Debajo del supuesto racismo inverso

Los oscuros rincones detrás de términos falaces como "racismo inverso" | Los extremos ridículos de la actual guerra cultural.

Debajo del supuesto racismo inverso

No le queda a uno más que quedarse boquiabierto cuando ve que tantas personas a quienes se llama “maestro”, “líder de opinión”, “académico” y hasta “intelectual liberal”, salen en horda hacia las redes sociales y sus plataformas de publicación para defender términos como “racismo inverso”. Es un fenómeno cíclico en el mundo y acabamos de tener su más reciente y necia iteración estas últimas semanas, en México. ¿Las causas de esta renovada ola de horrenda y obstinada autoexposición? más adelante las oficiales, las no tan obvias y claro, las cómicas.

Por el momento habrá que funcionar como maestro de primaria y preguntarles por qué no hicieron su tarea, si era tan fácil darse una asomadita a Google, poner “racismo inverso” y ver cómo los resultados serán textos, desde lo académico hasta el blog casual como este, con títulos como “El racismo inverso no existe” o “El mito del racismo inverso”. Pero cuando uno tiene toda una vivencia e ideología que defender de manera maníaca, no debe de tener tiempo de andarse con lecturitas básicas que lo pudieran hasta salvar del ridículo público. Y se comprende que el adolescente, o aquellos que están dando sus primeros pininos ideológicos, pudieran caer en trampas semánticas, pero ¿los llamados y aclamados “intelectuales”?, tache ahí.

Ya que ellos están muy ocupados creando más capas de intelectualización para disfrazar sus auténticas motivaciones, echemos una rápida manita desde lo más básico, tratando de no extendernos:

Tan fácil como quedarse ahí y apelar a la definición más básica de “racismo” ¿no?. Pues no, hay quienes parecen no darse cuenta que apelando al “racismo inverso” nos dejan ver tanto de su perspectiva personal y prejuicios, que la pena ajena no tarda en instalarse como tumor alienante e inquietante. La traducción, ya que les cuesta tanto dejarla ir así, descarada y sin maromas, podría ser: Me trae grandes beneficios que el status quo sea gente blanca en los lugares de poder y que exista la discriminación hacia personas de otras razas y colores. Interpreto la lucha por la igualdad o las críticas hacia ese sistema que me cobija como un rabioso y resentido ataque que no solo tiene la intención de cambiar el orden, sino de revertirlo. Evidentemente, me aterrorizo, ¿qué será de mí? ¿de mi patrimonio? ¿de los míos? ¿de mi mundo y de mi todo?. Acto seguido, recurro a barbajanadas ideológicas y disparo en plena crisis intelecto-paranoide un “¡Esto es racismo inverso!”.

Así, tan solo un par de palabras -dirían los Hombres G-, desgarran el velo de empatía, igualitarismo y buenaondi, para dejarnos ver que debajo de él puede existir alguien aterrado por la pérdida (real o imaginaria) de su poder y lugar, alguien muy confundido, alguien que es más racista de lo que su propio narcisismo le dejaba ver o de plano alguien claramente racista que no quiere ser catalogado como tal, en un mundo que ya se está dando cuenta que tolerar la intolerancia es darle un escopetazo en la cabeza al avance de la civilización.

Y ya sé que algunos de ustedes estarán pensando que me estoy saltando un problema grave con la definición básica de “racismo”, en donde las visiones más actuales o postestructuralistas negarían que exista racismo -así, sin inversiones- hacia los blancos, gracias a que el sistema de opresión, la historia, colonización y monopolización de instituciones de poder es blanca, que hay un problema de poderes asimétricos y que… en fin, no me olvido, es solo que no queremos que ahorita les explote la cabeza a los RacismoinversoFans.

Pero regresemos al tren y vamos a la parte ya más ridiculona y cómica del asunto: toda esta discusión se da a partir de que Ya Sabes Quién le llama “Fifís” y “Pirruris” a aquellos en el poder. Ya sé, ya sé, está usted ahora tentadísimo en llamarme “Pejezombie” y caer otra vez en lo facilito, le ayudo (o lo confundo más): el “biejito ermozo” me causa tanto conflicto como sus contrincantes pasados y presentes. Habiendo usted superado la tentadora pulsión maniqueísta, sigamos. En verdad ¿no es cómico todo el asunto? no nada más es que AMLO recurra constantemente a esos ridículos e incluso infantiles términos para incomodar a sus contrincantes políticos y a aquellos que los apoyan desde las plumas, los teclados y los extensos huertos de chayotes… es que lo logra. Y lo logra tan bien, que adjetivos que usabas en la primaria, y que tienen una carga socioeconómica y de clase más que de raza, terminan generando un movimiento masivo de gente ofendidísima -dicen- porque se les está discriminando racialmente -dicen-. ¡Maldito racismo inverso!

Uno ya no sabe desde donde vendrá la siguiente “ofensa” e “indignación”, ya no es exclusiva de “El millenial progre™”, la herramienta ya está siendo apoderada y utilizada (con diversos y dudosos grados de éxito y argumentación) por los contrincantes de los otros lugares y extremos… ¿o qué dijeron? ¿”Nomás nosotros podemos”?. Nah, ojalá así de facilito fuera el mundo.

Riendo, porque la única otra opción es tirarse a la chingada y llorar como Magdalena mientras vemos el “nivelazo” de nuestra “clase política” y nuestros intelectuales de aparador, me despido.

@JorgeHill

Close
Comentarios