Aprender de la regulación de la mariguana en Colombia

Más allá de haber legalizado los usos medicinales de la sustancia, Colombia legalizó los cultivos de mariguana, cambiando así un paradigma de criminalización de la planta que ha producido mayor daño que la sustancia misma. Un cambio potencialmente benéfico del cual México puede aprender.

Por: Luis Rivera Vélez (@luisrivelez)

Mucho se ha dicho sobre la absurdidad del proceso de reglamentación de la mariguana medicinal en México. A pesar de que el presidente ha dado su apoyo a la iniciativa, que el país reclama a gritos un cambio en la política de drogas y que gracias a la sociedad civil organizada la ley finalmente aprobada en el Congreso abre la puerta a una buena regulación, lo propuesto por la Cofepris es una reforma placebo: un supuesto cambio que no trae cambios sustanciales en su interior.

En el extremo opuesto tenemos a Colombia, que habiendo regulado solo unos meses antes, obtuvo el mayor cupo del mundo para producir legalmente mariguana para usos medicinales en el 2018. En efecto, la Junta Internacional para la Fiscalización de Estupefacientes (Jife) concedió a Colombia un cupo de producción de 40,5 toneladas de mariguana para usos medicinales, lo que equivale al 44 % mundial total otorgado para este año.

Este cupo materializa el éxito de una política que busca cambiar el enfoque de la política de drogas actual: por primera vez en la historia de Colombia, el país pasa de criminalizar la producción de plantas controladas a valorizarlas, ganándose toda la confianza de las organizaciones internacionales. ¿Qué puede entonces aprender México de Colombia?

  1. La regulación es para los pacientes

El principal eslabón de la regulación son los pacientes, y hoy en día es imposible negar que la mariguana y sus derivados pueden tener efectos benéficos para la salud. Muy conocidos son los casos de niños con epilepsia refractaria, como el caso de Grace, que logran cambiar sus condiciones de vida gracias a los componentes de la mariguana. Pero la medicina no ha dicho su última palabra y quizás los efectos benéficos de los cannabinoides para la salud sean muchos más. La misma Organización Mundial de la Salud ya ha declarado que el cannabidiol no parece presentar daños a la salud y ha programado una evaluación de la sustancia en junio de 2018.

Lo que México puede entonces aprender de Colombia es que es importante abrirle la puerta a la investigación científica, y que mientras que los ensayos dan sus resultados, es importante abrir el espacio de productos. Como lo asegura la misma Cofemer, es importante abrir la puerta al THC y a las “preparaciones caseras”, que como en Colombia, son una medida de urgencia mientras se instaura una industria controlada de medicamentos a base de cannabinoides. El punto clave aquí es que para asegurar el derecho a la salud de la población, México debe incitar a que exista en el país una producción nacional.

  1. La regulación es una oportunidad económica para el país

Con el descubrimiento de los beneficios para la salud de los cannabinoides, la demanda de los usos medicinales de la mariguana aumentado considerablemente. En consecuencia, el mercado del cannabis medicinal está en plena expansión mundial. Solo en América Latina, siete países ya han pasado legislaciones que autorizan el uso médico de la planta, y en dos más aceptan, los jueces han amparado la importación y uso de productos a base de cannabis. Todo esto sin contar que en América del Norte y en Europa el interés sigue creciendo, lo que lleva algunos a estimar que en 2021 el mercado de la mariguana será de más de 31 000 millones de dólares en el mundo.

México, productor histórico de cannabis, debe aprovechar está oportunidad de desarrollo como lo está haciendo Colombia. Primero, la regulación de la mariguana medicinal está aceptada en las convenciones internacionales de fiscalización de sustancias y no pone en riesgo las relaciones internacionales del país. Segundo, el interés de las empresas extranjeras es real, y como se ha visto en Colombia, las posibilidades de inversión son inmensas, pues las ventajas comparativas de América Latina en este mercado son grandes: el clima, las condiciones laborales y la experiencia en la producción hacen que los países latinos sean muy atractivos.

  1. La regulación es una manera de crear bienestar socio-económico en las comunidades afectadas por la guerra contra las drogas 

Lo más llamativo de Colombia es que el modelo de regulación abre la puerta a una industria altamente controlada, pero impone que las condiciones de acceso no sean una barrera a la producción nacional. Así, en Colombia se le ha dado la prioridad a que los pequeños y medianos productores del país tengan un acceso privilegiado al mercado, a través de herramientas como la prohibición de importar la materia prima no transformada y la obligación que toda producción tenga al menos 10 % de materia prima de pequeños y medianos productores.

La regulación también acepta la participación de personas anteriormente involucradas en la producción ilícita de la sustancia. Así, las exigencias en términos de seguridad y pasados judiciales benefician a los cultivadores tradicionales y el gobierno ha desarrollado un programa de capacitación para que las comunidades afectadas por la guerra contra las drogas puedan entrar al mercado asociadas en cooperativas. De la misma manera, los empresarios han manifestado la voluntad de inclusión de estas comunidades a sus circuitos de producción.

Más allá de haber legalizado los usos medicinales de la sustancia, Colombia legalizó los cultivos de mariguana, cambiando así un paradigma de criminalización de la planta que ha producido mayor daño que la sustancia misma. La mariguana medicinal no va a solucionar los problemas ligados a la guerra contra las drogas ni de México ni de Colombia, pero el modelo colombiano parece introducir un cambio pequeño pero potencialmente benéfico del cual México puede aprender.

 

* Luis Rivera Vélez es doctorando en ciencia política en el Instituto de Ciencia Política de París (Sciences Po). Su tema de investigación es la evolución reciente de la política de drogas en América Latina, con un énfasis en las diferentes regulaciones de la mariguana.

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