El fútbol de las estadísticas

Fundamentales en deportes como el béisbol o el baloncesto, las estadísticas se abren paso poco a poco en las canchas del deporte más popular del mundo.

Durante años se ha establecido el lugar común de que el fútbol no puede razonarse, de que todo en su práctica tiene que ver con lo inesperado. Con ese argumento, muchos se oponen al uso de la ciencia y la tecnología en su análisis y práctica. Para ejemplificar esto bastaría con la eterna discusión sobre el uso de cámaras para resolver jugadas dudosas, cuyo primer experimento en el pasado Mundial de Clubes dejó más dudas que certezas.

Pero hay un tipo de conocimiento científico que se ha ido abriendo camino, y que cada vez tiene menos oposición: la estadística usada para analizar a los jugadores, principalmente cuando se trata de hacer fichajes. Ya no es suficiente con el video editado con las mejores jugadas de un futbolista para convencer a un técnico o directivo de su compra, lo que por otro lado ha llevado a no pocos descalabros financieros. Ahora se puede tener acceso a información provista por compañías de estadística que han logrado grandes desarrollos. Ahora, más allá de las capacidades que podría ver un ojeador tradicional –visión de campo, buen pase, velocidad, etc.–, o de datos habituales como goles y minutos jugados, es posible acceder a números más finos: pases completados, ocasiones creadas, pases entre líneas, regates, recuperaciones sin falta y datos tan precisos como la efectividad de un delantero dependiendo de la dificultad de la situación de gol que se le presente, o las asistencias de un pasador así no terminen en gol por errores de los receptores.

Este uso de la estadística ya ocurre con regularidad desde hace mucho tiempo en deportes menos conservadores como el baloncesto, el fútbol americano o el béisbol. Muchos recordarán, por ejemplo, la película Moneyball, protagonizada por Brad Pitt e inspirada en el libro de Michael Lewis que narra la historia de Billy Beane, el manager de un equipo de béisbol con limitados recursos que logra armar una nómina competitiva con jugadores infravalorados a partir de un novedoso sistema de recolección de datos sobre sus capacidades.

Y en el fútbol ya se empiezan a ver historias similares. El Leicester, se proclamó campeón de la liga inglesa en la temporada 2015-16, y cuya obtención de su primer título en 132 años contra todas las probabilidades -las casas de apuestas pagaban 5000 a 1- es una gesta digna de convertirse en película, usó este tipo de métodos. Como en Moneyball, hasta ese momento la mayoría de sus jugadores había tenido carreras poco destacadas, venía de ligas menores y estaba lejos de los radares de los principales equipos del mundo y de sus seleccionados nacionales, en donde ahora varios están figurando. Lo mismo han hecho, por ejemplo, el Midtylland y el Seattle Sounders, campeones de las ligas danesa y norteamericana.

Y no se trata de uno de esos casos en los que la tecnología hace que queden de lado las personas, sino todo lo contrario: viene a ayudarles a que su labor sea mejor. El Sevilla de España es un buen ejemplo de ello. Campeón en las temporadas 2013/14, 2014/15, 2015/16 de la Uefa Europa League, trabaja con un departamento de análisis conformado por cerca de 20 personas que siguen distintas ligas y elaboran un listado de 100 jugadores, de los cuales el técnico selecciona a 20, que sólo entonces son pasados por el filtro de los datos.

Es cierto que el uso de la estadística ha llegado tarde al fútbol –según los expertos esto se debe principalmente a que es mucho más difícil analizar la acción de los pies que la de las manos–, pero procesos exitosos como los mencionados llevan a pensar en que incorporarla puede traer resultados no sólo para los equipos sino para un deporte que en términos generales se volvería mucho más competitivo.

 

@yamilnares

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