En México cabemos todos

La caravana de migrantes hondureños ha puesto en evidencia el doble discurso de los mexicanos. Por un lado, exigimos a los ciudadanos norteamericanos un trato digno a nuestros connacionales que migran a su país, y por otro justificamos y respaldamos eventuales medidas que permitan bloquear el paso de migrantes por la frontera sur del país, inclusive aquellas que hagan uso de la fuerza.

En el liberalismo económico todo se comercializa. Hoy en día, es impensable un mundo sin conectividad global, tanto de mercancías, como de insumos, materias primas, datos, dinero, servicios, e inclusive experiencias. Tanto las nuevas tecnologías de la información, como los avances registrados en la manera de producir bienes y servicios, han avanzado a pasos agigantados. Hoy en día, es posible desayunar un yogurt importado de Nueva Zelandia, comer un poco de queso de Suiza, beber un buen vino de Francia, comer un corte de Argentina o de Japón, o conducir un auto producido en Austria o una motocicleta fabricada en Estados Unidos. Todo pasa libremente por las fronteras. A excepción, claro, del capital humano.

Lo sucedido en días recientes en la frontera sur de México todos lo hemos escuchado. La noticia invadió los medios de comunicación. Hace poco más de una semana una enorme caravana salió de la ciudad de San Pedro Sula, ubicada al norte de Tegucigalpa en Honduras. El fin, migrar a Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida.

Las razones principales que motivaron este éxodo hondureño, convocado a través de las redes sociales, las pudimos escuchar de boca de los propios migrantes: la miseria y la violencia que se vive en aquel país centroamericano. Cuatro mil hondureños, entre ellos bebés, niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres, atravesaron Guatemala, y llegaron a la frontera sur mexicana el pasado viernes. Ahí se desató lo que todos vimos. Un escenario de conflicto migratorio. A su llegada se toparon con una fuerte presencia de agentes de seguridad en ambos lados, lo que desató un enfrentamiento donde policías y migrantes resultaron heridos. Al día de hoy, casi la mitad de aquella caravana logró cruzar a territorio mexicano, algunos atendiendo a las indicaciones de las autoridades fronterizas, quienes les informaron que, para ingresar a México, es necesario contar con visa y pasaporte, o mediante una solicitud de refugio, para lo cual se pidió apoyo a la Organización de las Naciones Unidas. Otros más cruzaron a través del río fronterizo entre Guatemala y México, evadiendo la vigilancia de cientos de policías sobre el puente internacional.

Sin embargo, más allá de los motivos que generaron esta migración masiva, es necesario considerar tres cosas principalmente:

La primera, la reacción de Washington al respecto. Las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de cerrar la frontera sur con México y de cortar las ayudas económicas a Honduras, El Salvador y Guatemala; así como la presión ejercida al gobierno mexicano para que detuviera el avance del contingente de migrantes hondureños que pretendían llegar a la frontera con aquel país.

La segunda, la pésima respuesta del gobierno mexicano a la crisis migratoria, atendiendo más la agenda norteamericana que a la propia tradición mexicana en materia de política exterior.

La tercera, y más destacable, la reacción de ciertos sectores sociales mexicanos, quienes demostraron su lado más xenófobo, con expresiones racistas y poco solidarias con los migrantes hondureños. Postura que, por desgracia, no es nueva.

En una encuesta realizada por Defoe en 400 domicilios, entre el 11 y el 12 de mayo de este año, se obtuvieron datos importantes al respecto. De la gente que fue consultada, sólo la tercera parte de las personas, es decir el 31%, dijeron que la migración es algo bueno para el país hoy en día, proporción casi similar a la que cree que es algo malo.

Por otro lado, el 50% de las personas encuestadas consideran que la migración a nuestro país empeora la situación de seguridad, al atribuir a quienes ingresan de este modo el incremento de la delincuencia, así como el deteriorar los valores sociales y morales, al tiempo que afectan la economía y reducen las oportunidades de trabajo.

Este dato es preocupante, sobre todo porque pone en evidencia el doble discurso de los mexicanos. Por un lado, exigimos a los ciudadanos norteamericanos un trato digno a nuestros connacionales que migran a su país, y por otro justificamos y respaldamos eventuales medidas que permitan bloquear el paso de migrantes por la frontera sur del país, inclusive aquellas que hagan uso de la fuerza.

Sobre el caso de la caravana de hondureños que ha dividido la opinión de la sociedad mexicana, el presidente de aquel país, Juan Horlando Hernández, atribuye este suceso a causas políticas. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, calificó lo ocurrido en el paso fronterizo como “una situación inédita” y advirtió que México no permitirá el ingreso a su territorio de manera irregular y “mucho menos de forma violenta”. Donal Trump dijo este lunes que comenzaría a cortar su ayuda a Guatemala, Honduras y El Salvador, y amenazó con cerrar y militarizar la frontera para no permitir el paso de los migrantes, de quienes dijo que un gran porcentaje eran delincuentes.

Esta situación no es inédita, pese a lo que dice el presidente Peña Nieto. A penas en marzo pasado una caravana similar llegó a la frontera sur de México y cruzó para dispersarse después. Aquella vez un bajo porcentaje de ellos llegó a la frontera con los Estados Unidos. Esta vez, siete meses después, algunos han decidido volver a su país, y otro tanto ha seguido adelante. Ante esta situación vuelvo de nuevo a la pregunta: ¿Por qué el único factor de la producción que no tiene esa movilidad es el capital humano? ¿Por qué las personas de cualquier parte del mundo aún no pueden decidir libremente, y de manera segura, vivir en el país que le ofrezca mayores oportunidades de desarrollo personal y profesional?

Me parece importante recapacitar en todo esto. Aprovechar la situación para pensar sobre el valor que la migración tiene en los países de acogida. No sólo porque revitaliza los valores culturales, sino que también es una fuente de riqueza económica y social.

Porque sí, en México cabemos todos.

 

@yamilnares

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