumplir la promesa de una “cuarta transformación”? El enorme poder que otorga una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados es al mismo tiempo un gran compromiso, ya que serán Morena y el presidente electo quienes tengan mayor responsabilidad en las decisiones y resultados que se den a partir de ahora. Nadie más.

Hay que concluir entonces por preguntarse lo mismo: ¿qué cambió el primero de julio pasado en México? Ya lo iremos viendo.

 

@yamilnares

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