Autopsia de la violencia en 2017

¿Cómo es que regresamos a niveles de violencia similares a los que teníamos hace más de cinco décadas? Más específicamente, ¿se parece la violencia del 2017 a la que habíamos vivido antes?

Por: Carolina Torreblanca (@caro_whitetower)

En 2017 se registraron 25 homicidios por cada 100 mil personas, la tasa más alta desde la década de los sesenta. Fue una violencia geográficamente concentrada: mientras que en 36 % de los municipios del país no ocurrió un solo asesinato, 56 municipios acumularon el 50 % de todos los homicidios.

Una historia de violencia

En 2017 según el INEGI se registraron 31 mil 174 homicidios. Esto significa que el año pasado la tasa fue de poco más de 25 homicidios por cada 100 mil personas. Si bien 2017 no fue el año más violento de la historia de México, sí fue – y por mucho – el más violento de las últimas décadas. La tasa de homicidios es comparable a la que teníamos en 1962, muy por encima de la registrada en cualquier año desde los noventa.

¿Cómo es que regresamos a niveles de violencia similares a los que teníamos hace más de cinco décadas? Más específicamente, ¿se parece la violencia del 2017 a la que habíamos vivido antes? ¿Estuvo geográficamente concentrada o dispersa por los estados? ¿Ocurrió en municipios y estados tradicionalmente violentos? Y sobre todo, ¿qué podemos esperar de 2018?

La diferencia entre estados

En los últimos 20 años, la violencia en México ha cambiado muy notoriamente a lo largo de al menos dos dimensiones: su intensidad y su concentración o dispersión geográfica. Mientras que algunos estados han logrado mantenerse relativamente ajenos a la violencia nacional, como Yucatán, Campeche o Tabasco, aún en los años más violentos del país, otros siguen el ciclo de violencia nacional – caída hasta 2008, escalada hasta 2011, disminución durante tres años y luego un repunte a partir de 2015.

Chihuahua, por ejemplo, registró una tasa de 182 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2011, la más alta de cualquier estado desde 1990, tasa que bajó solo para volver a repuntar en 2015; Sinaloa, Nayarit y Baja California siguen la misma tendencia. En otros estados la violencia es nueva. Colima, Baja California Sur y Guanajuato mostraron por primera vez en el periodo un aumento notorio en sus tasas a partir de 2015.

Ir con la tendencia, ir a contracorriente

Sin duda la excepcionalidad de la violencia en 2017 responde a una tendencia nacional, presente en menor o mayor medida en la mayoría de los estados, pero una característica de la violencia reciente en el país es la concentración de la mayoría de las víctimas en algunos estados y algunos municipios. Cuando se trata de violencia homicida, a menudo ocurre que cada estado es un mundo.

En cualquier año dado desde 1990 hasta 2007, aunque la tasa de homicidios nacional estuviera disminuyendo constantemente en algunos estados subía la violencia relativa al año anterior y en algunos otros disminuía.

Entre 2007 y 2008 sin embargo, cuando empezó la escalada que culminaría con la tasa más alta en décadas en el 2011, la violencia aumentó en casi todos los estados. Sin embargo, incluso en esa coyuntura, en 4 entidades – Hidalgo, Nuevo León, Veracruz y Yucatán disminuyó la tasa ese año. Yucatán incluso tuvo una tendencia a la baja los dos años siguientes.

Entre de 2010 a 2011, a pesar de que la tasa nacional continuó aumentando, la tasa de homicidios bajó en 11 estados. Incluso entre 2016 y 2017, cuando la tasa nacional pasó de 20 homicidios a 25 por cada 100 mil personas, la violencia homicida disminuyó en 5 estados (Yucatán, Morelos, Guerrero, Durango y Campeche).

La tasa nacional aumenta cuando aumenta el total de víctimas de homicidio en el país relativas a la población total nacional, pero la concentración de la violencia reciente ha significado que, incluso en los momentos más violentos del país haya estados que reducen o mantienen sus niveles de homicidios.

La diferencia entre municipios

Si la varianza entre estados es ya notoria, cuando aumentas la desagregación al municipio la concentración de la violencia se vuelve aún más evidente. El homicidio es un fenómeno claramente regional. En 2011 la frontera de Chihuahua con Estados Unidos, la frontera con Sinaloa, zonas de Tamaulipas y la costa de Michoacán y Guerrero tenían los municipios más violentos.

En 2017 la violencia más intensa regresó a algunas de las mismas zonas, como los municipios de Chihuahua que colindan con Sinaloa y la costa de Guerrero, pero surgieron concentraciones nuevas en Colima, Guanajuato, Baja California y algunos municipios de Zacatecas.

Si agrupamos a todos los municipios del país según la tasa de homicidio que hayan registrado cada año, podemos ver que poco más del 50% de ellos no registró ningún homicidio y solo alrededor de 1% de ellos tuvo una tasa de más de 100 homicidios por cada 100 mil personas en los años menos violentos de las últimas décadas; sin embargo, incluso en los años más violentos, como 2011 y 2017, el porcentaje de municipios con tasas mayores a 100 no rebasó el 5%. Esto quiere decir que el grupo más grande de municipios en todos los años, incluyendo 2017, es el de municipios con 0 homicidios.

Si vemos la distribución de municipios en cada categoría parecería haber poca diferencia entre por ejemplo el 2017 y el 2015. Entonces ¿qué hizo que el primero fuera mucho más violento que el segundo? La pequeña variación en el porcentaje de municipios con tasas de 30 a 100. Durante 2017 8.1% de los municipios tuvieron una tasa de 30 a 45 homicidios por cada 100 mil personas y 10% tuvo una tasa de 45 a 100, el año en el que ambos porcentajes fueron más altos, comparado con 4.3% y 3.8% respectivamente en 2007. Esos son factiblemente municipios con poblaciones grandes, por lo que no alcanzan las tasas tan elevadas de arriba de 100, que sin embargo suman muchas víctimas.

Un proceso de concentración

Sabemos que las tasas municipales de los estados son variables en el tiempo, que hay una lógica geográfica de la violencia y que aumentos no tan notorios en el porcentaje de municipios violentos repercuten drásticamente en la tasa nacional. Sin embargo, es importante apuntar que las tasas de homicidio municipales pueden ser muy altas por dos razones: porque el fenómeno es intenso en ese lugar o porque la población del municipio es muy pequeña; si se trata de este segundo caso municipios con tasas altas poco contribuyen a una alta tasa nacional y poco ayudan a explicar la tasa en 2017. Para entender el nivel de violencia del año pasado, necesitamos también ver como se distribuyó el total de víctimas de homicidio en los municipios.

Si todos los municipios del país fueran igual de peligrosos y el total de víctimas fuera directamente proporcional al total de personas que ahí viven entonces si en un municipio viviera el 10% de todos los habitantes del país debería tener también algo cercano al 10% de las víctimas de homicidio. Esto está lejos de ser el caso.

El 50% de los mexicanos vive en alrededor de 106 municipios. ¿En cuántos municipios se acumuló el 50% de las víctimas de homicidio? Mientras que en 1990 el 50% de los homicidios ocurrió en 86 municipios y el 100% en 1451, para 2017 el 50% ocurrió en tan solo 56, en 2011 fueron solo 44 municipios. La violencia reciente en el país es un fenómeno concentrado en un puñado de municipios.

Este proceso de concentración y desconcentración ha sido dinámico: la violencia de 2017 no ocurrió en los mismos lugares que la violencia de 2011.

Una manera de ver si la violencia está concentrada o dispersada en los estados es comparar la tasa estatal con la variación promedio (desviación estándar) de las tasas de sus municipios. Cuando un estado tiene una tasa promedio alta y una variación baja significa que, en promedio, todos sus municipios son muy violentos, cuando por el contrario la tasa es alta y la variación también quiere decir que la violencia está probablemente muy concentrada en solo algunos de los municipios del estado. Si graficamos estas dos medidas y seguimos las trayectorias de los estados entre 2011 y 2017 podemos ver como se ha concentrado y desconcentrado la violencia en las entidades en distintos momentos. En general, lo que observamos es que cuando aumenta la violencia también aumenta la varianza, es decir ese aumento está en promedio concentrado en solo algunos de los municipios de los estados.

En estados como Colima, Guerrero, Tabasco, Zacatecas, Querétaro, Sonora y Puebla la violencia entre 2011 y 2017 ha aumentado, pero también se ha concentrado más en tan solo algunos de los municipios, pues la varianza de 2017 es mayor que en 2011. Por el contrario, en estados como Guanajuato, Morelos, Quintana Roo y muy notoriamente Baja California, la violencia ha aumentado en promedio, pero también se ha repartido más homogéneamente entre sus municipios, pues la varianza entre los niveles adentro se ha reducido. Es interesante ver lo que ocurre con estados como Nuevo León y Tlaxcala, en los que en promedio ha disminuido la violencia, pero ésta también se ha concentrado más en algunos de sus municipios.

¿Qué esperar del 2018?

Hace más de 50 años que no veíamos niveles de violencia como los de 2017 en el país. ¿Qué podemos esperar de 2018? Que sea aún más violento que 2017.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública publica mes con mes cifras sobre incidencia delictiva. Es decir, cuántas carpetas de investigación o averiguaciones previas se abrieron en las procuradurías estatales. En promedio, el INEGI ha reportado desde el 2008 alrededor de 1.2 víctimas de homicidio por cada víctima que reporta el Secretariado, mientras que este segundo reporta 1.2 víctimas por cada averiguación previa de homicidio. Si bien estas cifras son inexactas y terminan siempre por subestimar la tasa final que reporta el INEGI, se publican de manera mensual, por lo que no tenemos que esperar el año que le toma al INEGI reportar sus estadísticas de mortalidad; además la proporción que guardan estas dos fuentes entre si nos permite hacer estimaciones sobre cómo terminará viéndose la violencia en 2018.

Hasta la fecha, el Secretariado ha publicado los datos de incidencia delictiva de enero a junio del 2018; si suponemos que el resto del año se comportará igual que la primera mitad podemos anualizar la tasa observada y concluir que 2018 terminará registrando alrededor de 22.6 averiguaciones y carpetas por homicidio doloso y feminicidio por cada 100 mil personas.

Si ahora usamos la relación entre los datos del INEGI y el Secretariado podemos estimar que la tasa final terminará estando en alrededor de 26 homicidios por cada 100 mil personas. Otro máximo histórico.

La inercia de estos años de violencia siguió en 2018 y persistirá. Es en este contexto en el que debemos de pensar y entender cualquier esfuerzo de pacificación y de justicia transicional: en un país con un nivel histórico de tasa de homicidios, con al menos 40 mil desaparecidos, con reportes de tortura generalizada y con altos y persistentes niveles de impunidad. El reto no es menor.

 

Nota Metodológica
Diseño de información por Víctor Sahagún (@masvicmas). El análisis y los datos de INEGI y SNSP están aquí.

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