Joyitas callejeras: Esquites Mr. Maiz

La competencia pone creativa a una familia que ofrece algunos de los mejores esquites de CDMX.

Joyitas callejeras: Esquites Mr. Maiz

Hace ya unos 20 años que iba seguido a Valle de Bravo, aparte de emborracharse a medio bosque o en “El bar de los artistas”, una de las actividades más llamativas del lugar era ir a la explanada del centro por las noches y escoger entre una gran variedad de esquites. A diferencia del típico esquite de CDMX, los de Valle de Bravo no eran hervidos y caldosos, sino que se freían en una plancha de metal con aceite y en el proceso se les iba añadiendo un poco de caldo de pollo para que no se quemaran o secaran. Llegaba la hora de escoger puesto y variedad: algunos con camarón seco, otros con chile de árbol y cilantro, otros con hongos y hierbas aromáticas, entre muchas otras posibilidades.

El antojo se quedó y nunca pude encontrar en la ciudad algo parecido. Muchos años después, los esquites callejeros de Xola y Eje Central se volvieron muy famosos gracias a que aparecieron en algunas publicaciones digitales jípstersfoodies de alcance masivo. Algunos amigos nos comentaron que estaban muy buenos y que valían mucho la pena, su mayor encanto era que el típico caldo de pollo con epazote llevaba huesos de res con tuétano. Si así lo querías y todavía te tocaba, podías pedir que te instalaran un gran hueso con tuétano sobre tu vaso de esquite. ¿Qué más podría pedir uno si gusta del antojito y aparte tiene una pareja con una obsesión hacia los elotes y los esquites?

Bien, pues “vamos a intentarlo”, dijimos. Llegar a la esquina de Eje Central y Xola alrededor de las 7 p.m. es confuso, no entiendes si llegaste al juego más popular de Six Flags o por qué hay una cola de media cuadra. Pues qué gusto que les esté yendo tan bien y así de buenos deben de estar ¿no?. Nos formamos y justo antes de llegar al esperado tesoro, se acabaron. Bien, pues no la hemos pelado, ni modo, otro día. Después regresamos, misma cola, pero tuvimos un poco más de suerte, sí nos tocó esquite. De que están buenos, están buenos.

Pero ahora les cuento de algo que apareció sin anuncio y aún no tiene filas interminables, y las debería de tener. Algo cero mainstream, goeis (sí, El Congal también puede ser jipsterísimo). En la esquina de Obrero Mundial y Eje Central, colonia Álamos, tan solo a unas cuadras de los famosos esquites nombrados allá arriba y al lado de un Oxxo, un día apareció una familia con dos ollas gigantes de esquites con tuétano. “Pues qué pinches copiones y aprovechados”, podría usted pensar si no le gusta mucho gozar de las virtudes de la competencia capitalista. Pero estaría usted prejuiciando equivocadamente: otro día apareció la misma familia con sus dos grandes ollas de esquites, pero una llevaba caldo de camarón, rojo y picosito, con camaroncitos deshidratados; la otra llevaba caldo de pollo y longaniza. Otro día aparecieron en similar configuración, pero una era con tocino y la otra con hongos.

Se hacen llamar “Mr. Maiz” y nos han traído buenas dosis de felicidad, nos quedan cerca, están a buen precio, se han vuelto populares pero todavía no tienen colas interminables, y lo más importante de todo: están buenazos.

Hoy me tocó de camarón, escribo esto mientras le doy cucharadas y moqueo gracias a que le dije que sí al ofrecimiento de ponerle unas gotas de Chimay verde de habanero. Pregunté por sus horarios, porque nunca sabemos cuándo van a estar y cuándo no. Resulta que aparte de tener horarios y días fijos (martes a viernes de 6 a 9 aprox.), también tienen un tipo de menú. Ahí les va, directo de la tarjeta de presentación que me regalaron:

Martes: Tuétano y tocino.

Miércoles: Tuétano y longaniza.

Jueves: Tuétano y hongos.

Viernes: Tuétano y camarón.

Hay que aclarar que “Tuétano y tocino” y “Tuétano y longaniza” no son mezclas, hay una olla de tuétano y otra de tocino.

El chavo que atiende y le mueve a los esquites, al parecer la mente maestra detrás de Mr. Maíz, nos comentó un día que le gusta mucho experimentar, así que tal vez haya más variedad o algunas apariciones especiales de sus experimentos más adelante. En una de esas lo convenzo de que saque la plancha, le ponga aceite y nos haga unos esquites fritos como aquellos que tanto extraño de Valle de Bravo.

Vaya, pues ¿qué espera? aparte de quitarse el antojo puede apoyar directamente a un pequeño, creativo y trabajador negocio familiar.

@JorgeHill

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