La vendimia de la normalización y el Normcore

Lo hipster no era el pináculo representante del absurdo cultural y la moda contemporánea. Agárrate, llegó el Normcore para venderte ropa, artículos e ideas.

La vendimia de la normalización y el Normcore

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El escrito que dio inicio a este Congal Postapocalíptico fue “La Plaga Hipster“, hace cerca de cuatro años. Hoy, los nombrados en ese texto que esperaba su rápida decadencia, empiezan a desaparecer. Ya no apantallan a nadie, cosa que algún día lograron a medias. Hoy se volvieron cosa de todos los días, justamente lo contrario a esas búsquedas de individualidad, de resaltar entre las masas y de ser “único” que caracterizan al movimiento.  El hipster siempre se negó a sí mismo como tal, el término y concepto siempre fue peyorativo y el comentario “Mira, un hipster criticando a otros hipsters” se hizo uno de los grandes clichés del atajo mental para hipsters y no hipsters por igual. Súbitamente, el término había permeado de tal manera la cultura, que todo se interpretaba como “hipster”, un extraño metahipsterismo se había adoptado. De la misma manera, hoy en las redes sociales, todo lo que no nos parezca se puede nombrar “mame”: andar “mameando” todo, sin tener un argumento o una posición clara de por medio, sólo porque sí, se volvió el mame en sí, nuestro ahora adoptado metamame.

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M A M E C E P T I O N

Pero, aunque algunos sigan pensando que estas “categorizaciones” son arbitrarias y que en realidad no existen los “hippies”, ni los “metaleros”, ni los “hipsters” u otros, si no que sólo existimos personas complejas e incategorizables, olvidan los últimos años de nuestra historia, cultura y funcionamiento de masas ante el consumo de la búsqueda por ser especial y único. Sí, la búsqueda en sí como necesidad creada y más tarde vendida, un favorito de los publicistas. Olvidan, entonces, que una tontería medianamente exótica con cara de “nuevo” se puede convertir en oro puro para publicistas, mercadólogos y tiendas de todo tipo, especialmente de moda. Olvidan, también, lo más importante, una de esas tantas cosas que no son bonitas y a veces queremos evadir o negar para tener un poco de esperanza en esta especie: la gran mayoría de la gente está esperando a que alguien más le diga qué es lo correcto, lo cool, lo necesario y lo de hoy para ir a comprarlo y sumergirse hasta el cogote en la “subcultura” que se desprenderá de ahí, no al revés, como la coherencia que alguna vez se vivió, lo dictaría: los movimientos eran generados por individuos o grupos, más tarde llegaban a las masas y cuando se adoptaban para su comercialización, normalmente era  porque el movimiento cultural, literario, artístico o musical llevaba ya varios años muerto y enterrado, ya se podía vender a las abuelitas sin que se espantaran. Hoy, estos paquetes disfrazados de “subcultura”, si no han sido generados por agencias de publicidad, sí serán delineados, desempolvados, resignificados y empaquetados para su hype viral y posterior venta por ellas y por los creadores de productos alineados hacia ese gran target. Nada complicado y ningún gran secreto ¿no?, lo que tristemente podemos entender como “pan de todos los días” sin voltear a ver el otro lado de la moneda, uno bastante oscuro y que no dice cosas muy inteligentes sobre nosotros.

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Así llegamos al mentado “Normcore“, uno de los más recientes y viralizados conceptos provienientes de aquellos que, por lo menos dicen y asumen de sí mismos, van a la vanguardia en pensamiento, cultura, arte y moda. Diversos artículos citan que el término fue acuñado por un grupo de “pronóstico de tendencias” (trend forecasting) llamado K-Hole y que tuvo su raíz en la novela “Mundo Espejo” (“Pattern Recognition“, 2003) de William Gibson. El autor describe a su protagonista como una fóbica a los logos de marca que viste con jeans, tennis y camisetas sin estampados a los que ha quitado toda etiqueta visible.

Que se tome un concepto de Gibson, autor del clásico “Neuromancer”, padre de la literatura cyberpunk y quien creó el término Ciberespacio, entre otras agudas visiones literarias y de análisis social, para dar crédito cultural a algo que representa de manera perfecta la vacuidad de actual, como lo es la moda, ya es para irse de espaldas con un “¡Plop!”. Pero esto es sólo el principio.

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Agárrese

El Normcore se interpreta de varias maneras, una de ellas como una respuesta contraria a lo hipster: la necesidad de ser único y especial se ha acabado, la gente se ha dado cuenta que creyendo ser parte de una revolución cultural y fashionista, sólo fue parte de una farsa consumista que prometía a cambio un tipo de unicidad que nunca llegó. Los pagos se hacían llenándose de tatuajes “irreverentes”, utilizando ropa exótica con pinta noventera también “irreverente” (¿quedó claro que son espontánea y naturalmente irreverentes?), leyendo solamente la solapa y la contraportada de los libros para después citar una frase en la fiesta y siendo “súper fan” de las incontables bandas con ese predecible sonido y formas genéricas que en algún momento fueron medianamente desconocidas, después fueron posicionadas en la fama por la misma masa hipster y hoy son estelares o parte de los grandes festivales mainstream de todo el mundo.

Tal fue la necesidad de ser underground, especial y diferente, que el hipster terminó siendo el estandarte y representación misma de Lo Mainstream, el status quo, el esnobismo y de esa terrible “normalidad” de la que se venía huyendo como en pesadillas, con esos pasos gigantes desesperados que no te hacen avanzar, no se logra huir: te das cuenta que en realidad nunca te moviste.

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Entonces ¿Cómo se instala esta nueva moda “contraria”?: siendo “normal”. Sí, leíste bien. Ahora el movimiento de moda será ponerte tu ropa “equis”, con la que pasas desapercibido, con la que según los normcoreros vas a mostrarte a ti mismo y a los demás que eres parte de algo más grande y otras obviedades que parece que los han evadido por décadas, como que puedes socializar y ser “normal”, que nada de malo hay en ser “normal”, ah, y que todo este movimiento que te dirá qué comprar y qué no, porque si no no vas a estar a la moda, es también una respuesta contra el capitalismo y el consumismo (? -ovación de pie, por favor-).

El discurso normcore está lleno de estos condescendientes y otros medianamente exóticos loops de ouroboro comiéndose la propia cola, acompañados de otros sinsentidos que se abordan con un lenguaje que en la mente de sus autores los haría aparecer como algún tipo de profundo análisis antropológico postmoderno… de la moda… de la moda de lo normal… de resignficar la “normalidad” como moda para crear un trend y venderte ropa “equis”, pero de moda… porque está de moda porque la pusimos de moda pero no es moda porque va contra la moda… que lo estás criticando porque no lo estás entendiendo porque es algo complejísimo, obvio… pero no es complicado porque es lo más normal del mundo, es tan normal que es NORMCORE y eso debe ser especial, como cuando los hipsters querían ser especiales, pero ya no, porque ser normales ahora es lo especial y de moda y trendy… y… y… y…  porq-

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En fin, entrar a laberintos de humo creados por sí mismo y perderse en espirales lingüísticos y conceptuales, dos de los ejercicios autoapologéticos favoritos de esta, nuestra posmo actualidad apantallamensos. Mejor vamos a que los ejemplos típicos de lo normcore suelen ser la vestimenta de Seinfeld y Steve Jobs, que ¡oh, sorpresa!, qué raro que siempre sea ejemplo a seguir de lo que sea cuando los que escriben o hablan son hips-, perdón, ¿exhipsters convertidos en normcore?

De manera más representativa, el normcorazo ideal parecería ser algo así como la vestimenta y actitud de un blando y relajado papá típico de los 90s con ropa genérica de tienda mayorista.

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 Feliz, ahora que ya todos estamos de moda

La otra historia es que K-Hole, ese grupo que revistió el término Normcore como una supuesta “corriente” y que curiosamente la “profetizó”, hoy refunfuña porque según ellos nadie lo ha entendido y todos lo malinterpretamos, seguidores y críticos por igual. Según ellos, no se trata como tal de una moda o una manera de vestirse, si no más bien una manera de ser ante la vida:

Traducción: Lo Normcore encuentra la liberación en no ser algo especial y se da cuenta que la adaptabilidad lleva a la pertenencia.

Ah, sí, un gran pitch y tagline para ventas ¿eh?, el GDF debería agarrárselos para sus campañas de chichis… incesto… telenovelas… maternidad… o ¿de qué era?

Otra teoría más oscura y menos pública indica que el Normcore surgió como lo han hecho muchas otras subculturas, memes, cibermitos y pastas: alguien en internet lo inventó con la intención de viralizarlo junto con otras personas que espontáneamente se unieron a su causa, ¡voilá!: la masa cae, la masa recrea, la masa reviste y disfraza, convierte en una “realidad” esos hilos brillantes que se pusieron ante sus ojos, sabiendo las necesidades y los vacíos que se asoman en ellos. Internet, tan parecido a los publicistas y trendsetters, pero con la intención contraria, la de decirte “Mira, esto eres, has sido trolleado, a ver si ya dejas de tragar tanto camote”. Quien aún siga dudando o negando como defensa psíquica este tipo de fenómenos masivos, lo felicito por su visión conciliadora y tremendamente optimista sobre la especie humana y lo invito a  conocer el poder creador y alcance cultural de los grandes vórtices de internet, como 4chan y otros. Bajo su propio riesgo, no hay ningún tipo de censura en esos lugares, luego no vengan a gimotear aquí o en Twitter porque se sacaron los ojos.

4chan

En fin, Normcore, “que la tendencia sea que no haya tendencia” o la trendización y comercialización de lo único que quedaba libre: lo común y corriente. Ese es el nivel al que puede llegar el humano contemporáneo en su eterna e inexplicable búsqueda por ser único y especial, como si el simple y a la vez incomprensiblemente complejo hecho de ser y existir no fuera suficiente, como si lo especial estuviera afuera del cuerpo y la mente, como si, aparte, se tuviera que gritar a los cuatro vientos que tal quimera ha sido hallada y que ahora se viene arropado con sus pieles.

Así será como veremos en estos meses por venir a los exhipsters y otros nuevos seguidores de trends y modas, defendiendo con palabrerías y supuestas abstracciones interpretativas a lo que ahora le venimos manejando como “normal, pero trendy”, a intentar ahora ser especial porque se escoge no ser especial; no sólo a revestir  y empaquetar a la esquiva e institucionalizada “normalidad”, sino a ser parte misma y activa de la normalización, convertida en otro objeto de consumo y objeto transicional entre el absurdo cultural desechable anterior, el actual y el que seguramente le seguirá. Porque si hay una mata que nunca deja de dar, especialmente en nuestras épocas de consumo irracional como efímero paliativo en las huecas heridas de la escindida identidad posmo, es la del absurdo.

“Con la medicalización, la normalización, se llega a crear una especie de jerarquía de individuos capaces o menos capaces, el que obedece a una norma determinada, el que se desvía, aquel a quien se puede corregir, aquel a quien no se puede corregir, el que puede corregirse con tal o cual medio, aquel en quien hay que utilizar tal otro. Todo esto, esta especie de toma en consideración de los individuos en función de su normalidad, es, creo, uno de los grandes instrumentos de poder en la sociedad contemporánea”

 – Michel Foucault. El poder, una bestia magnífica.

 

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