La tragedia de Don Juan

Afirman que ya ni se va a poder ligar, pero esto no es lo que tiene enojados a los donjuanes contemporáneos.

La tragedia de Don Juan

¡Dios nos coja confesados! La aguda mirada de los Donjuanes ha penetrado el futuro próximo y nos trae la advertencia: en un par de años ya no se va a poder “ni ligar”.

Estas nobles almas claro que no están preocupadas por la muerte de una antigua ideología y cultura que permiten y solapan el abuso, el acoso, la dickpic no solicitada, el casual agarrón de nalga a la recién conocida, el chiflerío y la piropiza callejera, el arrimón en el transporte público, el abracito raro a la compañera, el “nena” y el “mi amor” en el ambiente laboral o la mirada lasciva y agresiva, fija y retadora, con la que se puede escanear un atractivo cuerpo voluptuoso. ¡Claro que no! Ellos están preocupados por la muerte de una bella, poética y artística costumbre milenaria: ¿la tauromaquia? No, pero no dudemos que anden también tratando de justificar tremenda salvajada primitiva. No, hablamos de “La Seducción”.

Si las cosas siguen así, nos asegura Don Juan, tendremos que reproducirnos a través de laboratorios porque la gente ni se va a voltear a ver. Esa masculinidad otrora digna y capaz será metafóricamente castrada a tal grado que la penetración física será imposible. Perderemos el jugueteo, el misterio, la nerviosa anticipación, el mariposeo estomacal y todos aquellos síntomas que tendrían que venir con el cortejo de algún pueblo de principios del siglo pasado. Y, claro, perderemos todo, porque todo ligue, seducción y cortejo, dependen de él. Oh, no, la muerte de la magia.

Evidentemente, Don Juan no convence a nadie, porque ni siquiera él se la cree. Él bien sabe que está instalado, por motivos de duelo ante la pérdida de un poder abusivo, en una básica y jodida falacia de pendiente resbaladiza: A va a llevar a Z, y B, C, D, junto a todas las demás opciones y progresiones, no existen. Esta común tara mental ha producido otros éxitos, muy populares actualmente entre los grupos que rodean a Don Juan, como: “Si legalizan el aborto todas van a querer abortar y nos vamos a quedar sin humanidad”, “Si los gays van a poder casarse, todos se van a volver gays”, “Si las parejas homosexuales van a poder adoptar, van a criar hijos homosexuales. Aparte, la siguiente generación será homosexual y ya no habrán niños para adoptar porque nos dejamos de reproducir… gays tan pendejos” -esta es especialmente genial-, “Si nos volvemos ateos se perderá toda idea de moral, altruismo y orden”, “Si esto sigue así, la familia tradicional (?) será destruida”.

Podría continuar con ejemplos, pero creo que queda clara la extraña paranoia y el nulo pensamiento crítico en los que viven muchos de nuestros conservadores reaccionarios, esos que forman una gran mayoría de este pueblote mágico al que llamamos “México”.

La mente de Don Juan se ha diluido tanto en su propio delirio que piensa que el humano va a dejar de lado las manifestaciones comunes que rodean al instinto más poderoso que existe: el de coger. Coger una y otra vez. Coger sobrio e intoxicado. Coger porque no hay otra qué hacer. Coger hasta que la edad lo deje de permitir físicamente. Coger como lo hace la gran mayoría de las creaciones vivas del Señor. Coger hasta el fin de los tiempos. Y uno se pregunta si estas personas, después de proferir sus cantaletas vacías y cansinas, no se habrán enterado que hasta existe una cosa llamada “Tinder”. Imagino que para ellos, el inicio de un cortejo a través de métodos digitales también será “perder la magia”.

Pero no hablemos de esos muy pocos que en realidad viven aterrorizados, ya sea por una paranoia que necesita ayuda clínica o por una seria falla en las capacidades de raciocinio más básicas. Hablemos del Don Juan común y corriente, ese que abunda como arena en playa, ese que sale a diario a mentar madres en internet y llena sus redes sociales de comentarios acerca de “el fin de la seducción” y de otras tantas hermosas costumbres que la progresía estaría, según su interpretación, obsesionada en destruir. Ese que pelea a través de beligerantes sarcasmos que considera ingeniosísimos y se da unas palmaditas en la espalda después de cada uno de ellos, tratando de evitar esa voz en el fondo de su mente que le dice: No mames, dude, esto no tiene ninguna coherencia y estoy partiendo de premisas falsas… pero síguete haciendo pendejo, tenemos un poder abusivo y una masculinidad tóxica que seguir defendiendo a través de estos disfraces, tropiezos y piezas que no encajan. Tú sigue pensando que esto es toda una ideología y una lógica. Es más, seguiré diciendo que soy un “hombre alfa”, aunque el mismo científico que introdujo el término de los lobos “macho alfa” escribió más adelante que tal cosa no existe, que fue un error de interpretación y que se sentía terriblemente culpable de que tremenda falla se hubiera extendido a las relaciones humanas, convirtiéndose en un dañino mito popular al que acude tanta gente como moi para intelectualizar sus oscuritos núcleos perversos y abusos de poder. Aquí no pasó nada.

Dejemos de hacernos pendejos y jugarle al tío Lolo, pues. Evidentemente, no es que Don Juan esté enojado porque ya no va a poder acercarse a una desconocida en la calle y “ligarla”. Está enojado porque no podrá hacerlo de manera agresiva y asimétrica en términos de poder, como está acostumbrado y como siempre ha querido. No está enojado porque no podrá jugar el juego de las miradas iniciales con una desconocida en un bar o reunión. Está enojado porque cada vez más mujeres lo van a rechazar si está mirando fijamente sus nalgas o escote, en vez de sus ojos. No está enojado porque supuestamente va a tener que pedir permiso expreso para la más mínima caricia en la cama. Está enojado porque las sutilezas y la empatía que requiere el consenso sexual son completamente contrarias a las costumbres agresivas y sociopáticas que en su mente forman a un hombre dominante, que toma lo que quiere sin preguntar, a esa quimera autoimpuesta que le representa a “Un Gran Seductor”. Claro que no está enojado porque ya no habrá juegos de rol sexual, trajecitos, ligueros, lencería, kinky peticiones fuera de lo común o un manifiesto sadomaso. Está enojado porque esas cosas requieren demasiada pinche comunicación y qué hueva andar inventando safe words… y hasta respetarlas. No está enojado porque ya no podrá “tirar piropos”. Está enojado porque empieza a entender que hasta el piropo necesita de contexto y una anterior lectura detallada del humor y la disposición de la “damita” (eeewww) en cuestión -Si crees que echar un piropo a una desconocida en la calle es una manera súper efectiva de ligar, uy, hermano, ni cómo ayudarte-. No está enojado porque no podrá invitar a salir a la que le gustó en la oficina. Está enojado porque se verá cada vez más obligado a no hacerlo a través de alburcitos pendejos que hacen reír a sus amigos mirreyes mientras incomodan a la afortunada seducida, tocamientos fuera de lugar, frases y estrategias que vio en sus amadas y didácticas pelis de acción o públicas exposiciones de supuesto poder que sólo lograrán la pena ajena. Don Juan no está enojado porque La Mujer se está convirtiendo en una bélica fortaleza impenetrable y aislada, manipulada por una horrenda tendencia modeurna que promueve el odio y la separación. Está enojado porque aquella pasiva y tímida flor que debería estar esperando sus constantes avances con ojo brilloso de esperanza estilo anime, en realidad estará ya cogiendo con otro (u otra, u otros) que sí le gustó y al que ella misma se ligó, sin andarse con pendejadas.

La Mujer Perfecta

La tragedia de Don Juan no es la pérdida de una milenaria costumbre, de una valiosa cultura y mucho menos de “un arte” -neta, no mamen-. Y él lo sabe bien. Su auténtica tragedia es el final de su disfraz y el inicio de los límites impuestos a su búsqueda por relaciones asimétricas de poder.

¿Ligar? Sí, pasa a diario, en todos los rincones del mundo y seguirá pasando. Pero cada vez será menos “a tu manera”, Don Juan que todo lo arrebata sin preguntar, será a una manera sana y empática, una que toma en cuenta las necesidades, gustos y disposiciones de quienes hasta ahora sólo habías considerado como presas y trofeos.

Bienvenido al sigo XXI… ya sabemos que no te gusta y que estás muy ñojayo, y sí, es irrelevante.

 

@JorgeHill

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